Testimonio del P. François Turner, O.P.

Una entrevista con el P. François Turner, O.P.

Después de haberse enterado por primera vez de los sucesos de Garabandal en 1966, el padre François Turner, O.P. de Blois, Francia, ha sido un estudioso de estas apariciones. Trabajando a la par con el Profesor Jacques Serre de París, ha hecho el estudio más completo sobre los eventos que ninguna otra persona fuera de España. Ha escrito numerosos artículos y bajo el sobrenombre literario de Robert François, ha dado autoría al libro, OH HIJOS ESCUCHENME, el cual a sido impreso en Francés, Inglés y Alemán.

 Adicionalmente ha elaborado una obra educativa de 24 criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal. En mayo de 1992, el Padre Turner fue el orador principal invitado al Seminario Mariano en Columbus, Ohio. Después del Seminario visitó el Centro de Garabandal en New York.

ENTREVISTA.

R.G: Sus padres son Americanos. ¿Cómo vino a vivir a Francia?

P. Turner: Nací en Francia. Mi padre era un médico americano en París pero solo para pacientes americanos. El era un ciudadano estadounidense y mi abuelo vino de Boston. Mis padres, ambos, estaban en la Iglesia Episcopal de París en la Avenida Jorge V.

R.G.: ¿Cómo llegó a ser un sacerdote católico?

P.T: Fui criado en la Iglesia Episcopal por un tiempo y luego en una Iglesia Protestante en París. Luego, más tarde perdí mi Fe. Eso fue a la edad de 14 años.

R.G.: Ud. También asistió a Harvard, ¿es eso correcto?

P.T.:  Eso fue después de mi bachillerato en Francia. Fui a los Estados Unidos pensando en quedarme en América. Tenía las dos ciudadanías. Pero luego de dos años de estudio en Harvard, fui llamado al servicio militar en Francia y fui. Allí entonces, sin saberlo, perdí mi ciudadanía estadounidense. Serví en la milicia por dos años y luego otros seis meses. Después de eso la guerra (II guerra mundial) se desató. Estuve de militar durante la guerra.

R.G.: ¿Cuándo entró al sacerdocio?

P.T.: Después de estudiar el Latín, lengua que no conocía, entré al seminario diocesano de París y me quedé allí un año. Luego, me uní a los Dominicos y pasé un año en el monasterio Dominicano de París. Fui ordenado en 1947.

R.G.: ¿ Cómo se enteró sobre Garabandal?

P.T.: En 1966, una mujer española me solicitó que acompañara, como director espiritual, a un grupo de jóvenes de Tarragona, España. Acepté, fui ahí y pasé una noche en un seminario. En el comedor de la casa del profesor en el seminario, vi un folleto en español, sobre estas supuestas apariciones. No le presté mucha atención porque estaba bastante mal impreso. Sin embargo, pensé que podía ser algo serio, aunque no necesariamente. Luego de vuelta en Francia, en octubre de ese mismo año, un sacerdote de Blois me preguntó si yo había escuchado sobre las mismas. Respondí, sí, pero muy poco. Me pidió que tratara de conseguir más documentación ya que el estaba interesado. Y así, me puse en contacto con el padre Laffineur.

El padre Materne Laffineur, un sacerdote belga que vivia en Francia, fue el pionero en la difusión de los Mensajes de Garabandal en este país.

 R.G.: ¿Le proveyó el padre Laffineur de alguna documentación?

P.T.: Oh sí. Su libro, Estrella en la Montaña, que ya se imprimió. Lo obtuve, lo leí, y me interesé al respecto. Pero a esa instancia estaba solo interesado. No había resuelto nada porque sentí que debía ser primeramente estudiado. No creí que su libro fuera materia de estudio, sino que se trataba de un texto que relataba un cierto número de hechos pero sin ninguna investigación en profundidad. Sentí como que sería algo bastante bueno mantenerme en contacto con el padre Laffineur, en parte porque, después de todo, parecía ser algo serio, genuino, pero por supuesto no estaba seguro. De hecho, solamente llegué a considerar a Garabandal como genuino alrededor de 1978.

    En ese entonces, habia comenzado a elaborar mis criterios. [Veinticuatro criterios en defensa de la autenticidad de Garabandal]. Me llevó ocho años. Antes de escribir veinticuatro criterios, comencé con siete y luego quince. Estos criterios fueron tomados de una  parte, de los hechos de los eventos de Garabandal, y de otra, de estudios que hice en una biblioteca en Poitiers donde empleé varias semanas. Estudié a los buenos autores, a los antiguos autores, en tales temas como apariciones, revelaciones y experiencias místicas en general, y luego apliqué estos principios al caso de Garabandal. Llegué a la firme opinión de que era genuino.

R.G.: Los aspectos negativos de Garabandal tales como el veredicto de la primera comisión y las dudas y negaciones de las videntes ¿representan un tropiezo o escollo en su estudio sobre los eventos?

P.T.: No, no en absoluto. De hecho, una cosa que me llamó la atención fue la debilidad de las objeciones hechas acerca de la autenticidad de Garabandal, indistintamente vinieran ellas de la primera comisión o de otra gente, usted sabe, ya que toda clase de gente ha presentado objeciones. Y recuerdo que un día Jacques Serre me contó, “No hay aspectos negativos sobre Garabandal.” Y pensé, bien, después de todo, tiene razón. Porque los aspectos negativos que fueron propuestos eran inconsistentes, especialmente aquellos presentados por la primera comisión.

   Aquellos que presentan las dudas de las videntes como aspectos negativos, simplemente no parecen conocer que en los casos de Santa Teresa de Avila , Bernadette de Lourdes y los videntes de Pontmain, dudas del mismo tipo son bastante numerosas y son casi siempre la regla. Lo que me sorprendió en demasía fue que el trabajo de la primera comisión simplemente no estaba terminado. Don Valentín (que fue párroco de Garabandal) me comentó que alguien le había preguntado si la labor de la comisión estaba terminada. El respondió, “No está terminada, no ha comenzado.”

R.G.: Alrededor de 1970, el entonces obispo de Santander, Monseñor José Cirarda, a través del Secretario de Estado Vaticano, se las arregló para hacer circular una carta a todos los obispos de la Iglesia, la cual sin condenar a Garabandal, hablaba sin embargo en términos absolutos de que el movimiento no debería ser difundido. Por lo menos en algunos lugares, esa actitud todavía persiste hasta hoy. ¿Cuál es la posición oficial de la Iglesia sobre Garabandal ahora?

P.T.: Para comenzar, el obispo Cirarda no es la autoridad  sobre las apariciones de Garabandal o los mensajes. En un tiempo lo fue, pero ahora ya no. Actualmente se encuentra un obispo cuyo nombre es Vilaplana quien recientemente sucedió al obispo del Val, y él es la autoridad.  Y el obispo Vilaplana no actúa de una manera o de otra. El considera el caso de Garabandal como una asignatura abierta.

 Recientemente, recibió a mi amigo, Ramón Perez (autor de Garabandal – El Pueblo habla) y le dijo que se mostraba  abierto al tema de Garabandal  y que actuaría de acuerdo a lo que la Santa Sede le señale, sea lo que sea. Hay un dossier en Roma sobre Garabandal que fue hecho por una comisión cuádruple establecida por el obispo del Val, su trabajo duró desde 1985 hasta septiembre de 1991. Este conjunto de documentos en Roma está siendo estudiado. De esto prácticamente tengo certeza. No puedo decirle exactamente por qué estoy tan seguro ya que debo ser discreto.

R.G.: ¿No es más bien un tanto inusual que la Santa Sede estudie apariciones, como si se opusiera a que las mismas sean investigadas a nivel diocesano?

P.T.: Sí, no me parece muy común. Pero la Santa Sede está solamente verificando lo que se hizo en Santander. Quieren proceder en un nivel más elevado, como una corte de apelaciones, entiende?. ¿Por qué? Bien, aparentemente porque la difusión de estos mensajes ha alcanzado el mundo entero. No es un asunto local como Pontmain. Pontmain nunca pasó a ser más que un affair local, y podría dar otros ejemplos de apariciones que tuvieron lugar en Francia. Y fueron todos locales excepto en el caso de Lourdes.

Lourdes realmente llegó a ser internacional. Está siendo más internacional este año, 1992, de lo que nunca ha sido. Así, en tales circunstancias, cuando se torna ciertamente internacional, la Santa Sede siente que debería intervenir como una corte de apelaciones.  Todo esto se hace en completa discreción.

R.G.: ¿ Sabe algo Ud. sobre esta investigación más reciente? ¿sabe Ud. quienes son los investigadores?

P.T.: Lo único que sé es que estaba compuesta primero por un grupo de cuatro jóvenes sociólogos, dos mujeres y dos hombres y un quinto que se sumó más tarde. Los cuatro primeros eran gente laica, y el quinto era, creo, un sociólogo Dominico. La segunda parte de la investigación fue el aspecto psicológico. No sé quienes fueron los investigadores en esta etapa, ni cuántos. Y luego quedaba el lado teológico y el espiritual, tampoco sé quienes ni entre cuantos lo hicieron. El (el obispo del Val) mantuvo eso en secreto.

R.G.: Ud. hace unos pocos años que conoce  al Obispo del Val. ¿Cuándo lo conoció por primera vez?

P.T.: Fue en 1976 y desde entonces me he encontrado con él prácticamente cada año, tanto en su oficina como en Lourdes, o en ambos lugares.

R.G.: ¿Qué percibió Ud. sobre la actitud de él hacia Garabandal al comienzo cuando recién lo conoció?

P.T.: Bien, para comenzar, el era extremadamente gentil, extremadamente discreto y estaba extremadamente al tanto de lo importante que era todo lo acontecido. La forma en que se comportaba era sumamente cortés; me hizo sentar en un sillón acolchonado, y cosas así. Estaba contento de que pudiéramos hablar en Español aunque él hablaba francés fluidamente. Poco a poco noté que parecía estar sumamente interesado. Era un buen pastor. Muy inteligente. Esto, por supuesto, no responde enteramente tu pregunta, pero es difícil responder semejante cosa.

R.G.: Pero a lo largo de los años, ¿vio Ud. algún cambio en su actitud hacia Garabandal en algún punto?

P.T.: Bien, parecía estar más cordial. Me trataba cada vez con mayor amistad, abrazándome en frente de la gruta de Lourdes, por nombrar un caso. Pero si él hubiese estado cambiando su punto de vista hacia Garabandal, evitaría en todo sentido demostrarlo. Y si yo tuviera algo que decir al respecto, sin duda lo haría.

R.G.: Personalmente ¿ piensa Ud. que él creía en Garabandal?

P.T.:  Lo que creo es que con su prudencia, prudencia normal desde luego, tenía que conducirse de la manera apropiada.

R.G.: ¿Permite la Iglesia a la gente promover el mensaje de Garabandal en la situación actual?

P.T.: Desde el anterior obispo de Santander, el obispo del Val (por los últimos 20 años) nunca ha actuado contra la promoción de Garabandal y ya que el actual obispo de Santander se muestra tan abierto, no creo que los promotores de Garabandal necesiten permiso alguno. Si en una diócesis, el obispo prohibiera difundir los mensajes, creo que se debería tomar en cuenta su punto de vista particular, para mantener la paz en la Iglesia. Pero si uno considera que la paz en la iglesia no está en juego, y que uno puede dar una conferencia privada o mostrar diapositivas en un salón privado o auditorio, bien, creo que podría hacerse, ¿por qué no? si no se está alterando la paz eclesial.

 El padre Combe (el principal promotor en Francia), como tu sabes, era bastante firme en ese aspecto. Mientras el obispo no presente una prueba de que el hecho haya sido “condenado”, se puede perfectamente seguir adelante. Eso es lo que él hace, es su manera. Otra persona tendrá otra forma de proceder. En un país, la mayoría de la gente tendrá una manera de actuar mientras en otro, tendrán una distinta.

R.G.: ¿Qué hay acerca de la carta de 1970 del Cardenal Seper, la cual parecía una declaración en contra, muy elaborada? Para la gente que no está muy bien informada sobre Garabandal, especialmente en lo concerniente a los acontecimientos más recientes, y juzgan el caso de acuerdo únicamente a lo asentado en documentos antiguos de la iglesia, la carta del Cardenal Seper puede parecer una advertencia contra Garabandal. ¿Es esa carta un documento oficial?

P.T.: Lo dudo. Dudo que sea un documento importante. ¿Por qué? Para comenzar, el Cardenal Seper falleció años atrás. Segundo, su pronunciamiento no estaba basado en alguna investigación suya, personal, sino simplemente en el “dice que” de otro obispo. Y luego, hoy día, la situación es completamente diferente. Hay otro Cardenal ocupando su lugar. Y además en la Santa Sede la investigación continúa. Los documentos han sido enviados a la Santa Sede para lo que yo llamo el estadio final de las investigaciones. Después de estas investigaciones, no restará nada más que el actuar de la Santa Sede, como también el actuar del Obispo. Eso será todo.

R.G.: ¿Ha hecho el Cardenal Ratzinger alguna declaración referente a Garabandal?

P.T.: No puedo responder esa pregunta. Hay cosas que sí puedo responder pero esa no. Creo que no sería apropiado para  mi. Lo que puedo decir es esto: el acontecimiento de Garabandal es importante a sus ojos. El Sr. Hivbier ha visto mi libro [Oh Hijos, escúchenme] sobre el escritorio del Cardenal Ratzinger, así que ciertamente Ratzinger debió haberlo buscado. No le habría tomado más que unos pocos minutos echar un vistazo a la tabla de contenidos para tener una idea de lo que se trataba.

Gente con su tipo de mentalidad y su diáfana inteligencia entenderá muy rápido, en pocos minutos, si es digno de considerarlo o no. En algunos casos, apariciones falsas pueden ser reconocidas como tales por cualquier teólogo en dos minutos. En otros casos toma bastante tiempo.

    Como dije en Columbus, Ohio, hay solo tres maneras todas juntas de encontrar la verdad. Primero porque es obvio. Segundo, a través de una demostración, un profesor de física o matemáticas hará una demostración. O tercero, porque uno es una autoridad en la materia, y la ha estudiado en extenso y la conoce muy bien. Ese es mi caso. No puedo evitar decirlo de esta manera.

Y no hay una cuarta manera de conocer la verdad, ni a través de los sentimientos, pensamientos ni nada por el estilo. Lo que simplemente agregaría es que en el caso de las apariciones y cosas similares, la gracia ayudará, porque hay un aspecto espiritual en esto. Si uno está en estado de gracia, si uno es espiritual consigo mismo, bien, Dios le ayudará a elucidar la falsedad o autenticidad de una aparición.