El beso de Nuestra Señora sana la espalda de Carol

Escrito el 15 de Septiembre de 1999

    Yo, Carol Renaud, había estado sufriendo problemas en la zona baja de la espalda por un número considerable de años, y debido al dolor había recurrido a sesiones de kinesiología que nunca parecieron ayudarme. Hacía ejercicios especiales para aliviar de algún modo el dolor, pero siempre estaba ahí. Al final, ya no podía ni acostarme de plano sobre mi espalda porque si lo hacía me era imposible incorporarme de nuevo. El dolor era atroz.

    En Agosto o Septiembre de 1996, mi amiga, Andrea Quirion, me contó acerca de un Dr. Michael Rozeluk y su cura milagrosa. Me mencionó, que él estaría en el área Chatham de Ontario para dar una charla. Me preguntó si estaría yo interesada en que él viniera también a Tecumesh. Conversé con nuestro cura quien asintió que el Dr. Rozeluk y su esposa Helen hablaran en nuestra iglesia.

    Cerca de 250 personas asistieron al evento. Después de la disertación, la gente pudo acercarse a venerar las medallas besadas por Nuestra Señora en Garabandal. Cuando la iglesia estuvo finalmente vacía, el Dr. Michael y Helen hicieron una oración para mí frente al Santísimo. Helen se puso a mi izquierda sosteniéndome el brazo, y Michael hizo lo mismo del lado derecho. Mi esposo, Ed, estaba tras mío. Ellos colocaron sus medallas sobre mí, mientras Ed apoyaba el borde de mis hombros con sus manos.

    Cuando rezábamos, pude oir un sonido como un "click". Pensé para mis adentros: "mis huesos se están partiendo". Recién después del tercer crujido (deben entender que a veces soy bastante lenta) me di cuenta que aunque mis huesos estaban "partiéndose" no había yo movido un solo músculo. (El Dr. Rozeluk, Helen y mi esposo confirmaron esto más tarde). Este sonido se repitió aproximadamente 4 o 5 veces. No dije nada a los otros en ese momento. Cerramos el templo y nos fuimos a casa.

    De vuelta en mi residencia, estábamos tomando un café y charlando sobre los acontecimientos de la tarde, cuando Michael y Helen me preguntaron si algo había pasado en la iglesia. Les conté acerca del crujido, entonces Ed comentó, "Yo no escuché nada, pero lo sentí bajo mis manos!" Los Rozeluks dijeron que no sintieron ni escucharon nada, pero confirmaron que no había movido músculo alguno.

    Dije, "Un minuto." Me levanté de la mesa, fui a la sala de estar y me acosté de espaldas sobre la alfombra y, alabado sea Jesús...¡NO HABIA DOLOR! ¡Me pude levantar sin problemas y sin dolor!

    Nuestro querido Señor y Creador había entonces arreglado mi columna perfectamente y hasta hoy día, cuatro años después, mi zona lumbar está bien. Todas las gracias y todas las alabanzas sean para Jesús. Amén.

Escrito por Carol Renaud, 15 de Septiembre de 1999.
Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.(2002)


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