Shaun Comienza a Hablar

<>Shaun ha comenzado a hablar por sí mismo después de besar la medalla con el Beso de Nuestra Madre.
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London, Ontario, Canadá.

30 de Marzo del 2000.

Estimados Compañeros Trabajadores de Nuestra Señora,

Durante meses he estado dando gracias a Dios, a Jesús, a la Santísima Madre y a todos los que tomaron parte en la Misión "Abraza la Eucaristía III" que tuvo lugar el sábado 6 de noviembre de 1999.

Mi esposa, Giavana y mis cuatro hijos: Stephanie Anne de 12 años, Angela Nadine de 9, Cristóbal Joseph de 7, y Shaun Gregorio de 6, asistieron a esta Misión.

Nos emocionamos oyendo los testimonios de curaciones milagrosas y nos alegramos de tomar parte en este acontecimiento tan lleno de Fe.

Me conmovieron las palabras de Monseñor Richard Carroll y de S. E. el Obispo Roman Danylak. Salí con una impresión que nunca olvidaré. Fue una bendición tener a Rev. Joseph Finn en nuestra ciudad de Londres durante años y estar con el Obispo Roman Danylak en este día inolvidable.

Deseaba pasar un día con personas que adoran la Santa Eucaristía. Oí los testimonios de las curaciones. Quise mostrar a mis hijos cómo la fe en Dios puede sanar cualquier enfermedad. Este día, todo fue como lo había esperado y aún más. A medida que trascurría el día, lloramos de alegría. No sólo oí a la gente alabar y dar gracias a Dios sino que también sentí la presencia del Espíritu Santo.

No sé cómo describir esto pero trataré de hacerlo lo mejor que pueda. Por el camino llevé puestas un par de gafas de sol porque tuve que viajar al este de Londres. Llevaba puestas las gafas de sol en la Iglesia. Me senté en el lado izquierdo de la Catedral. Alrededor de 4:30 o 4:45 de la tarde, el sol comenzaba a ponerse. Brillaba a través de la ventana y molestaba porque era un sol brillante en un día nublado, por esto tuve que usar mis gafas de sol.

En el frente de la iglesia, Peggy McGinty habló de cómo ella encontró al Dr. Rozeluk en una convención en Minneapolis. Luego habló de un grupo de amigos Pentecostales. Con las gafas de sol puestas, miré el sol. Parecía estar andando de un sitio a otro en el cielo. Aparté la mirada un segundo porque no quería que mis hijos pensasen que me aburría con la historia de Peggy.

Miré a la ventana otra vez. Esta vez el sol parecía estar quieto en el cielo. Quité las gafas de sol y miré directamente. Normalmente evito mirar al sol pero esta vez estaba tan hermoso que pasé unos dos minutos mirando. Finalmente aparté la mirada, sólo porque no quería que mis hijos me viesen distraído y para no pensaran que me estaba aburriendo.

Entonces miré al Dr. Rozeluk y a Peggy, pero no podría ver la cara de Peggy. Yo no la podía ver en absoluto, incluso cuando podía ver claramente los cabellos del Dr. Rozeluk. María (Donna Lee), estaba de pie y la veía claramente. La cara de Peggy, sin embargo, estaba cubierta por algo parecido a un globo redondo, aun cuando la podía ver perfectamente del cuello para abajo. ¿Qué podría ser?

¡Era la Santa Eucaristía! Vi el Santísimo Cuerpo de Cristo mientras hablaba. Puse y quité las gafas pero es igual, no podía ver nada de su cara. Pero podía ver al Dr. Rozeluk tan claramente como cuando él habló.

En este mismo momento, Peggy hablaba acerca de como ella dijo a sus amigos sobre la curación del Dr. Rozeluk por la Bendita a Madre y como sus amigos dijeron que era obra del diablo o algo parecido.

Entonces miré arriba al sol otra vez, pero no era el sol lo que veía. Ahora era como una Hostia de tamaño grande. No era la Hostia blanca de hace años, se parecía mas a las de ahora.

Era una Hostia, la misma que tiene el sacerdote durante la Consagración, con el dibujo impreso en ella. ¡Una Hostia en el cielo! Lo vi con mis propios ojos en la Catedral de la Transfiguración el 6 de noviembre de 1999. ¡Vi la Santa Hostia en el cielo y en la cara de Peggy!

No dije nada a mi esposa. De camino a casa no dije nada a nadie del milagro del sol. ¡Se lo dije mas tarde a mi esposa para aclararle el por qué puse las gafas de sol en la iglesia y por qué miraba al cielo.

Después de la Santa Misa y de la Unción, el Obispo Danylak pidió al Dr. Michael y Helen Rozeluk que viniesen con las medallas con el Beso de nuestra Bendita Madre e invitó a todos a que viniesen a venerar estas medallas.

Nosotros fuimos también. Mi hija Stephanie, de 12 años de edad, me dijo a mí:

-- Lleva a Shaunie allá.

Mi esposa me miró con ojos llorosos y dijo:

-- Shaun necesita curarse.

Ella y Stephanie habían estado rezando todo el tiempo por Shaun, nuestro hijo pequeño.

Estaba el segundo al final de la fila. Le dije al Dr. Rozeluk que había sido bendecido a lo largo de mi vida pero que mi hijo Shaun necesitaba la ayuda de Nuestra Señora. Le dije:

-- Por favor, mi hijo Shaun no habla.

Besé la medalla y mi hijo se inclinó y la besó también. Miraba directamente a los ojos del Dr. Rozeluk. Yo realmente no prestaba mucha atención a Shaun. Entonces dije:

-- gracias y en nombre de mi hijo Shaun, Gracias, porque Shaun no habla.

Lo pasé mal ya que volví a mi asiento con mi hijo aparentemente igual.

(Comentario del Dr. Rozeluk: recuerdo claramente esto, Shaun me dijo algo a mí en aquel momento. Me volví hacia su padre y se lo dije pero evidentemente no lo oyó).

Volví a mi silla. Eran ya pasadas las 8 p.m., habíamos pasado el día entero allí. Enseguida noté que Shaun no era el mismo. ¡Mi hijo, normalmente tímido, corría alegremente alrededor, daba sillas a desconocidos, cosa que nunca había hecho antes! El no parecía estar nada nervioso con la gente. Estaba realmente feliz.

Cuando volvimos en casa, tuvimos mas sorpresas de Shaun. Nuestro Shaunie debía estar en Primer Grado pero era un estudiante a jornada completa en el jardín de la infancia. Algunos días los pasa en JK (el Jardín de la Infancia de menores) y otros en SK (el Jardín de la infancia de mayores). Siempre tuvo problemas para estudiar.

Las clases de patología del habla fracasaron. No podía aprender el alfabeto ni los números en absoluto. Según los expertos en educación especial que lo estudió y trabajo con él, Shaun siempre estaría retrasado en sus estudios, siempre tendría este problema. Siempre necesitaría ayuda especial.

Desde que volvimos de la Misión "Abraza la Eucaristía III", Shaun ha comenzado a hablar solo. Ha asombrado a su maestro porque él ahora aprende todo muy rápidamente. ¡Repentinamente, cambió a ser un niño muy estudioso! En estos pocos meses ha llegado en sus estudios a su nivel normal. A sus maestros les parece increíble su progreso.

Giavana, mis hijos y yo sabemos que fue gracias a la medalla con el Beso que Nuestra Señora dio en Garabandal que Shaun ha sido curado. Cuando yo le dije a mi esposa que iba a escribir esta historia, ella dijo:

-- No puedes decir eso. ¡Shaun todavía no está del todo bien!

Pero mi Shaun ha cambiado enormemente y ha progresado ya mucho. Yo no puedo contener mi alegría y mi gratitud por más tiempo. Estamos a mitad de Cuaresma. No podría celebrar la Pascua sin escribir esto. Shaun y mi familia proclamamos el prodigio que hizo Nuestra Señora. Deseamos dar a conocer esta historia.

Más que nada quiero dar gracias a Nuestra Bendita Madre por la curación de mi hijo. Ella ha cumplido Su promesa cuando dijo en Garabandal que por Su beso, Su Hijo Jesús realizaría muchos prodigios. ¡Gracias, Bendita Madre, gracias, gracias!

Frank E. Udovic.
London, Ontario, Canadá.
 

Querido Dr. y Sra. Rozeluk,

Como les prometí, les  envío un retrato de nuestra familia tal como aparece en el registro (1999) de la Parroquia de San George. La foto de Shaun es la de la escuela. Hoy es el día de la Santísima Trinidad. Quería enviarle el retrato en un día tan señalado.

Muchos cristianos no creen en la Santísima Trinidad y muchos católicos no entienden que en Un solo Dios hay Tres Personas. Quiero mandarles los retratos en este día tan especial. No puedo expresar cuán feliz soy por el poder del Espíritu Santo.

Quiero que las fotos ayuden a la gente a creer en el poder infinito de la Santísima Trinidad. Dios me ha bendecido dándome una buena esposa y cuatro hijos llenos de fe.

Tiene nuestro permiso para dar a conocer esta historia y publicar las fotos. Que Dios le bendiga en su trabajo y cuente con nuestras oraciones para sus futuros compromisos. Pedimos a Nuestra Santísima Madre que avive este ministerio y que Ella le de todas las gracias necesarias.

Que Dios les bendiga.

Frank Udovic.
London, Ontario, Canadá.