José Díez Cantero,
albañil del pueblo de Garabandal.


José Díez Cantero es Pepe Díez, Pepe, el albañil del pueblo de Garabandal.

Conozco a las niñas desde chiquitas del todo y conozco toda su familia. Eran como todas las demás del pueblo: iban a la escuela, a sus trabajos con sus padres. Eran simpáticas, atentas, normales en todos los sentidos, pero yo creo que tenían como una gracia especial, desde las Apariciones.

Cuando la primera Aparición yo creí que era un cuento de las niñas; se decía que si habrían visto un pájaro grande, o algo que las asustó. Se habló de esto el primer dia. Las niñas bajaban impresionadas contando que habían visto un Ángel.

Al día siguiente, el lunes, yo tenía un pequeño trabajo en casa de la señora Aniceta, la madre de Conchita y por la mañana me fui a mi trabajo pero no me atrevía mucho a preguntar a la madre o a sus hermanos de lo que había visto Conchita.

A la hora y media de yo estar en mi trabajo, con Aniceto, un hermano de Conchita, ví que se reunían allí tres niñas, Conchita, Mari Loli y Jacinta; Mari Cruz tardó un poco más de tiempo; pero se reunieron las cuatro.

Empecé a meterles miedo, para saber la verdad.

-- Oye niñas, ¿qué habéis visto?.

-- Hemos visto un Ángel.

-- Vais a ir a la carcel. Han avisado a la Guardia Civil y os llevan a la cárcel y a tu papá y a tu mamá.

Las niñas se quedaron tan tranquilas, sin asustarse ni nada y me dicen:

-- Pues que nos lleven a la cárcel, y a mi papá y a mi mamá también; pero nosotras hemos visto al Ángel.

Entonces el hermano de Conchita se enfadó, que no quería que hablaran nada de esto y dije:

-- Oye deja, que parece que tu hermana y las otras no se han asustado por lo que yo he dicho, me parece que no les importa o no comprenden lo que es ir a la cárcel.

Yo se lo dije metiéndoles miedo, pero tenía este pensamiento de que podía ser algo importante. Cuando ya habían transcurrido tres o cuatro dias y terminé este trabajo, estábamos en otro trabajo, haciendo un puente y va Mari Loli a llevar la comida a su padre y a los obreros que estábamos trabajando alli, estaríamos unos ocho a diez. El puente estaba a unos tres kilómetros del pueblo de Garabandal. Le pregunté a la niña:

--Oye, pero ¿qué habéis visto?.

No se asustaba nada, sino que decía:

-- Hemos visto el Ángel.

A las ocho y media de la tarde, de este mes de Junio, dije:

-- Pues hoy voy yo a ver qué pasa.

Muchas personas que querían ir, no se atrevían, se quedaban retiradas, a larga distancia; pero yo quería acercarme a las niñas. En el momento que estaban en éxtasis, había una diferencia enorme en las niñas. Cuando estaban en aquellos momentos, con una mirada al cielo y con una mirada tan concentrada, era una cosa muy sobrenatural para mí.

Cuando yo llegué a la Calleja, las niñas ya estaban en éxtasis. Había gente, entre ellos el Sacerdote que estaba aquí, don Valentín; éste se quedó pálido totalmente, sin hablar, se quedó cortado del todo; había también gente de fuera y algunas personas de aquí: una señora que se llama Emilia, otra que era Serafina, bueno, varias. Estaban las cuatro niñas, yo estuve mirando un minuto escaso y me entró una cosa interior, no sé como decir, pensé: aquí hay algo muy especial.

El segundo éxtasis que ví al dia siguiente, como ya se divulgó esto rápidamente, venían centenares de personas de los pueblos más cercanos, incluso ya venían también muchos sacerdotes.

En estos dias de las primeras apariciones yo me fijaba mucho en los sacerdotes y me extrañaba mucho esto: que a ellos mismos les veía discutir, unos que sí, otros que no era nada, otros que esto era una aparición, que era una cosa que pudiera ser cierta, y otros que nó. Discutían mucho, entre ellos mismos. Lo hacían públicamente, discutían en la calle, discutían donde fuera, no se reservaban para discutir esto.

Para mí, por la fé que tengo en la religión, siempre pensé que los sacerdotes no podrían discutir esto porque parecía ser cierto, cosa de la Virgen, cosa de Dios.

También venían médicos. Un día había dos señores médicos, uno de ellos delante de las niñas con una linterna muy potente y con aparatos, haciéndoles pruebas a la vista y a la cara. Mientras este señor hacía esto, había otro médico detrás de las niñas, de rodillas. Estaba pinchando a las niñas en las piernas, con agujas. A este señor han querido hasta pegarle. Es que en ese momento las niñas, hablando con la Virgen, decian:

-- ¿Cómo?, ¿que nos están pinchando?. ¡Ay, si no nos duele!.

Esto, oido por mí. Las niñas seguían hablando de sus cosas y a los dos minutos decían:

-- iAh!, ¿que nos pinchan otra vez?.

Y en esto dice un señor:

-- ¿Quién pincha?. ¿Qué pasa?, ¿cómo las niñas dicen esto?.

Y cogieron a ese médico haciendo pruebas.

Yo diría que he visto más de doscientos éxtasis; ahora que, claro, no los ví todos, porque aquello duró muchos meses. Además que, en un día, han tenido tres, cuatro y cinco apariciones. El mismo dia, podia venir la Aparición a las ocho y media o nueve o diez; y había otra a las tres de la mañana, a las cuatro de la mañana, a las seis de la mañana.

No hay nadie que pueda decir que las niñas se notasen cansadas y luego se diría ¿dormirían de dia?: No, yo sé que no, porque durante el dia siempre viniendo personas, y otra persona y otra, y había tanta gente que venía a preguntarles, por lo que no podían ni dormir. Y eso que duraban las apariciones a veces dos horas, tres horas y las hubo de más de cuatro horas. Y con la posición de la cabeza, la mirada al cielo, no se fatigaban ni nada, ninguna de las niñas, todas tan frescas y sonrientes.

 En ocasiones iban a velocidades enormes. No se sabe a qué velocidad iban, una rapidez extraordinaria, porque considero que no puede correr una niña de doce, trece años, como un chico de dieciocho, veinte, veinticinco, acostumbrado a correr, acostumbrado a andar para ir a su trabajo, además con los caminos que hay en Garabandal, y muchas veces no ha sido posible seguirlas.

Me fijaba mucho en esto: el paso de las niñas era un paso normal pero a veces avanzaban tres veces más que cualquier persona. Seguirlas era a veces imposible; el movimiento de sus piernas lo hacían como una marcha normal pero a veces con una rapidez enorme era una cosa extraordinaria.

Tendría yo unos treinta y cinco años y casi nadie me ganaba a correr, no me ganan hoy que no soy tan joven, menos entonces. Cuando andaban de rodillas o para atrás era menos rápido, pero una persona, andando normal, no podía seguirlas. 

Pero es que también era una cosa que no sé qué explicación darle a esto. Porque hay que conocer un poco los terrenos que hay aquí en Garabandal y más al subir a los Pinos, a la Calleja, con todas las piedras que había entonces. Las niñas salvaban todos los obstáculos con una facilidad enorme. Iban mejor que si mirasen donde ponian el pié, y esto también andando para atrás y de espaldas. No tropezaban nunca, se orientaban más facilmente que yo mirando normalmente.

He visto noches muy difíciles, nevando, caer nieve, caer agua en su cara, mirando al cielo con una sonrisa y ellas seguían su marcha, su aparición, sin hacer gestos de que aquello les molestase ni nada. Es muy dificil comprender esto; aún viéndolo, es muy dificil.

Muchas veces las toqué, en barullos o avalanchas de personas, alguna vez cogía una niña u otra por el brazo. Notaba una cosa muy extraordinaria, tan extraordinaria que no parecía carne, no parecía una persona humana, parecía, digamos, un bloque, o sea una cosa rígida, una cosa muy dificil de explicar.  El verlas tan natural por una parte, muy natural: andar, sonreir, hablar; pero al tocarlas no, era rnuy diferente.

Había muchos hombres, con sus veinte años, con sus veinticinco años o treinta, hombres que podían levantar cien kilos; eso los levantaba yo y no solo levantaba una niña, sino dos; estoy seguro que estando ellas normales levantaba a dos a la vez y eso no sorprendía. Pero he visto que estos señores de mucha fuerza, porque algunos los conocía, han hecho esta prueba y no han podido despegarlas del suelo, estando ellas en éxtasis, diciendo: ¿Cómo es esto?.

Una vez, me acuerdo que estaba el padre de Jacinta y había un chico de veinticinco años, y dice:

-- Oye, he oido esto, dicen que no hay quién levante a las niñas, ¿me dejarían?.

Estaba el padre de Jacinta al lado de él y dice:

Mire señor, aquella es mi hija, le doy permiso para que vaya a levantarla. Conozco muy bien al padre de este chico, no son de aquí, el padre se llama Vicente, y el chico Vicentín y estos viven ahora en Santander. El chico se acerca a la niña que estaba acompañada de Mari Loli y de Conchita, no estaba Mari Cruz este dia, y Jacinta estaba en la parte del centro. Va el chico este y coge a la niña y venga a hacer esfuerzos pero no pudo despegarla del suelo. Se volvió donde el padre de Jacinta y dice:

-- Oye, ¡no he podido levantarla!. Si voy a Santander y digo esto, no me creen; esto era a la puerta de la Iglesia . Se le quitó el éxtasis a unos diez minutos de ocurrir esto, y dice el padre de Jacinta:

-- Mire, ahora se le ha quitado el éxtasis, vaya a ver si ahora la puede levantar. Y este chico coge a la niña delante de su padre, que éste le había dicho:

-- Oye Jacinta, no te molestes que este chico quiere ver cuánto pesas.

La niña estuvo quieta y la levantó igual que una muñeca y dice:

-- Hombre, ahora sí que estoy convencido que esto es verdad. Pero esto yo no lo puedo decir porque no me lo cree nadie.

Esto ocurrió en presencia mía. Allí estaba el padre de Jacinta que lo puede decir.

El milagro de la Comunión visible de Conchita.

Para mí, la prueba, la más importante de todas, fue el éxtasis del milagro de la Forma. Cuando fue anunciado el milagro de la Forma, aquella noche yo iba al lado de Conchita. Iba escuchando a Conchita que, con una voz muy dulce, decía:

-- iAh!, qué vas a hacer un milagrucu... ¡Ah!, ¿que lo tengo que decir?.

El 22 de junio de 1962 el Ángel anunció que habría un milagro. Muchas personas preguntaron a Conchita qué le había dicho la Virgen. Y ella nos dijo que estaba muy contenta porque tenía una cosa muy importante que decir.

-- Dios va a hacer un milagro; la Virgen me dijo que recibiré la Comunión y que lo verán todos.

 Pero no decía dónde ni ninguna cosa. Esto fue en 1962, no me acuerdo muy bien de la fecha y el tiempo que transcurrió desde que se lo dijo la Virgen hasta que fue. Como unos doce o quince dias creo. En esta aparición iba Conchita sola.

Entonces ya se supo en todas partes que iba a haber un milagro por lo que llegó mucha gente, digamos, de cinco mil a seis mil personas; yo diría que algunas más todavia. Yo quería verlo y esa gracia me la concedió Dios y la Virgen, que sino era muy dificil. La Madre de Conchita me dijo:

-- A ver si por favor podrías acompañar a mi hija.

-- iQué dificil es esto!, ¿cómo la voy a acompañar, con toda la cantidad de gente que viene?. ¿Por donde la voy a acompañar si no se sabe por donde ni cómo va a ser esto?.

-- Es que si no quieres acompañar a mi hija, hay peligro de que la maten, que la pisen, que la atropellen.

-- Bueno, pues tén confianza en mí; que yo estaré desde las siete de la mañana hasta la hora que ocurra.

No sabíamos la hora ni nada, y solo me fui media hora a comer a mi casa; nada más terminar de comer regresé otra vez. Y allí, venga esperar y esperar y esperar, pues es muy pesado esto, nada más por no perder la oportunidad de saber a qué hora podría ocurrir el milagro como la niña decía y tener la posibilidad de estar muy cerca de ella.

Foto: José Díez señala con su mano derecha el lugar de la Comunión visible de Conchita, de la que él fue testigo. A la izquierda de la foto y al fondo, se ven las escaleras que suben a la casa de Matilde, una de las casas mas humildes del pueblo. Matilde fue testigo también.

Muchas veces, las niñas, en éxtasis, vinieron a darle a besar el crucifijo a Matilde y decía que su casa era tan ruín que no quería que entrase la gente pero las niñas solas sí. Esto lo pedía con frecuencia: que una niña le viniese a dar el Crucifijo a besar. Con frecuencia, alguna de las niñas venía a solas a su casa, le daba a besar el Crucifijo y Matilde se ponía muy contenta de esta delicadeza de la Virgen para con ella.

Foto: Matilde en las escaleras de entrada a su casa. Matilde oyó el ruido de la gente y salió, bajó las escaleras y se puso al pié de ellas. Conchita salió de su casa en éxtasis, dió vuelta a la esquina que da a la calle donde estaba Matilde, en este momento Matilde ya la vé venir y justo allí, delante de ella, Dios quiso que tuviese lugar el Milagro de la Comunión visible.

18 de Julio de 1962. En España la hora era una más que la hora solar y por ello, la una menos cuarto de la madrugada era todavía el dia 18.

Dice Pepe:

Era sobre la una menos cuarto de la madrugada del dia 18 de Julio de 1962 cuando la niña cayó en éxtasis en su propia casa y salió a la calle. Había multitud de gente. Empezó a dar el Crucifijo a besar a una persona, a otra. Yo seguía a Conchita al pié de ella. La gente se agrupaba, todo el mundo quería ver. A mi me dejaron sin mi cinturón. Eran personas que me agarraban para ir mas cerca de la niña. Fue muy dificil para mí, no para la niña. Para mi, porque digo:

-- ¡Bueno, a mí me matan!.

Me matan porque venían unas avalanchas de personas como qué se yo, cincuenta a cien. Se atropellaban y yo no he tenido más remedio que agarrarme al brazo derecho de Conchita. Digo:

-- Bueno, aquí lo que Dios y la Virgen quieran; si nos matan, que nos maten juntos.

Había otras muchas personas, entre ellas, sus hermanos, sus primos, sus familiares, muchas personas del pueblo haciendo lo mismo que yo; pero ninguno iba al lado de ella, todos iban a una distancia.

Fuimos desde su casa hasta una calle que es más amplia. En este tramo es cuando yo he visto muy dificil poder seguir a la niña y por eso iba agarrado al brazo de ella. La niña cae de rodillas en esa calle; al caer de rodillas es cuando yo he soltado el brazo.

Mi vista estaba sobre la niña; empezó a hablar y con una sonrisa empezó a abrir la boca y sacar la lengua, muy naturalmente. La lengua la sacó bastante afuera. Ví la lengua completamente limpia. Estaba muy pendiente de todo lo que podía ocurrir y me fijé bien en la niña que sacaba la lengua completamente limpia. Yo estaba como a cincuenta centímetros escasos de su cara y viendo la lengua limpia.

Tuvo la lengua como un minuto afuera, sin verse nada, entonces pasó una cosa misteriosa: de repente, aparece una Forma en la lengua de Conchita. Aseguro que la niña, en el momento que sacó la lengua, la tenía limpia; no hizo movimiento ninguno con su cara, ni con su boca, ni con su lengua. Como yo, pueden decirlo muchas personas que estaban al lado. Yo estoy seguro de lo que he visto. La lengua totalmente fuera y limpia y de repente, apareció la Forma. No fueron ni segundos siquiera, fue de repente que la Forma apareció allí. No he visto cómo ha venido; ha sido instantáneamente y no me atrevo ni a decir segundos, porque fué instantáneamente.

Ha tenido la Forma en la lengua como tres minutos, o sea, que no ha sido sacar la lengua y tragar la Forma, sino que ha esperado unos tres minutos; otros dicen que dos minutos, dos minutos y medio, yo me parece que más bien han sido tres, o incluso más, pero bueno, vamos a decir sobre tres minutos.

En el primer momento era una Forma natural, normal como una Forma dada por un Sacerdote.

Esto que dice Pepe aclara las diferentes versiones. Conchita solo vió la Hostia en manos del Ángel y cuando la recibió era normal; luego fue aumentando de tamaño y grosor, pero esto ya era en su lengua y ella esto no lo vió porque miraba a lo alto, pero sí la gente. Se vé en la foto que la Forma era mas gruesa de lo normal.

Pero luego esta Forma, desde el primer momento hasta tres minutos, esta Forma ha ido en aumento, era algo vivo, algo muy difícil de explicar para mí, porque yo veía algo vivo en la Forma, como el mar, cuando las olas brillan con el sol y se mira de muy lejos, que se vé brillar y esto era lo que se veía en la Forma.

Era algo vivo, como brillando dentro y luego en su totalidad. Hubo bastante aumento en la circunferencia y el espesor; había algo vivo que se movía. Fue un momento de gran veneración para los que lo vivieron atentamente y con fé: La Presencia real de DIOS vivo en la Hostia.

Después de estos tres minutos, la niña tragó la Forma con una satisfacción enorme, con una sonrisa y su manera de persignarse y de santiguarse con su Crucifijo.

Al llegar la Virgen, después de haber recibido la niña la Comunión, le dijo: "Todavía no creen todos".

Conchita se levantó y siguió la Aparición hasta el portal de la Iglesia, recorriendo varias calles del pueblo, y ha hecho una visita a la Calleja, en el sitio de las primeras apariciones, y esto transcurriendo bastante tiempo, una hora posiblemente.

Luego ha regresado en dirección a su casa y en el mismo sitio donde ha tenido el éxtasis, se le ha quitado y la niña tan satisfecha, diciendo que si ya estaban todas las personas contentas, conformes, preguntando esto; la gente contestaba que sí, que sí, estamos conformes, que hemos visto el milagro. La niña preguntaba esto solo por el deseo que tenía de que la gente creyese en el milagro y en las Apariciones.

Escribe Conchita en su diario:

Este milagro que Dios Nuestro Señor hizo por intercesión del Ángel San Miguel, algunos lo vieron completo, otros sólo vieron la Forma en la lengua, en ese momento creyeron firmemente, tanto los que lo habían visto, así como los que sin verlo creyeron por los informes de los que lo vieron.

Dice Pepe Díez:

Una vez que ha tragado la Forma la niña, me fijé en qué personas había allí que podía conocer. He visto varios sacerdotes, más de tres sacerdotes, incluso cuatro o cinco; estos sacerdotes llevaban sotana y eran conocidos.

Yo he tenido que marchar a mi casa a cambiarme la ropa porque me han dejado la ropa mal por causa de los tirones de algunos, queriéndome agarrar para ir siguiendo a Conchita.

Han hecho declaraciones de esto, pero a mí, oficialmente, no me han preguntado, que si lo hubieran hecho yo con mucho gusto les habría contado todo lo que he visto; nadie me ha convocado oficialmente, ni interrogado sobre el milagro de la Forma o los otros éxtasis que yo ví. Nadie, oficialmente, se ha preocupado de preguntarme sobre esto, aunque he hecho muchas declaraciones y han sido publicadas.

Las noches de los gritos:

Creo que era el dieciocho y el diecinueve de junio de 1962. En una de las apariciones que tuvieron por la tarde, anterior a esto que voy a explicar, las niñas han dicho que les había dicho la Virgen que tenían que volver a la Calleja, no sabían a qué; todas las personas del pueblo estábamos pendientes de qué pasaría. Fuimos con ellas y llegamos a un punto donde la Virgen les ha dicho que no pase de allí nadie, ni padres, ni madres, ni amigos, nadie; que quieren estar solas donde han tenido las primeras apariciones.

Todo el mundo ha respetado esto y nos hemos quedado como a unos cien metros. Había mucha gente, digamos unas cien personas; hicimos todo lo que las niñas dijeron. Era ya de noche, la obscuridad total. Oímos unos gritos, como una persona que pide auxilio, todos quedamos asustados, preguntándonos lo que ocurria.

Los gritos venían de las niñas; ellas gritaban y no se entendía muy bien lo que gritaban, sino que era una cosa de miedo; pero no se atrevía nadie a ir más allá, se ha respetado lo que las niñas han dicho, que no pasara nadie.

Poco tiempo después, digamos diez minutos a un cuarto de hora aproximadamente, de estos gritos que estoy hablando, las niñas regresaron a donde nosotros estábamos y llegaron hasta unos diez metros  de donde nosotros estábamos y se han quedado con la mirada hacia donde habían tenido la aparición. Una de las niñas traía las manos como en posición de querer evitar una cosa que iba a venir. Es de las pocas veces que he visto hacer una cosa de éstas, muy rara, como una cosa grave.

Esto ha sido el primer dia. Se les hacían preguntas, pero han dicho:

-- Tenemos que volver mañana, a esta misma hora.

Vino al dia siguiente lo más grave. Ese día ya no eran solo María Dolores y Jacinta, estaba también Conchita; en esto Mari Cruz no estaba. Han dicho lo mismo al segundo dia, que la Virgen dice que no pase nadie hasta que ellas no digan, y quedaron ellas solas; han ido al sitio de la Calleja. Pero aquella noche ha sido ya de miedo para todas las personas que estábamos allí.

Aquel día vino un fraile, que estaba de visita aquí y asistió a esta aparición. Y el fraile, cuando sentía estos gritos pues se ponía a rezar y había personas que le decian:

-- Padre rece.

Esto no lo escuchaban las niñas, porque había esta distancia que he dicho, como ciento cincuenta metros aproximadamente.

Cuando el padre rezaba, las niñas aplacaban sus gritos y cuando el padre dejaba de rezar y nosotros que le acompañábamos, las niñas empezaban otra vez a gritar y esto duró de veinte minutos a media hora. 

Se puede decir que yo era una persona que no había conocido el miedo, pero aquella noche me temblaban las piernas y me decía: ¿cómo es que me tiemblan las piernas?, esto es que tengo miedo. Nadie decía nada, pero se notaba el miedo en todas las personas. Al mismo tiempo, se oían a las niñas unos llantos, unos gritos, esa manera de hablar. Me acuerdo que Maria Dolores, al mismo tiempo que las demás gritaban, decía:

-- ¡Ay!, espera, espera, ¡lleva primero a todos los niños pequeños!, ... espera a que se confiesen todos.

Claro, entonces nosotros, al escuchar esto, es cuando teníamos miedo; pero un miedo que no se gritaba sino que era por dentro; todos lo tomábamos muy en serio. Todas las personas miraban hacia el cielo, queríamos mirar a ver que podía ser lo que las niñas veían, ya que hacían un movimiento con sus manos como de querer evitar una cosa que iba a venir.

Luego, seguidamente, al quitárseles el éxtasis, se les hizo varias preguntas. Las niñas dijeron:

-- Hemos visto el Castigo, hemos visto una cosa peor que si nos quemaran; va a ser una cosa horrible.

Hay que hacer penitencia y hay que hacer todos estos mensajes que las niñas han dicho ya varias veces, y yo diría que de esto se ha hecho muy poco, porque cada vez el mundo va cambiando de mal en peor. No queremos escuchar lo que la Virgen ha dicho y no sé en qué parará esto.

Una vez terminó la Aparición de esta noche, al siguiente, ha ido todo el pueblo, en general, a hacer su confesión con este fraile franciscano, que estaba aquí con el permiso de Don Valentín, el párroco, y a comulgar.

Los objetos besados por la Virgen:

Voy a explicar un caso muy curioso de una anciana de este pueblo, una persona de fe, una persona buena. Esta señora coge un dia su rosario y le dice a una de las niñas, que creo era Conchita:

-- Oye Conchita, como dais los rosarios a besar a la Virgen, ¿puedo dar el mío?.

-- ¡Sí, sí, cómo nó!. Démelo, que cuando tenga aparición se lo doy a la Virgen para que lo bese.

La niña coge el rosario. Aquella noche o al dia siguiente, en una de las apariciones, dió el rosario a besar con otros muchos y después del éxtasis le entrega el rosario a esta anciana y dice:

-- Tome señora, el rosario ya está besado por la Virgen.

Pero esta anciana pensó:

-- A ver si esta niña no le ha dado el rosario a besar a la Virgen, no estoy conforme.

Y ha cogido el rosario y se lo ha llevado a Jacinta. Entonces, este es el caso curioso que he presenciado: viene Jacinta y entre los rosarios, medallas, cadenas de cuello, estampas, está el rosario de esta señora; y la Virgen comenzó a besar todo de uno en uno; a veces era un peso enorme de objetos que las niñas traían para dar a besar a la Virgen; cuando ha llegado el rosario de esta señora, dice Jacinta: ¡Ah!, ¿que éste no lo besas?... ¿que ya está besado?... iAh, no lo sabía!... Ya te lo había dado Conchita.

Esto ha dicho la niña en éxtasis. Fué un caso curioso, porque nadie sabía si el rosario estaba besado o no estaba besado; esto lo sabía la anciana. Esto fue lo que yo presencié y lo que me ha impresionado a mí.

 Ahora voy a contar otro caso que para mí fue bastante importante. En presencia mia había un señor que traía muchos rosarios y estampas y los entregó todos juntos a la niña Maria Dolores, y dice:

-- Mira, venimos en grupo y en vez de venir todos a entregártelos para que se los des a besar a la Virgen, pues te los traigo yo. Le pides a la Virgen si estos objetos se los puedes poner a los dueños.

La niña dijo:

-- Se lo pediré a la Virgen.

Yo estaba muy pendiente durante la aparición de este dia, y he visto cuando dió todos los objetos a besar y una vez de terminar de besar, empezó a buscar a las personas a quienes pertenecían, sin ser conocidas para la niña. Algunas personas decían:

-- A ver si no es mi cadena, a ver si no es mi rosario.

Pero luego comprobaron que era exacto, sin confusión ninguna. Es muy dificil porque habría más de cien, y no se le enganchaban nunca uno a otro, que la niña los tenía todos hechos una bola, o sea, todo mezclado, cadenas con rosarios y anillos, en fin, un lio que no podía deshacer nadie; ellas sacaban cada uno con una facilidad enorme, sin enredo ninguno, y se lo ponían a su dueño sin mirarles. Esto es una cosa maravillosa y como este caso he presenciado muchos muy parecidos. Era muy corriente esto, era a diario.

Yo tenía costumbre de salir todas las noches. En tiempo de invierno, que era el tiempo muy duro, muy malo, después de un dia de trabajo, decía:

-- Voy a ver si las niñas tienen aparición esta noche y si es pronto igual espero, si no, me vuelvo a mi casa. Pero no volvía a mi casa, era como si una fuerza me empujase. Iba a la casa de la una o de la otra, que estaba la puerta abierta y preguntaba a las niñas:

-- Mira, voy a dormir pero quería saber si vas a tener aparición.

Ellas decían que tenían unas llamadas interiores, que tenían tres llamadas. Y entonces, esto era una cosa muy extraordinaria porque si las niñas, al preguntarles, no tenían esa llamada te contestaban que "no" pero como con pena. Al contrario, si tenían llamadas contestaban sonrientes:

-- Sí, ya tengo una llamada o ya tengo dos o ya tengo tres.

Cuando decian la de tres, ya estaban las niñas muy contentas. Pero siempre, una vez de tener tres, duraba muy poco tiempo el que les viniera el éxtasis. A la tercera llamada ya venía la Virgen.

Con mucha frecuencia visitaban las casas. Había personas ancianas, que no podían salir a ver los éxtasis y también algunas personas enfermas y las visitaban con frecuencia y les daban el Crucifijo a besar; iban por las calles, a los Pinos, a la calleja; también, con mucha frecuencia, iban al cementerio. Las primeras veces solían pasar dentro del cementerio, visitando varias tumbas de familiares y otras personas. Iban a veces de noche y a veces acompañadas. Al entrar al cementerio lo hacían pocas personas, normalmente se quedaban fuera. Las niñas entraban sin miedo, como si entraran por la puerta de su casa, nunca se les notó nada de miedo.

Muchas veces me ha tocado acompañarlas hasta la puerta del cementerio. A la puerta del cementerio iban con mucha frecuencia, igual lloviendo, nevando, que haciendo buen tiempo. A la puerta del cementerio, las niñas caían de rodillas y rezaban pidiendo por las almas de los difuntos.

Estoy completamente convencido de que todo es una realidad en todos los sentidos. Para mí, las Apariciones son verdad y lo que Conchita tiene anunciado, las profecias, en fin, todo esto que ha dicho la Virgen. Yo pienso que todo es cierto.