Inocencio Cosío

Inocencio Cosío.

Cuando las Apariciones yo vivía en Cosío, a poco más de cinco kilómetros de Garabandal, y subí con mucha frecuencia a Garabandal; he vistos muchísimos éxtasis. Solía estar muy cerca de las niñas y así podía oirlas. Cuando salían del éxtasis yo les preguntaba el por qué habían dicho esto o aquello.

Recuerdo un día que las niñas dijeron en éxtasis:

-- ¡Oh, nó!, ¡eso nó!.

Después pregunté a Conchita por qué dijo "eso nó" y ella me contestó:

-- Porque la Virgen dijo que llegaría un día en que negaríamos haberla visto.

Esto fué en el primer año, en 1961. Yo me fui de aquí a Méjico en Abril de 1962. Durante estos meses desde Junio de 1961 hasta Abril de 1962 viví, durante las Apariciones, las cosas más maravillosas que uno se pueda imaginar. Impresionaba ver a las niñas en éxtasis.

Una noche, las niñas, en éxtasis, caminando por el pueblo, rezaron el Rosario y la gente con ellas. También rezaron las Letanías y cantaron canciones que la Virgen les ayudaba a componer. En estado normal no sabían rezar bien, ni sabían los misterios ni las letanías, ni llevaban bien la cuenta de las decenas, pero en éxtasis lo hicieron de maravilla sin equivocación ninguna.

Por esto yo les pregunté:

-- ¿Como es que empezáis el siguiente rezo inmediatamente después que ha terminado de rezar el último?.

Porque aquí se vió muy claramente que las niñas, en éxtasis, no oían ni veían a nadie de la gente, sino a la Visión y sin embargo todo lo hacían bien. Ellas me dijeron:

-- Porque la Virgen nos dice cuando tenemos que empezar de nuevo.

Era maravilloso y no es lo mismo decirlo que vivirlo. Seguro, segurísimo que aquí estuvo la Virgen. No hay lugar a duda para quien haya querido observar atentamente los éxtasis.

Como venía tanta gente al pueblo, enviaron una Comisión para estudiar los sucesos. Recuerdo que, un domingo, vino el Dr. Morales con otros dos médicos. Ese dia la Aparición iba a ser tarde y el Dr. Morales dijo:

-- Mientras yo esté acá no habrá apariciones.

Algo así como que si las niñas estaban sugestionadas que él las desugestionaría.

Cuando la Virgen llamó a las niñas, estas pasaron en éxtasis cerca de él sin hacerle el menor caso y él, delante de todos, se limitó a hacer algunas pruebas. Había muchísima gente y los médicos les hacían varias pruebas, pinchando a las niñas en las piernas y examinando los ojos, el pulso etc, pero las niñas no pestañeaban ni se movían.

Lo recuerdo como si fuera ayer, la gente estaba enfadada por el comportamiento de los médicos, por su forma de tratar a las niñas. Entonces el dotor Morales y los otros dos médicos se fueron. Me hubiera gustado hablar con él porque considero que estas cosas deberían estudiarse mejor observando allí todo lo que sucedía.

 De todo lo que he leido, oido o visto, no ha habido cosa como esta ni en Fátima ni en ningún otro sitio. ¿Cómo puede una niña estar en éxtasis durante tres horas?. Es algo que merece ser estudiado, por la forma en que sucedía. ¿Por qué el Doctor Morales cree ahora tan firmemente y es un defensor ferviente de las Apariciones?.

El Doctor Morales dió una conferencia en el Ateneo de Santander y dijo con firmeza que él cree. ¿Por qué, siendo un hombre de tan reconocido prestigio, no se estudiaron mejor las Apariciones?.

Cosas como estas no se ven en esta vida. Yo soy un hombre corriente, pero para mí lo que pasó aquí es cosa de Dios y no hay otra explicación posible. Son los hechos más maravillosos de los que fui testigo. Recuerdo la emoción de la gente cuando bajaba del pueblo; una tal emoción no se puede explicar a menos que se hayan vivido esos momentos en que se sentía la presencia de la Virgen con las niñas en éxtasis.

Durante una Aparición que duró unas tres horas, las niñas iban en éxtasis e iba mucha gente detrás de ellas. Después de un rato, las niñas se separaron, y Conchita, todavía en éxtasis, quedó sola. Con su cara mirando al cielo y su cabeza totalmente doblada hacia atrás, con los brazos extendidos en forma de cruz, empezó a correr por el pueblo, muy rápida, cosa que ella hizo en varias ocasiones.

Se movía a tal velocidad que nadie intentó seguirla. La gente prefirió quedarse. Solo un hombre y yo, que tenía entonces 31 años, corrimos detrás de ella. Cuando la alcanzamos, ella ya había llegado a la puerta de la Iglesia, que estaba cerrada. Allí paró y se arrodilló.

Después de rezar en la puerta de la iglesia, se levantó y salió rápida hacia el puentezuco que allí había y se cayó en tierra donde una piedra grande que había allí. Ella estaba allí con una expresión angelical en su cara. Me acerqué a ella para ver mejor esa cara de ángel y la oí decir:

-- ¡Espera un poquito mas, solo un poquito mas!. ¡Qué bien ...!

Tan feliz estaba allí con la Virgen. Era maravilloso ver a las niñas en éxtasis, felices con la Virgen.

Desde allí, ella se levantó y se empezó a mover y, sin tocar el suelo con sus pies, la vimos caminar por el aire unos diez metros, con su cara mirando a lo alto y sus brazos extendidos. No estaba muy separada del suelo, unos 25 centímetros, y de una manera maravillosa.

Fue una de las cosas mas maravillosas e impresionantes que he visto; su porte, su forma de andar y la expresión de su cara eran del todo admirables.

Alli todo sucedía de un modo que no se parece en nada a lo que se pudiera hacer, incluso si se pudiese hacer naturalmente, porque la expresión y belleza de su rostro y su vivencia interior eran de una alegría que a todos nos llenaba de emoción porque era la Virgen quien la llevaba. Toda la gente que estuvo allí esa noche estaba muy emocionada por lo que vieron.