Anna Tsyrkot sana del corazón.

El médico me dijo: «Su corazón está muy bien. Incluso los tejidos dañados se han reabsorbido. Es la primera vez en mi vida que veo algo así»

 

Por el Beso que he dado, Mi Hijo hará prodigios.

 

Ucrania 2004 - Anna Tsyrkot.

Anna Tsyrkot sana del corazón.

Mi nombre es Anna Tsyrkot. Tengo 61 años. Vivo en Ucrania, en la ciudad de Kalush, en la provincia de Ivano-Frankivsk. Actualmente, estoy de visita por un año en Toronto, Canadá. Para decir todo desde el principio debo primero contar lo que me sucedió en Ucrania. 

En el año 2003 tuve un ataque del corazón, casi sin darme cuenta, porque no fue grave. Me lo dijeron cuado me examinaron de otra enfermedad. Me lo notificaron después de que me hicieron un cardiograma y un análisis de sangre, pero lo peor estaba por venir. No seguía ningún tratamiento.

Pasó el tiempo y después, el Padre Zenovy Kasko, párroco de la villa de Radcha, fue invitado a visitar nuestra iglesia en Kalush. Nuestro sacerdote, Padre Mychailo Bihun, le invitó. Lo anunció en un sermón, animando a quien lo desease, a venir a venerar la medalla que el Padre Kasko tenía con el Beso de Nuestra Señora de Garabandal y para pedir por la curación de los enfermos. Ese Domingo vine a la iglesia y, por un descuido, olvidé mis gafas. No podía leer las oraciones. Rezaba mentalmente: "Dios mío, ayúdame a leer mis oraciones." De repente mis ojos empezaron a ver bien y pude leer todo.

Por la tarde le dije esto al Padre Zenovy. El me miró y me dijo, "Eso es solo el principio. Con esta medalla y nuestras oraciones, Dios sanará su corazón." (No le había dicho nada sobre mi enfermedad del corazón todavía).

Cuando él puso la medalla sobre mi corazón y empezó a rezar, mi corazón empezó a latir muy fuerte. Sentía mucho calor. Empecé a caerme pero alguien me sostuvo en pie. El Padre continuó rezando y poco a poco mi corazón se puso normal y sentí una gran mejoría. Me es difícil describir este estado de cuerpo y alma. Hay que vivirlo. Entonces el P. Zenovy dijo: "Ve y reza a Madre María por tu curación." Recé, todavía sin darme cuenta de mi situación. Cuando volví a casa, se lo dije a mi marido, porque él no pudo venir conmigo.

P. Zenovy Kasko

 

Más adelante, empecé a preparar el viaje a Canadá. Como había tenido un ataque al corazón, decidí que me examinasen para obtener un certificado médico antes del viaje. Me hicieron muchas pruebas y un cardiograma y se lo llevé a mi médico.

El miró los resultados y dijo: "Su corazón está muy bien. Incluso los tejidos dañados se han reabsorbido. El tratamiento ha tenido éxito. Es la primera vez en mi vida que veo algo así." (No le dije nada sobre que no había seguido el tratamiento). Entonces me di cuenta de las palabras del P. Zenovy durante las oraciones de sanación.

Mi estado de alma es difícil de describir. Un pensamiento vino a mi mente: "¿Qué hice yo, una pecadora, para merecer esto? ¿Soy consciente de esta gracia tan grande de Dios? ¿Cómo debo comportarme: callar o hablar de ello a otros en acción de gracias?" Con estos pensamientos partí para Canadá.

Todo esto me afectó profundamente. No sabía qué más hacer pero sentía la necesidad de rezar con más frecuencia, de ir a confesar y recibir la Santa Comunión. Algunos me decían:  "¿Eres tan pecadora como para confesar tan a menudo?" Y yo pensaba: "Sí, ciertamente."

Sobre Helen y Michael Rozeluk, había oído mucho antes, cuando vinieron a Ucrania y visitaron nuestra iglesia de San Miguel en Kalush. Estuve con ellos, vi el video-documental sobre Garabandal y creí que esos hechos eran auténticos. Una cosa es ver los milagros en otras persona y otra cuando uno los vive en uno mismo: "¿Qué hice yo, una pecadora, para merecerlo? ¿Y qué hacer después de recibir gracias tan grandes?."

Yo sabía que los Rozeluks vivían en Canadá pero no sabía donde ni cómo hacían su trabajo misionero. Pensé en verlos y decirles sobre esto.

Cuando llegué a Canadá, el primer domingo, fui a la iglesia cercana de la Dormición de la Santa Madre de Dios. Después de la Santa Misa, oí hablar a algunas mujeres sobre los Rozeluks, por lo que me acerqué a ellas. Una señora muy amable me dio la dirección y teléfono del sitio a donde ellos iban el último sábado de cada mes. Tales son los caminos por los que la Madre de Dios, mi intercesora, mi sanadora, me ha llevado. Por medio de la medalla que Ella besó, y por su intercesión, yo pude volver a Ella y a su Hijo Jesús, con gran amor. Doy gracias a Nuestra Madre  del Cielo  y a su Hijo por perdonar nuestros pecados.

Queridos Helen y Michael, finalmente pude veros en Scarborough, en la iglesia de los Santos Pedro y Pablo. Durante un año tendré la oportunidad de comunicarme con vosotros, de rezar el rosario a la Bendita Madre, de besar su medalla. Tengo la sensación que todo el Cielo está presente en la Santa Misa. Y contigo, Helen, siento que Madre María está siempre presente. En mis Oraciones, le pido a Ella que os proteja, que os de fuerzas y salud en este camino que muchos no comprenden.

También tuve problemas de tensión. Pero después de vuestras oraciones y de besar la medalla, rara vez necesito tomar las medicinas, aún cuando las traje en este viaje. Ahora he encontrado lo que mi alma tanto ansiaba y en gran parte es debido a vuestro trabajo misionero.

Vuestra misión es muy necesaria. Probablemente no os dais cuenta de qué gran labor estáis haciendo entre nosotros pecadores. Yo creo que es todo Providencia de Dios, a la que os sometéis con humildad y dedicación. Esto es lo que siento. Por las grandes gracias que he recibido, estoy muy agradecida a Dios y a su Bendita Madre. Os deseo, a vosotros y a vuestros hijos, las mejores bendiciones de Dios en el Año Nuevo. ¡Feliz Navidad!.

Respetuosamente vuestra,

Anna Tsyrkot
Toronto, Canadá.
22 de Diciembre, 2005.