Los Objetos Besados por la Virgen.
¡Un regalo maravilloso de la Bendita Madre!
¡Qué regalo nos has dado, querida Madre María!.

Viaje a Ucrania, tercera parte.


Helen y Michael hablan en la Iglesia de San Miguel, en Lviv.
El doctor Michael y Helen Rozeluk dan gracias a nuestra Bendita Madre.

Dice Helen y Michael:

Quién se podría haber imaginado las maravillas que veríamos, como resultado del Beso de nuestra Madre en Garabandal, durante nuestro viaje a Ucrania, un viaje organizado por Usted, querida Madre, usted misma, para la gloria de Su Hijo Jesús.

¡Gracias por un viaje que nosotros nunca olvidaremos!; un viaje de Amor, un viaje donde Sus hijos vinieron para recibir Su beso. Sí, querida Madre María, Su beso viaja a través del mundo y, una vez más, Sus palabras se han cumplido:

-- "Mi Hijo, por medio de este beso que yo he dado aquí, hará prodigios, repártelos a los demás".

 ¡Qué verdad más maravillosa fueron estas palabras!. ¡Alabado sea el Señor!.

En el Monasterio de Studite.

En el octavo día de nuestro viaje.

En la foto, imágen de Nuestra Señora en un templete situado al borde de la carretera; es típico en Ucrania. Las aldeas compiten a ver quién los hace mejor.

El Obispo Mudry salía temprano a la mañana para estar una semana en Polonia. Celebró la Santa Misa a las 4:30 de la mañana.

Se alegró de que asistiésemos a la Santa Misa a esa hora, aunque nosotros ya nos habíamos despedido el día antes. Después de la Santa Misa y de un desayuno muy temprano, el Obispo nos repitió que su Sede estaba a nuestra disposición mientras estuviésemos en su Diócesis. Nos dimos nuestros adioses finales, y el Obispo partió para Polonia.

Después del almuerzo en la Cancillería, salimos para nuestra próxima visita. Este día fuimos a un monasterio pequeño de Studite en la vecina provincia de Ternopil, cerca de la ciudad del mismo nombre.

Este dia era exclusivamente para los monjes y para las monjas que ellos habían invitado del convento cercano. Su superior era el Padre Hryhorij Planchak, a quien nosotros ya habíamos saludado, varios meses antes, en su monasterio, cerca de Orangeville, Ontario, en Canadá. Fue él quien nos invitó a visitar aquí su Casa Madre.

En la capilla monástica, nos unimos a los monjes y monjas en sus cantos. De nuevo, como en el Seminario varios días antes, su canto coral nos encantó por su belleza.

Estos monjes y las Hermanas nos hicieron sentirnos como si estuviésemos en el Cielo. Después del rosario, hablamos, como de costumbre, acerca de Garabandal y de nuestras vivencias en ese lugar.

Se nos pidió que rezásemos por cada uno de los monjes y monjas individualmente, dando a besar las medallas con el beso de Madre María. Lo hicimos así; monja y Hermanos, de uno en uno, fueron cayendo en  brazos del Espíritu Santo con una paz que se veía muy apacible en todas sus caras.

Se hacía tarde cuando terminamos. Nos esperaba un viage de vuelta de unas 2 a 3 horas a Ivano Frankivsk por carreteras antiguas y a menudo caminos sin asfaltar. Cuando tomamos nuestro equipaje y nos despedíamos de los monjes, uno de ellos preguntó:

-- Si podríamos orar por dos mujeres que lo necesitaban y que acababan de llegar.

¿Cómo podríamos negarnos?.

Uno de los monjes, que era sacerdote, acomodó uno de las mujeres en la habitación. Otros dos sacerdotes se nos unieron. ¡Sacamos nuestras medallas para orar por la mujer cuando, repentinamente, ella da un grito, un chillido horrible!.

Su cuerpo se sacudía violentamente y se torcía en todo tipo de contorsiones. Las voces que salían de ella no eran humanas; no eran de una mujer, ni de un hombre, pero era algo tan vil y terrorífico que dimos gracias a Dios porque Él nos dio fuerza para esa batalla.

Los tres Sacerdotes y yo, Michael, la reteníamos, mientras Helen nos roció con agua bendita, rezando a San Miguel Arcángel la Oración de Protección del Papa León XIII. Los monjes rezaban las oraciones de exorcismo sobre la mujer y yo rezaba con la medalla besada por la Santísima Virgen y el Crucifijo con la reliquia de la Cruz Verdadera de Jesus. La mujer poseída descubrió los dientes, se mofaba y se reía de nosotros; me escupió en la cara, dijo vulgaridades de nosotros y me levantó en peso en alto como si no pesara más que una pluma.

Dios nos dio las fuerzas para vencer. Resistimos a todo esto. Ella trató de mentir y confundirnos inutilmente. Las oraciones continuaron hasta bien entrada la noche. Finalmente, después de una larga batalla, la mujer se calmó, se volvió a normal; el demonio se fué y quedó sana. Ella volvió a Jesús y pidió Su perdón; entonces fue a Confesar y recibió los Sacramentos.

Con la segunda mujer tuvimos de nuevo las mismas escenas horribles y, como antes, nos tuvimos una hora de batalla espiritual para alejar al espírtu maligno que la poseía.

Cuándo nosotros decíamos nuestros adioses, Helen, teniendo su medalla en la mano, abrazó a una mujer joven. Cuando ella hizo así, la mujer empezó a sacudirse. Una vez más, con los Sacerdotes, por tercera vez, rezamos las oraciones por la poseida durante otra hora. Al igual que las otras dos mujeres, ésta también sanó y repetía:

-- Jesús, te quiero.

con gran alegría en su rostro.

Después de estas horribles horas, nos fuimos sobre las dos de la mañana. Uno de los sacerdotes nos bendijo y roció nuestro vehículo completamente con agua bendita. Nuestro conductor había estado escuchando todo el tiempo y tenia miedo de recuperar su cartera que él había dejado en la habitación donde todo esto sucedió. Tomamos un poco de agua y salimos de viaje de vuelta a Ivano Frankivsk.

El viaje era de unas tres horas pero nos perdimos durante el viaje. Muchos caminos del país no tienen nombres. Estábamos tan cansados y con frío que nuestro conductor era incapaz de continuar y tuvo que parar en el borde de la carretera para dormir al menos una hora.

Finalmente encontramos el camino de vuelta y llegamos a Ivano Frankivsk y a la residencia del Obispo a las 8 de la mañana. Era domingo y nos esperaban en Hoshiv esa tarde.

Dormimos cuatro horas. A mediodía estábamos de pié otra vez para preparar para nuestro viaje al Santuario de Nuestra Señora en Hoshiv.

Multitud de gente nos espera en Hoshiv.

Domingo, 29 de Septiembre de 2002, dia noveno de nuestro viaje, fiesta de San Miguel Arcángel.

Hoshiv es una aldea pequeña, a cerca de hora y media en automovil desde Ivano Frankivsk. Cerca de la aldea, en una propiedad grande, hay un Monasterio Basiliano antiguo con una Iglesia hermosa dedicada a Nuestra Señora.

La iglesia está sobre una montaña pequeña llamada Yasna Hora, o Montaña Brillante. En esa iglesia, detrás del altar, hay un icono milagroso muy hermoso de la Bendita Madre.

Durante la segunda guerra mundial, los monjes llevaron el icono con ellos. Después de la independencia de Ucrania en 1990, el monasterio y la propiedad circundante fueron devueltos a la Iglesia Católica y a la Orden Basiliana. El Icono milagroso original, sin embargo, todavía no se ha encontrado. Una copia cuelga en su lugar.

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Ucrania en el 2001, trajo un obsequio a esa iglesia monástica: otra copia hermosa del mismo icono. Ambos iconos están en la iglesia, uno detrás del altar, el otro, suspendido del techo del Santuario.

Hoshiv ha vuelto a ser un sitio de grandes peregrinaciones. Las gentes se congregan entorno a Nuestra Señora todos los domingos y días festivos y Ella continúa bendiciendo a Sus hijos con sus gracias y milagros. Ahora íbamos invitados a hablar allí a Sus hijos y a orar con ellos.
 
 

El Santuario de Yasna Hora, en Hoshiv, y los Iconos.

Salimos para Hoshiv cerca de las tres de la tarde. Cuando llegamos, se nos dijo que había estado lloviendo allí desde temprano en la mañana. Cuando llegamos, la lluvia paró. Las multitudes se contaban por miles. No podíamos subir porque por todas partes había multitud de gente.

El padre Kasko de Radcha nos encontró y nos dirigió por el largo camino sinuoso, através de la multitud, hasta pasada la iglesia, encima de la colina, a un altar al aire libre, donde él nos persentó al Padre Superior, a los Sacerdotes y a los Monjes.

Los Sacerdotes nos dijeron que quince mil personas habían recibido la Santa Comunión durante las Misas de ese día. Estimaron que habría por lo menos veinte mil personas allí.

La tarde empezó cerca de las cinco con el rezo del Santo Rosario. Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos de los monjes, los micrófonos y los altavoces no funcionaban. Esto significaba que nosotros no hablaríamos a los peregrinos.

Mientras tanto, cuando la gente se dió cuenta de que habíamos llegado y dónde estábamos, hubo una oleada general en nuestra dirección, una ola de personas que trataban de estar más cerca de nosotros. Imagínese un mar de gente que abarca todo lo que la vista pueda ver, avanzando hacia usted con una fuerza imparable.


Una pequeña parte de los veinte mil peregrinos en Hoshiv.

Bajo esas circunstancias, decidimos con los Sacerdotes que sería preferible empezar con la veneración de las medallas. Como no había sitio para moverse encima la montaña, decidimos volver cuesta abajo.

Varios caballeros fuertes fueron encargados de crear un sendero através de la multitud para poder caminar cuesta abajo hacia las puertas de entrada. Allí Helen y yo nos pusimos a ambos lados del camino de entrada, cerca de una imagen al aire libre de Nuestra Señora, mientras nuestros guardaespaldas dispusieron a la gente en dos filas, una que venía hacia mí, y otra hacia Helen. De este modo todos podían besar nuestras medallas y continuar hacia la salida. Eran cerca de las seis de la tarde.

Una mujer joven se acercó a mí. Tan pronto como ella vino cerca de mi medalla con el beso de Nuestra Señora, repentinamente, comenzó a chillar, patear y retorcer su cuerpo. Puedo oír todavía esos sonidos horribles cuando pienso en este episodio.

Las gente se retiró hasta una distancia "segura". Les pedí que rezasen el rosario en voz alta. El padre Superior estaba a mi lado rezando las oraciones de exorcismo.

Después de muchas oraciones, todos rezando, presenciamos el gran milagro de la victoria del Nombre de Jesucristo; la mujer joven fue liberada del demonio y se entregó en cuerpo y alma a Nuestro Señor.

El padre dijo que hoy él vio un milagro. El conocía a esta mujer y su familia desde hace tiempo. Las multitudes continuaron acercándose. Lentamente, de uno en uno, cada persona besaba y veneraba las medallas besadas por Nuestra Madre. Finalmente, cuando todo terminó, los monjes nos invitaron a comer algo en su refectorio. Yo, Helen, les conté lo que nos había sucedido en la noche del día anterior y que por ello no habíamos podido oir Misa esta mañana.

Nos llevaron a la Iglesia, ahora vacía, se ponen sus vestiduras y dijeron la Santa Misa por nuestras intenciones. Eran las 8:30 de la tarde.

¿Cómo que era posible?. Hace un par de días, estuvimos hasta la medianoche para rezar por 1500 personas. ¡Pero aquí eran veinte mil personas!. ¡Qué milagro!. ¡Es como que Dios había suspendido el tiempo y parado el reloj!.

Después de la Misa y la Santa Comunión, nos sentíamos confortados. Tomamos algunas fotografías en la iglesia y entonces fuimos con los Sacerdotes y Monjes al refectorio monástico para una comida tardía.

Después de la cena, los monjes nos llenaron de obsequios: estampas de Nuestra Señora de Hoshiv, postales, libros, y objetos benditos. La recepción que ellos nos dieron la recordaremos para siempre en nuestras mentes y corazones.

Fuimos a casa agotados pero contentos. La mañana siguiente supimos que hubo 17 curaciones milagrosas en aquella tarde. Dios por la mediación de su Madre María, estaba allí con todos nosotros.

Los testimonios grabados en el video.

En el décimo día de nuestra visita, lunes 30 de septiembre de 2002.

A causa de los muchos milagros de curaciones, Bohdan Shyptur y el Padre Zenovy Kasko pensaron que se debía grabar en video los testimonios de los que se curaron.

Se contrató a un videógrafo para que el lunes por la mañana grabase los testimonios en Radcha y el lunes por la tarde en la Catedral de Ivano Frankivsk. Nos pidieron estar presentes a Helen y a mí y así lo acordamos.

En Radcha nos encontramos que la Capilla se llenó de gente. Niños, jóvenes y adultos, deseaban dar testimonio de su curación. Estábamos asombrados y muy contentos. El videógrafo no era creyente. El padre Zenovy pidió que rezásemos por uno o dos individuos.

Otra vez el poder del Espíritu Santo vino sobre ellos y cayeron en sus brazos. El videógrafo no había visto nada igual en su vida. Ahora él estaba interesado de verdad y empezó a grabar todo lo que vió y oyó.

Por la tarde, Bohdan y el videógrafo se fueron a la Catedral de Ivano Frankivsk para grabar más testimonios. Nosotros fuimos invitados al hogar del Padre Kasko donde él y su familia prepararon un almuerzo muy especial de despedida para nosotros. Era nuestro último día en esa provincia, así que el Padre quiso también bendecirnos con sus oraciones y obsequios y con la promesa de continuar unidos en la oración. ¡Qué sacerdote maravilloso y santo, y ahora querido amigo!.

Cuando llegamos a la Catedral, se estaba terminando de grabar. Había más personas que dieron testimonio aquí que en Radcha. Los padres de uno de los niños que empezó a andar por primera vez, trajeron a su hijo.

El video muestra cómo el niño baja de los brazos de sus padres, corre, cae, ríe, se levanta y sigue corriendo de nuevo. Todos nosotros nos alegrámos y alabámos al Señor por todo ello. El video completo ya nos lo enviaron. Lo hemos duplicado con subtítulos en inglés y está ya disponible para quien desee tenerlo.

Se veía alegría y felicidad en las caras de todos. Ellos recibieron el amor de Dios y curaron. Nos despedímos cariñosamente de todos, de los sacerdotes maravillosos y de toda la gente que tan profundamente entró en nuestras vidas. Salímos para Lviv el día siguiente.

En  Lviv, la capital de Ucrania Occidental.

El dia once de nuestro viaje, el 1 de Octubre de 2002.

Llegamos a la ciudad de Lviv, la capital de Ucrania Occidental, alrededor del mediodía.

Aquí nos despedímos de Bohdan Shyptur, nuestro organizador del viaje, chófer, y relaciones púbicas. Fue un adiós sentido, con lágrimas en los ojos. Durante estos primeros diez días, habíamos trabajado juntos, con Bohdan y su encantadora esposa, Luba.

En Lviv nos esperaba otro Bohdam, Bohdan P., que nos cuidó durante esta etapa de nuestro viaje. Su primera tarea fue llevarnos inmediatamente a la Catedral de San Jorge, la Sede del Arzobispo de Ucrania, S.E. Lubomyr Cardenal Huzar.

El Cardenal estaba lejos en Kyiv, en ese momento, pero dió instrucciones al administrador de la Catedral para entrevistarnos. De este modo, nuestra primera parada en Lviv fue en la oficina de la Cancillería.

Cuando llegamos a la Cancillería, Bohdan P. nos presentó a monseñor Roman Krawchyk, el administrador, que inmediatamente nos acomodó en su oficina. Había otros tres sacerdotes, uno de ellos el Presidente del Tribunal diocesano. Estaba también el Dr. Dytka, médico, vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lviv.

El médico formaba parte del comité pontificio que trabajó en el proceso de beatificación de la Venerable Hermana Josafata. Era un grupo formidable de entrevistadores.

Después de presentarnos, Monsignor Krawchyk nos dijo que él sabía poco acerca de nosotros y que no estaba seguro si se nos permitiría hablar en la Catedral, pero que probablemente lo podríamos hacer en el pequeño vestíbulo de recepción de la parroquia.

La Catedral era ahora un lugar de peregrinación porque estaba allí una copia de tamaño natural de la Sábana Santa de Turín que había llegado recientemente y estaba expuesta a la veneración de los fieles durante varias semanas.

Todo nos pareció muy bien. Lo que monseñor quería era muy adecuado. Acordado esto, empezó la verdadera entrevista. Nuestros entrevistadores eran bastante frios. Helen y yo nos sentíamos como si estuviéramos en un interrogatorio. Algunas de las preguntas eran de naturaleza profundamente teológica, no aptas para ciudadanos ordinarios como nosotros. Contestamos con sencillez y con sinceridad.

De repente, todos los entrevistadores se entusiamaron, acortaron la entrevista y nos dijeron que debíamos hablar en la Catedral y no en ningún vestíbulo. Miré a Helen y ella me miró; no sabemos que fué lo que cambió su actitud tan inesperadamente.

Nos preguntaron cuánto tiempo estaríamos en Lviv y quedaron desilusionados cuando les dijimos que sólo tres días. Monsignor Krawchyk dijo que debemos volver tan pronto como sea posible, por lo menos para estar durante dos semanas y que Kyiv, la capital de Ucrania, se debía incluir también en nuestro itinerario. Ellos harían todos los arreglos necesarios.


La Catedral de San Jorge en Lviv y el altar principal.

Con ellos hicimos una visita rápida a la Catedral. Querían mostrarnos el apartamento donde estuvo el Papa Juan Pablo II el año anterior pero por el tiempo tan limitado que teníamos esto no fue posible. Nos llevaron a la cripta, bajo el altar principal, donde están enterrados Andrey Sheptytsky, metropolitano, Josyf Cardinal Slipyj y Lubomyr Cardinal Lubachivsky, a quién, anteriormente, habíamos enviado el primer video en ucraniano sobre Garabandal en 1996.

Los procesos de beatificación están en camino para los dos primeros. La Cripta es visitada constantemente por peregrinos y había una fila de gente a la entrada. Los Sacerdotes nos llevaron adelante para una visita privada.

Las tumbas están hechas bajo el piso de mármol. Unos mármoles en relieve indican la ubicación de cada tumba. Rezamos ante los restos de estos Santos Sacerdotes. Monseñor Krawchyk y otro sacerdote tomaron las barras pesadas de acero, las deslizaron en los anillos de metal al costado de la tapa y la levantaron.

Vimos, bajo una cubierta de vidrio, los restos mortales de Josyf Cardinal Slipyj. Este Sacerdote Santo es venerado por todos los ucranianos como un confesor de la Fé. Mientras era Arzobispo, durante la segunda guerra mundial, fué detenido por los comunistas rusos por no renegar de su Fe Católica y sentenciado de por vida a los Campos de Concentración siberianos.

Después de dieciocho años, fue liberado en 1963, por mediación del Papa Juan XXIII que lo trajo a Roma. Más tarde, el Papa Pablo VI lo hizo Cardinal y, hasta su muerte, Josyf Slipyj dirigió, desde Roma, a sus fieles de la Iglesia Católica Bizantina Ucraniana. Su deseo era ser enterrado al lado de su antecesor, el Metropolitano Sheptytsky, en la Catedral de San Jorge en Lviv. Esto sólo fue posible después de la independencia de Ucrania. Rezamos allí ante sus restos.

Desde la Cripta, Monseñor Krawchyk nos llevó a la copia de la Sábana Santa de Turín que estaba expuesta en la nave central de la Catedral. Después que veneramos esta Reliquia, los sacerdotes nos llevaron a almorzar y les hablamos más extensamente de nuestro trabajo, de los milagros que hemos presenciado y mostramos a los sacerdotes nuestras medallas.

Después del almuerzo, el Padre Krawchyk nos pidió que volviésemos un par de horas más temprano, al dia siguiente, porque quería presentarnos a varios de sus compañeros. Así lo acordamos. Desde la catedral de San Jorge, Bohdan nos llevó a su hogar en la ciudad cercana de Novo Yavorivsk, donde saludamos a su encantadora esposa y a algunos miembros de su familia.

Su hija, que venía de fuera de la ciudad, sufría de un problema de columna. Rezamos por ella con nuestras medallas y ella descansó en el Espíritu Santo. Varios días después, durante una llamada telefónica con sus padres, ella dijo que todo su dolor de columna había desaparecido.


La iglesia de Novo Yavorivsk y una parte de la gente en su interior.

Esa noche tuvimos una presentación en una de las iglesias en Novo Yavorivsk. Una gran multitud nos aguardaba. La iglesia y los campos de alrededor estaban llenos de gente.

Cuando llegamos, los fieles, dirigidos por el párroco, recitaba el Santo Rosario. A continuación se celebró la Santa Misa. Entonces el Párroco nos presentó a sus parroquianos y hablamos sobre de Garabandal, sobre los mensajes de Nuestra Señora y de nuestro propio apostolado subsiguiente.

Después de nuestra presentación, el Padre me colocó en la entrada y a Helen en la puerta lateral, para dar las medallas a besar. No había posibilidad de rezar por cada uno, pero Dios solo necesita la fé de sus hijos para llenarlos de Su amor. Así fué aquí también. Recibimos noticias de curaciones via telefónica o por el correo.

Vino un hombre con un tumor maligno en el cerebro. El cancer era terminal e inoperable. Afectaba también a su andar y lo daba mucho dolor. Andaba apoyado en dos muletas. Después que besó la medalla de Garabandal, dejó la iglesia.

En ese momento, repentinamente, sangró por la boca, la nariz y los oidos. Alarmados por esto, sus familiares le llevaron a exámen médico. Sin embargo, al mismo tiempo, ahora no tenía dolores y ya podía andar sin muletas. ¡Después del examen adicional, las radiografías y el escaner, los médicos dijeron que el tumor canceroso de la cabeza había desaparecido completamente!.

 En la Catedral de San Jorge.

Era el día doce de nuestro viaje, el dos de Octubre de 2002

Hoy era nuestro aniversario de boda. Pasamos la noche en el hogar de Bohdan. Siempre los recordaremos, a él y a su esposa, como una pareja muy amable y generosa que, como Bohdan Shyptur, que nos ayudaron con toda su dedicación. ¡Qué buena gente!. Después del desayuno, Bohdan nos dio una vuelta por su ciudad para que la conociésemos, y después nos llevó a la Catedral de San Jorge en Lviv.

Foto: Cinco Sacerdotes celebran "Moleben", liturgia dedicada a la Madre de Dios, antes de nuestro discurso en La Catedral de San Jorge.

Vinimos temprano, como Monseñor Krawchyk nos había pedido. Él nos saludó cerca de las puertas de entrada a la Catedral y fuimos a un restaurante cercano, donde él había reservado una mesa para el almuerzo.

De camino allá, nos dijo que tuvo una llamada telefónica esa mañana del Padre Petro, uno de los sacerdotes de la entrevista de ayer, que después había estado también con nosotros en el almuerzo.

Padre Petro tuvo un accidente dos semanas antes y se había dañado su columna. Le fué muy difícil sentarse para la entrevista y apenas lo podía hacer para el almuerzo. De hecho, él estaba arrepentido de aceptar la invitación para almorzar.

El dijo a Monseñor Krawchyk que cuando salía del restaurante, yo coloqué la mano con la medalla de Garabandal sobre él, en el mismo lugar de su espalda en que estaba el dolor. ¡Cuando él llegó a su casa, el dolor había desaparecido totalmente!. ¡Qué prueba mas grande dió, el mismo Dios, a Sus amados Sacerdotes!. ¡Gracias Jesús!.

Tomamos el almuerzo con Monseñor Krawchyk y otros varios sacerdotes. Después del almuerzo, volvimos a la Catedral para nuestra presentación.

Monseñor Krawchyk se disculpó, si venía poca gente, porque no habían hecho publicidad de nuestra venida porque ellos no sabían nada sobre nosotros antes de que llegamos. Debíamos empezar a las tres de la tarde para terminar a las seis para la Santa Misa de la tarde. Sin embrago, cuando llegamos, la Catedral se llenó completamente;habría, por lo menos, 2000 personas.

Seis sacerdotes empezaron con la liturgia, "Moleben", en honor de la Santísima Virgen. Entonces Monseñor Krawchyk nos presentó y hablamos, como de costumbre. Y, como de costumbre, necesitamos a un grupo de hombres fuertes para ayudar a dirigir a la multitud hacia las puertas de salida, dando las medallas a besar a las personas mientras salían de la Catedral.

Se rezó continuamente el Avemaría y con ello hubo orden y paz. Al lado de cada uno de nosotros había también un Sacerdote, orando con nosotros. A las 6 de la tarde se celbró la Santa Misa.

Cuando salíamos la Catedral, tuvimos una sorpresa maravillosa. Un grupo de monjes jóvenes de Studite y monjas del monasterio de Ternopil, dirigidos por su Padre Superior, había venido a Lviv, varios cientos de kilómetros, para saludarnos y desearnos un aniversario feliz.

¡Nos trajeron obsequios: Rosarios, estampas, etc. que nos emocionaron!. Monseñor Krawchyk y los otros sacerdotes estaban sorprendidos de que conocíamos a cada uno de ellos personalmente. Se nos dio la oportunidad de tener una reunióna corta con ellos en el vestíbulo de la recepción y rezamos con ellos individualmente. ¡Qué bendición!.

Después de este día emocionante, fuimos a nuestro hogar para un merecido descanso.

La Iglesia de San Miguel.


Helen y Michael con algunos de los Sacerdotes presentes en San Miguel.
En el centro de la fila de atrás, el Padre Volodymyr, párroco de la iglesia y presidente del Tribunal Diocesano.

El día trece de nuestro viaje, el tres de Octubre de 2002.

Esto era nuestro último día en Ucrania. Fuimos invitados a hablar en la Iglesia de San Miguel, a las afueras de Lviv. El párroco de esta parroquia era el presidente del tribunal diocesano, uno de los sacerdotes que nos habían entrevistado dos días antes.

La gente vino en coche, en autobús, a pie, en sillas de ruedas, y de cualquier otro modo posible. Cinco sacerdotes celebraron la Santa Misa, mientras los otros oían las confesiones. Después de la Santa Misa, el Santísimo Sacramento quedó expuesto en el altar mientras hablamos. Los Sacerdotes continuaron oyendo las confesiones y, cada quince minutos o así, volvían al altar para dar la Santa Comunión a los que acababan de confesar. Esto duró toda la tarde.


Helen y Michael hablan en la Iglesia de San Miguel, en Lviv.

Cuando fuimos a nuestro sitio en las puertas de salida para dar a besar las medallas, nosotros estábamos emocionados por el fervor y confianza en Nuestra Señora. Muchos se acercaron, identificandose como ortodoxos. Entre ellos había muchos sacerdotes ortodoxos.

Ellos vinieron a María, con la esperanza, la fe y el amor, un amor que no hemos visto en paises del Oeste. Nosotros, los habitantes del oeste, nunca estaríamos facilmente dispuestos a estar cuatro horas, mucho menos en iglesia, en tales condiciones. Las iglesias en Ucrania no tienen bancos. Dificilmente estaríamos dispuestos a estar horas afuera con la lluvia, el frío, empacados en una muchchedumbre.

Pero estas gentes lo hicieron y siguieron viniendo. Alguno nos siguió de pueblo en pueblo, de iglesia en iglesia. Y Dios los recompensó. Hemos recibido cartas y artículos periodísticos con testimonios de personas que fueron curadas también en esta iglesia.

Una señora que conocíamos muy bien, estaba muy feliz. Ella nos informó, hacia el fin de nuestra estancia en Ucrania, que su marido, que no había ido a la iglesia durante mucho tiempo y que no confessó desde hace muchos años, después de oírnos hablar varias veces, se convirtió. Un día, buscó un Sacerdote, se confesó y, por primera vez en años, recibió la Santa Comunión.

Cada Sacerdote y Monja que encontramos en Ucrania, ya fuesen Católicos u Ortodoxos, recibieron una medalla pequeña con un trozo de misal besado por Nuestra Señora. Dios nos dió exactamente el número de medallas que necesitamos para repartir.

De vuelta a casa.

El día catorce, el viernes 4 de Octubre de 2002, de regreso a casa.

Nos levantamos bastante temprano el viernes, para llegar al aeropuerto a buena hora. Nuestros anfitriones nos vieron salir con lágrimas en sus ojos.

En el aeropuerto, mientras esperábamos en la puerta de la salida, conversábamos con una monja que iba a Frankfurt. Nunca deja de asombrarnos cuán maravillosamente Dios arregla las "coincidencias" en nuestroa viajes.

La monja se presentó como la Hermana Marta Kozak, Superiora Provincial de las Siervas de María Inmaculada en Ucrania. Ella iba a visitar a sus hermanas en Calgary pero le preocupaba su cambio de avión en Frankfurt porque ella no hablaba alemán ni inglés.

Nos maravilló cómo Dios arregló todo para ponerla en el mismo vuelo con nosotros. La transferencia en Frankfurt implicaba un cambio de terminales y, a causa de la construcción del aeropuerto, no había señalizados algunos desvíos y una persona  que no supiese inglés o alemán se habría perdido. Nuestro Señor cuidaba de la Hermana, y de este modo, también ella conoció las Apariciones de la Bendita Madre en Garabandal.

Compartimos con ella nuestras experiencias maravillosas de las dos semanas anteriores y la dimos la última medalla que nos quedaba. En Frankfurt tuvimos tiempo para el almuerzo y para rezar el rosario con la Hermana Marta en la Capilla del aeropuerto. Después de esto la guiamos a su puerta de la salida y seguimos nuestro camino.

En el vuelo a casa, por primera vez, empezamos a sentir el agotamiento de las pasadas dos semanas. Pero ¡qué alegría había en nuestros corazones!. Una alegría que se sobreponía a cualquier fatiga. Llegamos a casa y, dos semanas más tarde, ya estábamos en Nueva York para más presentaciones sobre Garabandal.

Resúmen del viaje.

El viaje no tenía precedente. Nunca hemos visto a tanta gente en tan corto tiempo. En dos semanas, vimos y oramos con unas 40.000 personas. Vimos la obra de DIos y su bendita Madre en tantas curaciones maravillosas:

-- el cojo que anda, el mudo que habla, el ciego que ve...

La prueba estaba allí para todos. Desde nuestro viaje a Ucrania, muchas cartas y artículos periodísticos nos han sido enviados, detallando muchas otras curaciones que sucedieron mientras estábamos allí y algunas otras que se hicieron evidentes un tiempo después.

Esto fue el triunfo de María en Ucrania. Ella se encargo de todo. Hay un fuego en Ucrania, un fuego en los corazones del Pueblo de Dios. El régimen comunista soviético trató, durante medio siglo, de erradicar la religión de la vida y corazones de esta gente. Pero los comunistas se olvidaron de tener en cuenta que este país pobre y subdesarollado fué, hace siglos, consagrado al Corazón Inmaculado de María y colocado bajo Su protección.

La Santísima Virgen lo ha protegido y cuando Ucrania finalmente declaró la independencia, en 1990, hubo un regreso pacífico a la libertad, una cosa muy rara en la historia humana. Fue la intercesión de Nuestra Señora ante Dios que logró esto. Este es Su país. La devoción al Corazón de María y al Corazón de Jesús es tan intenso aquí que continuará extendiéndose por toda Ucrania hacia el Este y de allí a todo el mundo.

Tenemos mucho que aprender de estas pobres gentes. Damos gracias a Dios que El nos dio la oportunidad de ver y aprender de esta gente el significado de la verdadera fé. No sólo ellos vieron nuestro amor a la Madre María, también nosotros, viendo su gran devoción, fuimos fortalecidos en nuestra propia fé.

Hemos sido invitados a volver a Ucrania otra vez. ¿Cuándo será?, está en manos de Dios. iQue se haga su santa Voluntad. AMEN.

Dr. Michael y Helen Rozeluk.
       Toronto, Canadá.