Curación de un joven paralítico.

El está de pie. Su sonrisa lo dice todo.

En la catedral de Kolomya, miles de personas
presenciaron la curación de este joven paralítico.

Ucrania 2004 - Kolomya.

No sabemos su nombre. No habíamos visto a este joven antes, pero allí estaba, sentado en su silla de ruedas delante de nosotros. Estábamos en la catedral de Kolomya.

Como en todas nuestras presentaciones de Garabandal en Ucrania, en mayo de 2004, también esta iglesia se llenó por encima de su capacidad con peregrinos de cerca y de lejos. Habían venido a venerar la medalla besada por Nuestra Señora, llenos de esperanza, para recibir la gracia de su curación.

La gente vino mucho antes de la hora. Sabían que estarían de pie la tarde entera, no había asientos, pero eso no importó. Su fe los trajo aquí. Se formaron filas cada vez mayores de gente que quería confesarse.

Habían oído y entendido lo importante que es besar la medalla con corazón y alma limpios. Nadie tenía prisa, estaban dispuestos a esperar. Sabían que Helen y yo no nos iríamos hasta que todos los que lo deseasen tuviesen la oportunidad de venerar la medalla besada por Nuestra Señora y con la Oración por cada uno de ellos.

Sobre las cuatro de la tarde, la liturgia se inició con una "Moleben", liturgia dedicada a Nuestra Señora. Después, el P. Zenoviy Kasko habló brevemente y nos presentó. Luego nosotros hablamos sobre los acontecimientos de Garabandal, los mensajes de Nuestra Señora y mi propia curación. Hablamos cerca de una hora. Se rezó por todos los presentes. Finalmente la gente vino a uno de nosotros, al Padre Kasko, a Helen o a mí  para venerar las medallas besadas por Nuestra Señora. Vinieron centenares de personas.

La veneración de las medallas continuó hasta tarde y le llegó el turno a este joven sentado en su silla de ruedas. Tenía unos 24 años, estaba paralítico y lo habían traído sus padres. Sus padres nos dijeron que, hasta hace unos años, su hijo estaba sano, normal y fuerte y que había querido entrar el seminario para estudiar para el sacerdocio.

Una tarde, salió con algunos amigos y cuando vino a casa esa noche fue directamente a la cama. Al día siguiente por la mañana no podía mover las piernas y así ha quedado desde entonces. No sólo tenía las piernas paralizadas sino que perdió también el equilibrio e incluso sentado tenía que estar sujeto para no caerse. No podía tener la cabeza en alto. Así es como él llegó a nosotros: Sentado en la silla de ruedas, con tres o cuatro correas sujetando su cuerpo y los hombros a la silla.

Normalmente la gente viene a venerar las medallas en filas separadas hacia cada uno: Helen, Padre Kasko, y hacia mí. En la Eparquía de Lviv estuvo el Padre Teodor Pyliavsky. Sin embargo, si uno de nosotros se encuentra con alguien especialmente necesitado, todos nosotros nos reunimos para orar juntos por esa persona.

Así que, cuando los padres de este joven lo trajeron, todos nosotros vinimos a orar juntos por él. Cuando comenzamos a orar, él empezó a llorar. Había una gran tristeza en su cara. Entonces sucedió algo excepcional. Uno de nosotros sintió un gran deseo de levantarlo fuera de su silla de ruedas. Desabrochamos las correas que lo tenían sujeto a la silla. Pesaba mucho porque el joven no tenía fuerzas, pero logramos levantarlo ante las miradas de centenares de personas.

Le llevamos lentamente a una apertura delante del Tetrapod, la mesa situada al frente de la iglesia. Nuestro amigo Bohdan Shyptur, que estaba presente allí, dándose cuenta de la importancia de lo que sucedía, hizo que todos los presentes cantasen la "Oración de Jesús" y que rezasen el Rosario. Todos lo hicieron. El sonido de las voces llenó la iglesia mientras nosotros continuamos orando por este joven.

Nosotros le rodeamos, sosteniendo su peso, y seguimos orando. Su cuerpo se caía pero nos dimos cuenta que sus piernas ya empezaban a sostenerlo un poco. Las oraciones en la iglesia eran cada vez más intensas, pidiendo a Dios la gracia de su curación.

Un impulso interior me hizo decirle al joven que le dejaríamos ir y que debería sostenerse por sí mismo. P. Kasko y Helen, me miraron sorprendidos pero ellos no dudaron. Yo le dije al joven que le íbamos a dejar irse por sí mismo, que no tuviese miedo, que confiase en el Señor y que recordase que Madre María estaba con él. Entonces, delante de todos los presentes en la iglesia, dije a P. Kasko y Helen que dejasen solo al muchacho.

¡Y allí él se tuvo en pie solo! Al principio estaba un poco dudoso pero poco a poco, cada vez con más confianza, comenzó a sostenerse en pie. Vino a mi para apoyarse, como temiendo volver a caerse, pero le dije que yo ya no era necesario, que se tendría en pie. ¡Y este era el muchacho que hace un momento se caía sino estaba sujeto a la silla de ruedas! Las oraciones en la iglesia ahora eran de acción de gracias a Dios por la gracia de esta curación.

   


Después de la impresión de poder sostenerse por sí mismo, la cara del joven se transformó, con una sonrisa hermosa y resplandeciente. ¡Esto era un milagro! Todos los presentes lo vieron.

Cuán bueno es Nuestro Señor y cuán misericordioso al permitir que todos nosotros viésemos esta curación. No sólo curó su cuerpo sino también su alma. Dios no permitió que la Fe de tantos presentes rezando por su curación quedase defraudada. Todos vieron al joven con gran amor y alegría en su rostro. Todos supieron que era un milagro y que ellos eran partícipes con sus Oraciones. ¡Tal es el poder de la Oración!

Sé que no fue sólo nuestra oración personal sino con las oraciones de todos los presentes en la iglesia ese día. Recemos unos por otros y veremos las bendiciones que a cada uno de nosotros nos vienen de Nuestro Señor Jesucristo por la intercesión de Nuestra Bendita Madre María.

Dr. Michael Rozeluk

Enero 2005
P.S. Esta curación fue presenciada por miles de personas en la iglesia y también fue filmada. Esperamos y rezamos para que este joven continúe andando por sí mismo, si es la Voluntad de Dios. Todavía no sabemos su nombre pero esperamos saberlo con el tiempo.