Ucrania 2004 - Luba Nakonechna

Vasyl no necesitó operación.

 

Por el Beso que he dado, mi Hijo hará prodigios.

 

Ucrania 2004 - Kalush.

Vasyl no necesitó operación.

Mi nombre es Luba Nakonechna. Vivo en la provincia de Lviv, Ucrania. Quiero contarles un suceso muy triste y doloroso que sucedió a una familia.

A finales de abril del 2004, su hijo, Vasyl, sufrió un accidente de automóvil y quedó en una condición muy crítica. Había cuatro personas en el coche. El conductor perdió la vida, mientras Vasyl se tiró fuera por la puerta de al lado. La cabeza dio fuertes golpes y una pierna se rompió por dos sitios. La pierna necesitaba cirugía inmediatamente pero debido a que la cabeza estaba muy mal, la operación no se pudo hacer. El chico tenía que ser llevado a otro hospital, pero a causa de sus graves heridas en la cabeza, no podría trasladarse de inmediato.

Esta situación me puso muy triste. Cuándo visité al muchacho en el hospital, vi que sufría mucho. Yo soy también madre y tengo dos hijos de la misma edad de Vasyl; yo sufría de verlo así. Pensaba constantemente en el muchacho, preguntándome cómo lo podría ayudar. Todo lo que podía hacer era rezar. Su madre estaba fuera del país en ese momento. Como muchos ucranianos, ella había dejado a sus hijos y se fue al extranjero para ganar algún dinero para educar a sus hijos y tratar de darles una vida mejor. La madre dejó a sus dos hijos al cuidado de su padre y de su abuela. Es muy doloroso dejar a los hijos y ser incapaz de protegerlos o cuidarlos mejor.

Sin embargo, Dios nos manda a Sus ángeles a aliviar nuestro dolor y para fortalecer nuestra fe. Así sucedió conmigo. Cuando este muchacho necesitó ayuda y alivio, Dr. Michael Rozeluk y su esposa Helen llegaron en Ucrania con sus medallas de Garabandal, en las que Nuestra Señora dejó Su beso. Yo vi los milagros que sucedieron con mis propios ojos. El 8 de mayo de 2004, los Rozeluks visitaron la iglesia de la ciudad de Kalush. Yo me enteré de su visita y, junto con otros parroquianos de mi aldea, fuimos a Kalush para orar y besar la medalla. Cada uno de nosotros fuimos con nuestras dolencias y angustias para pedir ayuda a la Madre de Dios.

 

Kalush, en el interior de la Iglesia.

 

Sobre las 6 p.m. llegamos a Kalush. No pudimos entrar en la iglesia a causa del enorme gentío que allí había. Y, aunque la iglesia es grande, no cabían todos. Por esto, un gran número de personas quedó en la plaza de la iglesia. Rezamos en las puertas de entrada. Nuestro grupo éramos 19 personas.

 

Kalush, en el exterior de la Iglesia.

 

Cuando rezaba, pensaba en Vasyl. Sentía pena de él y decidí preguntar a Helen o Michael si era posible orar sobre mí para él.

El padre del muchacho no creía en nada de esto. El creía en todo tipo de medicinas y en médicos, más que en el poder de Dios. No pude convencerle, ni por su hijo, para venir a besar la medalla. Esto me puso muy triste. Estaba muy enojada con él, me dolía esto, pero él no cambió en nada. Por ello decidí pedir a los Rozeluks que rezasen sobre mí para Vasyl.

Esperé mi turno. Eran ya las 11:10 p.m. cuando me acerqué a Helen y le pregunté si era posible rezar por este joven. Helen estuvo de acuerdo. Cuando terminó de orar, Helen dijo:

-- "Usted verá que el chico se pondrá bien."

Ella me dio la última medalla que, por algún milagro, tenía todavía en su bolsillo. Esta medalla la puse luego sobre el muchacho que estaba siendo preparado para operarse.

Varios días después de esto, el 12 de mayo del 2004, Helen y Michael Rozeluk fueron a visitar una iglesia en Sykhiv, cerca de la capital, Lviv, la iglesia que el Papa Juan Pablo II había visitado (durante su visita pastoral a Ucrania). Quise encontrarlos otra vez porque ellos volvían a Canadá al día siguiente (de hecho fue 2 días después). Fui con mi cuñada y otro amigo a venerar la medalla una vez más y para decir mis adioses a Helen y Michael.

Para ese día o el día siguiente Vasyl se iba a operar de la pierna. Pero ahora su madre estaba también allí con él. Así, Vasyl, se sentía un poco mejor, acompañado de su madre.

Entré en la iglesia, subí al icono de la Bendita Madre y recé. Encendí una vela, siempre pensando en Vasyl. Pedí a la Madre de Dios que tuviese misericordia de él, y que , si se operaba, saliese bien.

Pero también le pedí que:

-- "Si fuese posible, pidiera a Dios para que el muchacho no necesitase operación."

La operación era difícil. Tenían que fijar el hueso con piezas metálicas por un tiempo y, después de varios meses, operar de nuevo para quitarlo. Pensé que el muchacho podría sufrir mucho. Oré con mucha fe y Dios me escuchó para así aumentar mi confianza en Él.

Cuándo salí de la iglesia empecé a preocuparme de cómo volvería a casa. Era de noche y estaba lejos. Habíamos venido a Lviv con el padre de Vasyl que nos dijo que la operación quizás fuese ese día pero que, primero, los médicos harían radiografías. También nos dijo que permanecería en el hospital hasta que terminase la operación. Si no había operación, él volvería con nosotros. Pero, desde que él no regresó, por mucho tiempo, nosotros pensábamos que el muchacho se estaba operando.

Pero las cosas no eran como las imaginamos. Hay algo más que la mente humana. Es el poder de Dios: ¡Sucedió un milagro! Cuando salí de la iglesia, llegó el padre del chico. Mi cuñada le empezó a preguntar si operaron o no y por qué vino tan tarde. El padre salió de su coche y dijo que:

-- No habría operación porque, en la segunda radiografía, se verificó que los huesos se estaban curando por sí mismos muy bien.

¡Todo lo que el médico hizo fue poner una escayola en la pierna de Vasyl! Un mes más tarde, Vasyl volvió a casa, sano y feliz. Ahora él dice a todos que la medalla que él recibió le salvó de su estado crítico.

Estoy sinceramente agradecida a la Bendita Madre de Dios por este gran milagro, por aumentar mi fe y por las curaciones que he visto de tanta gente que ha recuperado su salud y su fe. Amén.

Luba Nakonechna.
Ucrania.
Febrero, 2005