Curación de un tumor cerebral.

 

En la Iglesia de Garabandal, de rodillas, delante del Santísimo.

 

Hasta en los invernales se ve la Cruz y el nombre de Jesús (JHS).

 

 

La hija de Milagros Viesca curó de un tumor cerebral al subir a Garabandal.

Milagros Viesca subía con otros peregrinos de Gijón en los grupos organizados por María José Álvarez, maestra nacional, natural de Cangas del Narcea y residente en Gijón.

Su hija padecía un grado muy avanzado de tumor cerebral que por aquellas fechas de finales de la década de 1970 era imposible de curar. Ya estaba quedando ciega y el pronóstico era irreversible.

Subió a Garabandal y tuvo una prueba de que la Santísima Virgen la iba a curar pues estando en el lugar de las Apariciones recuperó por un tiempo la vista. A partir de entonces, Milagros, la madre, pedía a la Santísima Virgen aún con más fervor por la curación de su hija. En una segunda ocasión curó completamente, recuperó la vista por siempre y quedó sana. El tumor ha desaparecido.

Milagros Viesca cumplió siempre el deseo de la Santísima Virgen de comulgar de rodillas y en la lengua. Esto trajo algunos problemas a su párroco en Gijón, pero finalmente, el párroco reconoció que este deseo de Milagros era cosa de Dios e incluso besó su féretro el día de su entierro ya que Milagros murió en olor de santidad porque su vida siempre fue ejemplar como lo pidió la Virgen en el Primer Mensaje.

 

Conchita y Loli comulgando, en éxtasis, de rodillas

 

Se sabe con detalles lo sucedido en una parroquia de Asturias donde una señora que cumplía el mensaje de Garabandal quiso Comulgar siempre de rodillas y en la lengua, adorando al Señor, con una gran fe y amor. En varias ocasiones le fue negada la Comunión. Pero un día, la forma que tenía el Sacerdote en la mano sangró, salió de su mano y fue hasta la lengua de esta señora. Tan grande era el sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo y el deseo de ir donde ella. Se impresionó grandemente el párroco y tal fue su arrepentimiento que pidió perdón públicamente y dijo que, en adelante, la forma ordinaria de comulgar sería de rodillas y en la lengua.