El prodigio del Arco Iris.

 

Por el Beso que he dado aquí, mi Hijo hará prodigios.


El prodigio del Arco Iris.

Santander, 8 de febrero de 1979.

Me llamo María Encarnación Villanueva Díaz, con residencia en Santander y deseo describir cómo un día quedó grabado un arco iris en mis gafas de sol. Esto ocurrió el día 12 de octubre de 1976, festividad de Nuestra Señora del Pilar.

Ese día, nos encontrábamos un grupo muy numeroso de personas en los pinos de Garabandal a la espera de rezar el Santo Rosario. La mayor parte de este grupo lo formaban unas doscientas niñas de un colegio de Gijón, Asturias, que fueron consagradas por su maestra al Inmaculado Corazón de María de Garabandal bajo el pino principal donde se apareció tantas veces Nuestra Madre.

 

Pequeña imagen de la Virgen de Garabandal
que se venera en los pinos.

 

Durante la consagración comenzó a soplar un fuerte viento y el cielo se quedó de un color tan negro que impresionaba; por temor a ser derribados por la fuerza del viento, nos sentamos como pudimos y yo quedé de espalda al pueblo. Al término de la consagración de las niñas el viento cesó y yo no puedo saber lo que me hizo volver la cabeza, pero sin levantarme y mirando al Cielo en dirección al pueblo, lo que vi no hay palabras para poder describirlo: en el cielo, pero dentro del entorno del pueblo y como saliendo de la Iglesia Parroquial de Garabandal, vi el más maravilloso arco iris que puede existir, cuyo colorido y fuerte resplandor nunca olvidaré.

 

Un Arco Iris sobre el pueblo de Garabandal, con mucho más colorido y mucho más brillante que el de la foto, quedó grabado en mis gafas.

 

Hice una señal a mi hermana María Asunción que se encontraba a alguna distancia de mí, también sentada en el suelo, y ésta, al ver aquello, se puso en pie como impulsada por un resorte. A continuación las demás personas que nos encontrábamos allí hicimos lo mismo y contemplamos aquella belleza.

No sabíamos qué podía indicar aquél arco iris, pero algo nos decía que no era un arco iris normal. De este modo, estuvimos bastantes minutos rezando y alabando a Dios por aquel regalo. Al final mi hermana exclamó mirando a mis gafas:

-- ¿Qué has visto, qué has visto?

Yo la contesté:

-- Lo mismo que tú y las demás personas, esta maravilla del cielo.

Mi hermana insistió:

-- No, a mi no me engañas, porque tu has visto algo.

Y la respondí.

-- ¿Por qué había de haber visto algo?

Alcancé la intención de la pregunta de mi hermana María Asunción cuando me dijo:

-- ¿Por qué tienes grabado en las gafas a fuego el arco iris?

Llamamos a dos testigos para que lo identificaran: uno era Manolo del Corte y otra Manolita Fernández; ambos corroboraron lo que yo había visto en las gafas de mi hermana y además, en el cristal derecho estaba el arco iris más bajo que en el cristal izquierdo. Esto sucedió por la posición inclinada de mi cabeza cuando estaba sentada mirando al Cielo. Entonces yo respondí a mi hermana:

No ves que ha sido tanta la intensidad de su luz y la grandiosidad de sus colores que aún lo llevas en la retina. No fue así pues han pasado más de veinte años y allí siguen en los cristales de mis gafas, grabado como si fuese a fuego los colores de aquel maravilloso arco iris igual que se veían en aquel inolvidable día.

Algunas veces las gafas han desprendido un olor a rosas mezclado con el de pino y hay días que se ven como con más intensidad los colores de ese arco iris grabado en ellas.

Las he llevado dos veces a Garabandal y allí despiden unos rayos esplendorosos.

Algunas personas al verlas se han postrado de rodillas con lágrimas en sus ojos, pues veían que Garabandal es lugar escogido por la Santa Madre.

Toda esta verdad la relato por obediencia y a petición del Padre Jesuita Francisco A. Benac, pero no me creo privilegiada por ello. Dios da sus favores a quien le place y yo poseo ese testimonio del lugar de las apariciones de la Madre de Dios en San Sebastián de Garabandal.

A mayor Gloria de Dios y de su Madre María Santísima.
 
Firmado, María Encarnación Villanueva Díaz.
Santander, 8 de febrero de 1979.