El encuentro con el Arcángel San Miguel

En el "Cuadro", el sosiego se había ido imponiendo a la muchedumbre. Casi todos rezaban en voz alta, formando dos coros, en que se alternaba el español con el francés. Era algo extraordinario aquella noche luminosa, con miles de estrellas centelleantes, aunque sin luna.

De pronto, ante las exclamaciones de algunas personas, todas las demás levantaron la cabeza. Por el Noroeste iba subiendo una estrella, singularmente brillante; describió un amplio círculo bajo la bóveda celeste y volvió a su punto de partida.

Dos minutos más tarde,  aparece otra estrella, que parece estar sobre la vertical de la casa de Conchita; empieza a moverse muy lentamente hacia los Pinos y acaba perdiéndose en la infinita lejanía por encima de éstos.

Dice don Juan Álvarez Seco:

... Esperando a Conchita entre las 23:30 y las 23:45 del citado día 18 de junio. La primera estrella fue vista con mucha intensidad, muy reluciente y de color de oro; salió como del suelo hacia arriba. La otra, de menor intensidad, se movió más horizontalmente.

Poco después llega Conchita.

Sobre las doce menos cuarto de la noche, Conchita, seguida de algunos sacerdotes y varios guardias civiles, sube por "la Calleja", en estado completamente normal. Avanza con la mirada fija. Los "flash" de los fotógrafos empiezan a disparar sobre ella. Un guardia civil le pregunta:

-- ¿Es aquí, Conchita?.

-- No señor, un poco más arriba.

Al llegar al sitio señalado, la joven se desploma de rodillas sobre las afiladas piedras del camino. Ha empezado el éxtasis.

Los ojos de Conchita han quedado fijos en el cielo; sonríe y pronuncia unas palabras en voz muy queda; pero enseguida cambia totalmente de expresión y unas lágrimas ruedan por sus mejillas.

Fotógrafos y operadores de la televisión disparan sus cámaras y sus fogonazos de luz le dan de lleno en los ojos, plenamente abiertos, pero ella ni parpadea ni hace el menor gesto. El éxtasis es absoluto.

18 de Junio de 1965.  Conchita, en medio de la foto y mirando a lo alto, recibe el segundo Mensaje por mediación del Arcángel San Miguel.


Dicen los testigos:

-- Conchita hizo la señal de la Cruz sobre sí misma con una piedad y una majestad indecibles; su rostro se transfiguró y resplandecía de luz interior. Un sonreír angelical que en ciertos momentos se cambiaba por un aire de gravedad verdaderamente solemne.

El P. Luna nos dice:

Me encontré, al fin, en alto, a poco más de un par de metros de Conchita, que ya estaba en éxtasis y a quien veía y oía perfectamente.

Me impresionó aquella belleza sobrehumana de su rostro, hablando sin pestañear, entre torrentes de luz que proyectaban focos, cámaras y linternas.

Me sobrecogió verla llorar, como hasta entonces nunca había visto. De sus ojos brotaban lagrimones, que se juntaban en hilillo y, tras llenar la concavidad de su oreja izquierda, caían al suelo.

La oí decir con voz entrecortada:

-- ¡No..., no...! ¡Todavía no!... ¡Perdón, perdón!...

Luego decía, como repitiendo y preguntando:

-- ¿Sacerdotes?... ¿Obispos?... ¿Dos de julio?...

La vi santiguarse con majestuosa lentitud y súbitamente se llevó las dos manos a la cara, tratando de proteger sus ojos de los potentes focos de luz. El éxtasis había terminado.

Algún detalle más:

Conchita permaneció inmóvil como unos doce o trece minutos. De pronto, siempre en éxtasis, se pone de pie y con su mano derecha da a besar el Crucifijo al Ángel; cae nuevamente de rodillas y besa el Crucifijo con una extraordinaria expresión de amor.

Fue en este momento cuando uno de los guardias civiles, con el rostro demudado, se santiguó solemnemente, como diciendo:

-- Yo creo.

Luego, Conchita, sin poder darse cuenta en absoluto de lo que había a su alrededor, sin cambiar para nada la inmovilidad de su rostro ni la fijeza de su mirada, fue dando a besar el crucifijo a tres personas, precisamente tres franceses: un viejo sacerdote que se encontraba a su lado, un padre de familia, residente en España desde hacía tiempo, y un profesor cristiano de Mauleon, bajos Pirineos. Eran el Padre Pel, el señor Mazure y el señor Piqué.

Después de signarse y santiguarse con extraordinaria devoción, Conchita bajó la cabeza y, sonriente, sin muestra de fatiga alguna, se levantó.

El éxtasis había terminado. Todo el mundo quería ver a Conchita de cerca, hacerle preguntas, sobre todo desde el momento en que se dijo que ella había recibido un mensaje.

Don Aniano Fontaneda, dice en su carta al P. Andreu:

El Crucifijo que dio a besar en el éxtasis era el mío, que se lo había dejado cuando me fui de su casa, camino de "el Cuadro".

Al volver, fue dando a besar a todos este crucifijo; y a la puerta de su casa, siguió, hasta que terminaron de besarle; entonces me lo devolvió, y todos venían a pedírmelo, pues querían besarlo.

Para conocer el mensaje, había que esperar a la mañana siguiente.

Al amanecer del sábado, día 19 de junio, Conchita apareció como nueva, sin síntomas de la gripe que había padecido.

Incansablemente, pacientemente, iba atendiendo a todos lo mejor que podía. Unos querían despedirla; otros, que les dedicase fotografías o estampas, o que les besara algún objeto piadoso. Los más iban con preguntas sobre el mensaje.

Hubo misas en la iglesia parroquial. A una de ellas fue Conchita, que estaba en ayunas. Al ir y volver de la iglesia, se vió más asediada que nunca de preguntas. A mediodía se hizo a la puerta de la casa de Aniceta la anhelada proclamación del Mensaje.

Dice el P. Luis Jesús Luna, de Zaragoza.

Conchita me entregó el mensaje por escrito y yo lo leí en alta voz ante el portal de su casa; lo guardo desde entonces como preciosa reliquia.

El Padre Luna leyó primero el texto original español y luego lo dijo en francés. El Padre Marcelino Andréu S.J., misionero en Formosa, lo leyó en inglés.

El Angel dio, el 2 de Julio, una seria advertencia.

Se oyó en el éxtasis del 18 de Junio, la fecha "dos de Julio". En esta fecha, Conchita escribió un breve mensaje del Arcángel San Miguel para el Obispo de Santander que fue llevado personalmente al Obispado por el señor don Francisco Sánchez Ventura, quien lo entregó personalmente al Obispo, monseñor Beitia Aldazábal.

El mensaje es una "muy seria advertencia y aviso" del Arcángel San Miguel para quien trate de negar abiertamente la realidad de las Apariciones de Garabandal.

Conchita dijo que, el dia del mensaje del 18 de Junio, el Ángel estaba serio y triste.

La causa es bien evidente en el mensaje:

-- La Copa está rebosando por los pecados y ofensas contra Dios.

Las causas y los remedios nos los dice la Santísima Virgen en el mismo mensaje. Si no se pone remedio a esto, viene el Castigo, que es lo que la Virgen, nuestra Madre, quiere evitar.