Una pequeña botella de agua bendita

Por el Reverendo Padre Francois Turner, O.P.

En 1960, Muriel Catherine llegó a Burgos procedente de París. Era una estudiante de 18 años de edad, hija de padre judío y madre protestante, estaba ansiosa por aprender español. Algunos amigos le dieron la dirección de Ascensión (Chon) de Luis, una joven mujer que vivía sola en su departamento propio y con quien la francesa podría quedarse por un par de meses.

El sábado siguiente a su llegada, Chon observó un velo en la valija de Muriel. Inmediatamente asumió que era Católica y le preguntó, "¿a qué hora iremos a misa mañana?" Ya que Muriel no entendía mucho y menos hablaba el español, sintiéndose un tanto tímida en este nuevo ambiente, no pudo explicar tan fácilmente su situación. Al día siguiente fueron a Misa. Chon se percató rápidamente, y con mucho tacto, psicología y espíritu Cristiano, hizo que la recién llegada se sintiera como en casa, con toda libertad. Le explicó que le darían la oportunidad de aprender algo sobre el Catolicismo si ella lo desease, y conocer muchachas de su misma edad. Muriel iba a descubrir que estas niñas católicas podían ser profundamente religiosas y al mismo tiempo disfrutar el baile y la natación. También descubriría que ellas visitaban a los pacientes pobres en los hospitales.

El principio de la Conversión

En Burgos, Muriel Catherine fue presentada a los Padres Carmelitas a quienes tomó mucha confianza desde un primer momento. Ellos le proveyeron de un libro sobre Santa Teresa de Lisieux, el cual leyó, y Chon la instruyó con conocimientos rudimentarios sobre la Fe Católica. Muriel respondía positivamente, y un día arrodilladas juntas frente a la estatuilla peregrina de Nuestra Señora de Fátima, dijo su primer Ave María. FOTO: Muriel recibió su primera Santa Comunión en lo de las Teresianas.
 

Por el tiempo en que Muriel debía retornar a Francia ya estaba interesada en convertirse al catolicismo y se lo comentó a sus padres. Le contestaron que ella estaría libre para decidirlo recién cuando cumpliera la edad de 21. Ninguno de los dos padres profesaba su religión propia.

Chon seguía sosteniendo correspondencia con Muriel, quien eventualmente en Julio de 1961, hizo una segunda visita a Burgos, esta vez con la firme intención de solicitar su bautismo cuando alcanzara los 21.

Entrando a Garabandal

El tiempo transcurría y un día, Muriel pidió a su amiga un pequeño crucifijo. Chon, no pudiendo encontrar uno en su ordenado y bien cuidado departamento, decidió ir a una joyería y comprárselo. Estando allí, se enteraron de los eventos que estaban ocurriendo en una villa llamada San Sebastián de Garabandal, en Santander. Chon pensó: "¿Podría ser este el factor decisivo en la conversión de mi amiga?" Y así... partieron, ambas movidas por la Fe y la Esperanza.

Las dos jóvenes mujeres arribaron a Garabandal un Domingo, 27 de Agosto, pero su primera impresión no debió haber sido una de las mejores. Los otros visitantes que se

encontraban ahí parecían estar solo interesados en divertirse con lo que había hecho a un cura Salesiano comentar, continuamente, que más daba la impresión de que fuera el diablo el que estuviera apareciéndose antes que la misma Virgen.

Al día siguiente, dos de las jóvenes visionarias y sus familias, afectadas por lo que el sacerdote había dicho, prepararon una pequeña botella de agua bendita para arrojarla a la aparición la próxima vez que se presentara. Jacinta y Mari Loli celosamente guardaron su pequeño frasco y no lo soltaban por nada del mundo.

Esa noche, Muriel y Chon pudieron entrar a la casa de Jacinta donde ocho o nueve personas estaban reunidas; Jacinta con sus padres, Loli con los suyos y el Padre Valentín Marichalar, el pastor de la villa. Chon habló brevemente a las dos niñas de 12 años sobre la situación religiosa de Muriel, les solicitó que rezaran por ella, y les confió su propio rosario de plata.

No mucho después, Jacinta y Loli entraron en éxtasis. Mencionaron en su hablar susurrante que un cura había venido y les había dicho que se trataba del demonio, y con expresiones sobrecogedoras de tristeza y temor, le contaron a la Visión que le arrojarían agua bendita para que se alejara, pronto, sin embargo, sus expresiones cambiaron de la tristeza a la alegría a medida que estallaban en maravillosas sonrisas y soltaban los frascos de agua bendita a sus costados y tras ellas.

"Ella no es Católica..."

Las dos niñas estaban sentadas sobre taburetes de cocina frente a Chon y Muriel, y sostenían en sus regazos los artículos religiosos que les fueran dados para que la Bendita Virgen los besase. Se les escuchó esta vez claramente diciendo, "Ella no es católica...no está bautizada...ven, ayúdala... oh, a causa de sus padres...," permaneciendo en el mismo tema por un tiempo. Foto: Chon de Luis (derecha) reza en el Pinar con Loli (izquierda) y Conchita. Después de su visita inicial a Garabandal con Muriel, Chon regresó varias veces y llegó a ser un testigo importante de todos los acontecimientos.

Después comenzaron a ofrecer a la Visión los objetos que sostenían en sus faldas. Sin bajar la cabeza ni moviendo sus miradas desde aquel punto en lo alto, tomaban los artículos uno a uno y con graciosos gestos de los brazos, levantaban los objetos como si tratasen de alcanzárselos a los labios de sea quien sea iba a besarlos.

Cuando llegó el turno del rosario de Chon, ella las escuchó decir, "Oh, con este rosario ella aprendió a rezar...dijo su primer Ave María con él." Loli se mantuvo repitiendo esto y lo bajó entre los otros objetos religiosos cuando Jacinta lo tomó, lo levantó y dijo otra vez, "Su primer Ave María... su primer Ave María." Finalmente, lo bajó sobre las rodillas de Loli junto con los otros objetos. Chon se encontraba pasmada, y tanto más lo estuvo cuando se enteró más tarde que fue el único artículo que la Virgen hubo aceptado besar dos veces hasta ese día.

Una vez que las niñas hubieron terminado de ofrecer los objetos a ser besados, se les escuchó decir, "¿Ahora? ¡Bien!" y Loli alcanzó tras su taburete el frasco con el agua bendita. Luego lo destapó y con fuerza lanzó su contenido hacia arriba, delante suyo. Chon describe lo que pasa luego: El agua no siguió un curso normal. No cayó encima mío que estaba sentada precisamente en frente de Loli. Más bien, haciendo una curva misteriosa a su paso, cayó como una pequeña lluviecilla sobre Muriel, sentada de cara a Jacinta. El Padre Valentín, quien estaba detrás de Muriel, me aseguró que ni una simple gota había caído en él. Yo, que estaba sosteniendo su brazo — nos recostábamos la una en la otra a causa de la emoción - puedo también testificar que nada del líquido cayó sobre mí. Al contrario, Muriel sintió este "baño" misterioso no solo en su cabeza, sino también en su vestido y aún en sus pies. "Sí, me empapé," dijo. Esto era verdaderamente notable, ya que el frasco era muy pequeño y ni siquiera se encontraba lleno.

Un poquito después, vimos a Loli ansiosamente buscando algo mientras repetía, "el suyo, el suyo... ¿dónde está el suyo? Es muy pequeño." Finalmente, en esta cocina pobremente iluminada y como si su mano estuviera siendo guiada, recogió una estatuilla de Nuestra Señora de Lourdes de dos o tres centímetros ( cerca de una pulgada) que yo les había dado. Estoy segura a causa de la luz escasa que había, que no la podría haber encontrado si su mano no hubiera sido guiada. Foto: El 28 de Junio de 1969, los padres de Muriel estaban presentes cuando ella y Eleuthere, propietario de un restaurante Griego en la Cuadra Latina, se unieron en santas alianzas.

Loli levantó la estatuilla para que fuera besada, pero aún alargando el brazo todo lo posible no pudo alcanzar a la Visión, ni aún pudo llegar a sus pies. Jacinta entonces se puso de pie, levantó a Loli por sus rodillas sin el mínimo esfuerzo y la elevó como si pesara no más que una pluma. Todos estos movimientos fueron hechos con una delicadeza insuperable, sus rostros resplandeciendo con una inefable felicidad.

Loli alcanzó al personaje misterioso que estaba allí y aparentemente tuvo éxito en su misión, mientras Jacinta la colocaba de vuelta al suelo, ella dijo, "¿Debo dársela a ella?... ¿debo ponerla en su bolsillo?" Entonces, se aproximó a Muriel quien contenía la respiración (como ella estaba sentada sobre otro taburete, uno no podía saber si traía bolsillos o no), Loli muy cuidadosamente puso la estatuilla dentro del bolsillo de Muriel.

Ese no fue el final. Las dos pequeñas hicieron algo que nunca habían hecho ni habrían de repetir. Se pararon en frente de Chon y Muriel y se inclinaron hacia ellas como haciendo reverencia, pero de tal modo que parecían ir en contra de las leyes de gravedad, todo esto con gracia y naturalidad. Y después Loli, sin retirar sus ojos de la Visión, empezó a inclinar su cuerpo hacia Muriel, hasta el punto de apoyarse casi encima de ella en una posición al parecer imposible de sostener y sin el más mínimo movimiento que indicara una pérdida de equilibrio.

Finalmente, las niñas comenzaron a hablar a la Visión: "¿Aquí, debemos rezar aquí?" Recitaron entonces una estación a Jesús Sacramentado. El episodio completo desde el principio al final, duró más de media hora. Chon finaliza su testimonio de esta manera:

Vimos la despedida, ellas presentaron sus mejillas para que las besase la Visión, primero una de las niñas y luego la otra, mientras decían vividamente "No te vayas tan rápido... quédate solo un poquito más!"

El bautismo de Muriel

Después de haber conocido a Chon, el hermano de Muriel les dijo a sus padres que deberían permitir a Muriel regresar a Burgos donde era tremendamente feliz. Dieron su consentimiento y en 1963, fue de vuelta a aquella ciudad española.

De sus cartas, Chon sabía que Muriel rezaba todos los días, y cuando llegó a Burgos le dijo, "podrás ver a un cura en esta ciudad pero dependerá exclusivamente de ti si quieres bautizarte."

Muriel ya había decidido que quería hacerse Católica y en Octubre 20 de 1963, el bautismo tuvo lugar en la catedral de Burgos, una de las más magnificentes en toda España. Para su nombre bautismal, eligió "María del Carmen" lo cual Conchita había sugerido con insistencia. Cerca de 100 amigos de Garabandal habían asistido a la ceremonia presidida por el Padre Ramón Andreu, hermano del finado Padre Luis Andreu.

La recordación de Muriel del evento es de lo más feliz por dos motivos, por ser una gran experiencia religiosa ("Sentía una paz interna tal como nunca la he sentido antes," dijo) y por la atmósfera reinante sumamente agradable. Recibió su primera Santa Comunión en lo de las Teresianas y un almuerzo festivo fue servido por las Esclavas, donde recibió pequeños obsequios de todos los que asistieron, incluyendo el de Máximo Foerschler cuya conversión del Protestantismo estaba también directamente relacionada a Garabandal. Foto: Muriel y su marido ahora viven una vida tranquila en las afueras de París con sus dos niños, Christine-Marie (9) y Jean Emmanuel (12).

Al día siguiente, Muriel y Chon fueron a la iglesia Jesuíta, a la capilla contigua de la Virgen de Fátima para hacer una visita de acción de gracias. Fue aquí donde Muriel hubo por primera vez volcado su alma y corazón en Jesús y María. Después, retornaron a casa y fueron a la pieza de dibujos de Chon, donde ella conservaba unas pocas ramas de los pinos de Garabandal, secas y pequeñas, que ya tenían un año de arrancadas, y cuyos últimos vestigios de fragancia podían solamente detectarse sosteniéndolas bien cerca de la nariz.

Entrando a la habitación, se sorprendieron por un potente aroma a pinos que llenaba toda la pieza. Eas dos mujeres entendieron que esto era un signo de que la Virgen estaba feliz.

Muriel permaneció en Burgos por casi dos años enseñando Francés en una escuela de Señoritas regenteada por las hermanas Salesianas. Sus Padres eventualmente aceptaron su bautismo y vinieron a Burgos donde Chon de Luis los recibió en su casa. Se sorprendieron ambos de forjar tan rápido una amistad mutua.

Hoy, Muriel Catherine vive tranquilamente en un suburbio de París con su esposo ortodoxo griego, Eleuthere, y dos niños (ambos bautizados católicos), Jean-Emmanuel, 12, and Christine-Marie, 9.

Cuando Muriel llegó a Burgos en 1960, no podía haber imaginado que tres años después estaría regresando otra vez a esa misma ciudad para ser bautizada en la iglesia católica, en la famosa catedral de Burgos. Para ayudarla a lo largo del camino hasta alcanzar su destino final, estuvieron dos niñas montañesas, una hermosa y misteriosa Señora y una botella de agua bendita.

Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.(03/2002)


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