Déjame contarte el resto de la historia...

Con estas palabras, mi nueva amiga, Peggy, respondió a mi saludo por la línea telefónica. Peggy finalmente me había telefoneado después de haber transcurrido varios meses, para hacerme saber algo importante. Ella y yo sabrán Ustedes, nos habíamos conocido en Minneapolis, Minnesota en Noviembre de 1995 en un curso odontológico. Antes de eso, cuando me encontraba sufriendo muchos dolores después de mi accidente vehicular, me era imposible asistir a ningún curso dental fuera de Toronto. Luego, después de haberme curado en Garabandal, España en abril de 1994 (ver la historia de Mike en las páginas WEB) fui a Minneapolis para un curso de ortodoncia.

    Cuando estaba partiendo de Toronto con rumbo a Minneapolis, empaqué una revista GARABANDAL de enero de 1995 con mi caso relatado en ella. No supe en absoluto por qué estaba haciendo esto o por qué llevaba folletos de Garabandal conmigo. El propósito de este viaje, para mí, no era ir a hablar sobre mi mismo sino a escuchar a otros disertar sobre odontología, bandas ortodóncicas, etc. Curiosamente cuando regresé a casa tuve que contar a mi esposa, Helen, acerca de la extraña manera en que comencé a conversar con alguien. Le dije que esta persona debió haber pensado que estaba yo loco debido a la manera muy poco usual que utilicé para dirigirme a ella la primera vez sin conocerla aún. Fue una reacción obviamente inusual de mi parte, que hasta yo quedé sorprendido de mí mismo, permítanme contarles como sucedió todo.

    El sábado de mañana temprano, aquel Noviembre, cuando me senté en esa gran sala de coferencias con otros 500 dentistas, había todavía muchos asientos vacíos disponibles. Había sillas vacías alrededor mío y en todo el salón. En forma bastante inesperada, alguien vino y tomó el asiento junto al mío, en lugar de utilizar el saludo de costumbre normal que cualquiera esperaría, e.g.: "Buen día... Hola... mi nombre es Michael Rozeluk, ¿cuál es el suyo?..." etc.etc., muy inesperadamente, como caídas del cielo, las palabras que salieron de mi boca fueron las siguientes: "¿CREES EN DIOS?" Ella dijo "SI". Proseguí ..."¡porque deseo contarte como a través de las oraciones y la intercesión de María, me puse bien"!

    Esta dama demostró interés y así principiamos una conversación en voz baja. Rápidamente le conté sobre mi persona y como fui curado en Garabandal. Estaba genuinamente interesada en mi rara apertura para con ella y quería más información. Me solicitó que le enviara más información. Lo cual prometí hacer. Me dio su dirección y su nombre, Peggy McGinty, una odontóloga de Ponca, Nebraska.

    Después del curso de dos días de duración, emprendí el regreso a casa preguntándome por qué me hube acercado a ella de manera tan extraña. ¡Poco sabía yo que Dios tenía sus mañas! ¡Y aún estaba en mi camino aprender mucho más y experimentar Su guía antes que nada! Al regresar a Toronto, le envié los materiales requeridos sobre Garabandal.

    Los meses transcurrieron y no hubo respuestas de Peggy. Pensé que nunca escucharía algo sobre ella otra vez. Justamente cuando había casi olvidado el asunto, el teléfono sonó y las primeras palabras fueron, "Mi nombre es Peggy Mcginty y nos encontramos en Minneapolis en una conferencia odontológica. ¿Se acuerda Ud.?" ¿Cómo podría haberlo olvidado? ¡Era la cosa más extraña que alguna vez la dije alguien! ¡Por supuesto me acuerdo! Fue una alegría escucharla nuevamente, me dijo que esta vez me correspondía a mí escuchar el resto de la historia. Mejor aún, Peggy ahora les contará a Uds. su propia historia y como encaja en este lugar. Peggy... todo tuyo.

LA HISTORIA DE PEGGY:

    Mi conexión a los eventos de Garabandal comienza 3 años atrás en una convención odontológica en Minneapolis, Minnesota donde conocí al Dr. Michael Rozeluk. Ese sábado de mañana había llegado tarde a la conferencia porque creí que comenzaría a la misma hora que el día anterior. Cuando llegué, la sala de conferencias estaba a obscuras porque ya habían comenzado la proyección de diapositivas, de modo que no podía ver muy bien. Era una reunión bastante grande, cerca de 700 dentistas y la sala estaba atestada. Me tomó un par de minutos, pero finalmente ubiqué lo que creí era el último asiento disponible en la parte de atrás y cuidadosamente me hice camino a través de la obscuridad hasta sentarme.

    Aparte de los suplementos del seminario, tenía también conmigo un libro que estaba leyendo, titulado "El Fundamentalismo Protestante y el Renacimiento del Catolicismo" del Padre Robert Fox. Lo puse sobre una mesa próxima a mí, así podría leerlo durante el descanso. La razón por la cual me encontraba leyendo el libro era porque estaba considerando abandonar mi Fe Católica, ya que no estaba convencida si era la Verdadera. En los varios meses que precedieron al congreso odontológico, había estado rezando con un grupo de Cristianos Pentecostales que me habían argumentado acerca de la posición de María en la Iglesia.

A pesar de no haber tenido una devoción particular por Nuestra Bendita Madre, naturalmente La defendí, porque sabía que yo no La consideraba igual a Dios, ni la adoraba. Sin embargo, les dije a quienes suponía "mis amigos" Pentecostales, que si Dios me mostrase que María no era parte de la Verdad, yo la haría a un lado y no pediría por su intercesión. Así, todos se reunieron alrededor mío, me impusieron las manos y oraron (muy fervientemente debo agregar) para que "Dios guíe mis pasos y ponga a la persona correcta en mi camino para que me condujera a Su Verdad." Recuerdo las lágrimas en mis ojos, porque verdaderamente estaba buscando el camino que me llevara a Cristo y si eso significaba que María no estaba en dicho camino, entonces sinceramente abriría mi corazón a esa posibilidad.

    Un par de semanas después de la oración, asistí a un Seminario sobre Jesús y María en Rapid City, Dakota del Sur, y por primera vez en mi vida escuché la historia de Nuestra Señora de Guadalupe. Ahora, para darme un poco de crédito, había escuchado el título de Nuestra Señora de Guadalupe anteriormente, pero me figuraba que solo se trataba de algo hispánico. Nunca nadie me hubo contado sobre Juan Diego o la Tilma o nada por el estilo.

    Estaba completamente sorprendida. Ahora, cuando rememoro aquellos tiempos, entiendo que el precioso conocimiento del milagro de Guadalupe se mantenía reservado para mí, hasta algún momento en que más lo necesitaría de manera a permanecer en el sendero de la Verdad, y no alejarme del refugio protector que el manto de mi dulce y santa Madre me ofrecía.

    Dentro de ese mismo marco de tiempo, hice la travesía hasta Minneapolis para lo que creí significaría aprender algo más sobre Ortodoncia, pero Dios tenía una agenda más elevada en mente. Tenía una contestación que dar, la cual penetraría profundo dentro de mi corazón y mi espíritu. Dios quería remover toda duda en mí y revelarme que María no era solo la parte más definitiva de la Verdad, sino que ella era Madre de la Verdad, y que no había en el mundo otra criatura que nos condujera a Cristo de la manera más rápida y segura con que ella lo hace.

    Ahora, de vuelta al Dr. Rozeluk (nunca puedo relatar una historia en línea recta, creo que se trata de una característica irlandesa). Una vez que hube tomado mi asiento, este hombre a mi derecha, a quien nunca había conocido antes, se inclina y me susurra, "¿Eres católica?" Un poco sorprendida por la pregunta, contesté también musitando, "Sí, pero soy una católica en busca de la Verdad." El entonces replicó, "Tengo algo que quisiera compartir con Ud. durante el receso". Curioso, "Muy bien", dije. El luego procedió a relatarme sobre la curación de la lesión en su espalda a través de la intercesión de María de Garabandal; como desde entonces, su vida de Fe había sido desbordada por la abundancia de dones y gracias, reflejadas en las curaciones y conversiones que Dios manifestaba a través de la medalla que le hubo sido dada y que había sido tocada a otra medalla besada por los labios inmaculados de Nuestra Madre Celestial (Ver re Kissed en la página WEB). Me encontraba profundamente impresionada por su sinceridad y humildad. Intercambiamos direcciones y números de teléfonos y desde aquel entonces ya no hablaría más al Dr. Rozeluk por varios meses.

    A medida que manejaba las 5 horas del largo viaje de regreso a mi hogar en Nebraska, tenía mucho que considerar y rezar. Realmente me impactó cómo de entre 700 sillas en ese Hall de convenciones precisamente resulté sentarme al lado de un dentista que había sido curado gracias a la intercesión de María. Entre la Tilma y la curación milagrosa del Dr. Rozeluk, ahora sabía que Dios había verdaderamente "conducido mis pasos" y no podía esperar contar a mis amigos Pentecostales la Verdad, de modo a que pudieran ellos compartir mi alegría y abrazar también a María como su Madre e Intercesora.

    Cuando llegué a casa, llamé a uno de ellos por teléfono y entusiasmadamente compartí lo que Dios me había hecho saber. Imaginen mi sorpresa cuando me dijo que fue Satanás el que curó al Dr. Rozeluk. Lo encaré desafiante diciendo "Entonces..., ¿rezamos a Dios y a Satanás para que respondieran a nuestras oraciones?" Y ya que él estaba tan compenetrado en la Biblia le exigí que me mostrara en que parte de las sagradas escrituras Satanás curó a alguien. No pudo responderme. Entendí entonces que cuando ellos habían puesto sus manos sobre mí y rezado para que "Dios guiara mis pasos y me condujera a la Verdad" sus corazones estaban de antemano cerrados a Su respuesta, debido a que habían decidido ya por ellos mismos cual era la verdad. Bien, como pueden adivinar, dejé de rezar con ellos y ahora rezo por ellos. Todavía soy una peregrina en jornada de búsqueda de la Verdad, pero ahora camino con mis manos firmemente prendidas de las manos inmaculadas de mi bendita y tierna Madre, a medida que ella me guía tras los pasos de Su Hijo, mi Salvador y mi Dios. Me he enamorado de la Iglesia Católica, la Novia de Cristo, y se me ha concedido madurar un amor precioso por el Santo Padre, Juan Pablo II.

Gracias, Gracias, mi tierna Madre, por mantenerme cerca de tu Corazón Inmaculado y protegerme de los caminos peligrosos y las trampas del diablo. Estoy eternamente agradecida.

En los corazones de Jesús y de María.
Peggy McGinty

DONNA LEE... EL RESTO DE LA HISTORIA:

    Unas dos semanas después de haberme contado Peggy esta historia maravillosa, llamé a mi amiga, Donna Lee en Nueva York. Hablamos por unos minutos y luego me vino a la memoria Peggy y su hermosa señal. Quise compartir esta historia con Donna. Mi relato comenzó de esta manera, "Donna, hace poco tuve una llamada de una tal Peggy McGinty"... Donna Lee continuará de aquí en adelante.

..."¿Cómo era el nombre, Mike?" "Por favor, dí de vuelta el nombre, Mike." "¿Dijiste Peggy McGinty?"

"Sí, - Dra. Peggy McGinty," Mike lo repitió una vez más para mí.

    Mike no tenía idea de cómo ese nombre me golpeó como un relámpago. Cómo podría él saber que la mención de una persona, miles de millas lejos, a quien nunca he conocido, habría de ser una flecha de amor a través de mi corazón. Con todo mi "ser" inundado de una alegría tal, proclamé fuertemente, "¡Gracias Señor, Oh gracias Señor!"

    Pedí a Mike que repitiera el nombre, porque quería estar segura, necesitaba confirmar una vez más lo que ya había escuchado. Creo que estaba también ganando un poco de tiempo para recuperar el aliento. Luego empecé a contar a Mike lo que había sucedido.

    Muchos meses atrás, se me concedió una noche de intenso sufrimiento. Como es mi costumbre, pregunté, "¿qué querrías que hiciera, Señor?" Se me encomendó hacer un Rosario por un alma que estaba siendo atacada y por ende en severo peligro. No se me dijo la naturaleza del peligro. Pero me llenó con un sentido de urgencia y horror. No sé cuantos Rosarios recé esa noche, pero, cuanto más rezaba peor era el sufrimiento. Este era un ataque MUY serio. En algún momento cercano al amanecer, sentí disminuir el sufrimiento. La respiración se me tornaba ahora más liviana, la paz y un agotamiento gentil hicieron inmediatamente cambiar mis oraciones hacia las de acción de gracias. Esta batalla había sido ganada. Antes de retirarme a dormir, pregunté: "Querido Señor, si es tu deseo hacerme saber por quien fue esto, me gustaría saberlo. Más si aún no es tu voluntad, te agradezco por el don de esta noche". Solo una cosa escuché... "PEGGY McGINTY" Este no era un nombre común. Ni un nombre que conocía. Me dormí. La mañana siguiente, le pregunté a mi querido RJ, si alguna vez hubo escuchado este nombre. Nunca lo escuchó.

Nunca cesa de sorprenderme cómo el Señor no acaba de ser generoso. Por esto quiero significar: ...cada oración es escuchada...cada don o sacrificio es aceptado...cada día ofrecido en reparación es recibido...cada ofrecimiento de nuestro trabajo, juegos, responsabilidades, alegrías, lágrimas, risas, comuniones, debilidades, son todos usados en la interminable obra de la redención.

No necesitaba tener un nombre... pero se me dio uno.
No necesitaba saber la naturaleza de la batalla... pero se me la reveló.
No necesitaba un don de reconocimiento...pero estaba envuelto bajo las formas de un amigo, y la etiqueta decía, "Te quiero mi niña, y te lo agradezco." ¡El Señor nunca acabará en generosidades!

Y trataré de decirlo una vez más, "Soy yo quien te agradece Señor".

Donna Lee

    Los tres de nosotros quienes estuvimos envueltos en este milagro de la guía de Dios, se lo agradecemos de la manera más especial; tres personas que no se conocían unos a otros, tres personas que estaban prácticamente separados por continentes. Y todavía somos uno en El. Sabemos que El nos ama a todos tremendamente. Esta es Su misericordia, Su amor, Su guía. El dio a Peggy un signo como a nadie más cuando las primeras palabras que le dije fueron... "¿CREES EN DIOS?" Y luego... ¡qué importante verdaderamente es María en nuestras vidas! Ya que fue a través de su intercesión que fui curado.

Y ese.... es el resto de la historia.
 

Nosotros tres, la Dra. Peggy McGinty, Donna Lee y yo, el Dr. Michael Rozeluk ponemos nuestras firmas a este documento, atestando su completa veracidad y precisión, este 26° día de Enero, 1999.


Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.

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