Don Manuel Lantero.

Pues yo llegué a Garabandal una noche hacia las diez y media o las once, acompañado de un amigo mío de Gijón(Asturias). No explico lo que fue la subida porque ya se puede figurar: de repente, meterse por aquel camino de cabras, de noche y sin posibilidad de dar marcha atrás, fue horroroso.

Nada mas llegar al pueblo preguntamos si había algún éxtasis y nos dijeron que efectivamente estaba ocurriendo un éxtasis en aquel momento en Los Pinos. Subimos allá pero apenas pudimos ver nada porque era de noche y había mucha gente. Mi amigo tenía prisas de volver a Gijon por motivos de su trabajo pero yo le animé a que se quedara y efectivamente hicimos noche en Garabandal.

Al dia siguiente presenciamos el primer éxtasis que pudimos ver bien. Como suele suceder a todo el que llega por primera vez a Garabandal el afán de conocer primero a las niñas. Yo estuve con Loli. Le compré unos caramelos y entonces yo le dije a Loli: mira, to voy a hacer yo un milagrito también; mira como me quito el dedo. La niña mostró mucha curiosidad y quería ella hacerlo también. Yo le enseñé. Después, durante uno de los éxtasis con la Virgen, en los Pinos, la niña le contaba a la Virgen que había un señor en el pueblo que se quitaba el dedo y en pleno éxtasis le hacía a la Virgen lo que yo le había enseñado.

Esto fue a eso de las tres de la tarde cuando las niñas, que ya tenían las llamadas, subieron corriendo para los pinos. Eran Loli y Jacinta y detrás de ellas fuimos un grupo de unas sesenta personas y llegamos arriba bastante jadeantes. Las niñas se pusieron a rezar el Rosario y allí todos de rodillas rezando con ellas. Al poco tiempo, instantaneamente, cayeron en éxtasis y empezaron a hablar con la Virgen y fue en este éxtasis que Loli le contaba a la Virgen que había un señor en el pueblo que se quitaba el dedo y se lo estuvo explicando a la Virgen.

Luego ví como las niñas cogían algo y lo besaban, pensamos que era el escapulario. Había subido con nosotros un matrimonio, creo que eran de Nueva de Llanes(Asturias), acompañados por un doctor, un psiquiatra de Salamanca, el Doctor Borreguero, y estos señores pusieron el magnetofón en funcionamiento y estuvieron recogiendo toda esta charla de las niñas con la Virgen. Las niñas salieron del éxtasis y se dieron cuenta de que a sus pies había el magnetofón. Una de las niñas preguntó que qué era aquello. El dueño le explicó de manera muy elemental que era una cajuca que habían traido para recoger su charla con la Visión.

Una de las niñas cogió el micrófono y estando con el micrófono en la mano, las dos volvieron a caer instantaneamente en éxtasis. En este segundo éxtasis hubo un momento en que una de las niñas explica a la Virgen que tenían allí una cajuca que había traido un señor para que se oyera su charla con la Visión. Alargando el micrófono hacia arriba le decía a la Virgen que por qué Ella no hablaba por el micrófono. Le decía a la Virgen: ¡Anda, dí tú unas palabrinas pa que todo el mundo crea, habla tú por aquí!. Estuvo como cuatro o cinco minutos, poniéndose pesada, tratando de que la Virgen hablara para que todo el mundo creyera. Estuvimos todos a la espera de que algo se fuera a oir.

Salen las niñas del éxtasis y álguien del grupo dice: poned el magnetófono a ver como se ha recogido la voz de las niñas. Se pone en funcionamiento, todos en corro alrrededor. Las niñas hablaban con una voz muy suave y, efectivamente, del magnetofón va saliendo todo el diálogo de las niñas con esa voz suave y cuando se llega a ese momento en que la niña insiste y le dice a la Virgen, "hábla, dí tú unas palabrinas por aquí para que todo el mundo crea, habla Tú", sale una voz alta, de mujer, que dice: «No, no hablo».

En contraste con la voz de las niñas, muy débil, muy suave, se oyó perfectísimamente una voz mas fuerte y llena, que con voz seria dijo: «No, no hablo». La reacción fué instantánea por parte de todo el grupo, nos levantamos todos sorprendidos. Algunas mujeres empezaron a gritar: ¡milagro!, ¡milagro!, esto hay que llevárselo al Papa. Pusimos otra vez el magnetófono y, después de que la niña insiste, ya no se oyó voz de ninguna clase.

Fué la Virgen que hizo que se escuchara su voz directamente de Ella. Incluso la Virgen permitió que se volviera a escuchar su Voz en más ocasiones pero solo cuando la Virgen quiso, ya que nada quedó grabado.

Esta primera visita fue a fines de Julio o primeros de Agosto de 1961. En cuanto tenía la primera oportunidad, me marchaba a Garabandal por todo aquel atractivo que tenía sobre mi.

Presencié las carreras extáticas y me tocó correr detrás de las niñas y recuerdo que en una de aquellas carreras iba yo con un cuñado mio y aunque éramos los dos de patas largas, no podíamos alcanzarlas, y en una ocasión, un mozo que iba delante, se volvió y dijo: ¿han visto ustedes como han dado varios pasos en el aire?.

En una ocasión Loli, en éxtasis, estaba hablando con la Virgen y "literalmente" le decía : "como Tú quisiera llevalas yo, sobre tó pa venir a vete a Tí". Parece ser que la Virgen algo le decía sobre las faldas y la niña, al contemplar a la Virgen con su vestido hasta los tobillos, le decía que quisiera vestir como Ella, sobre todo para venir a verla. Entonces las niñas fueron a su casa y vinieron todas con unas faldas de la abuela o de la tía hasta los calcaños. Era de lo mas gracioso aquello.

De esta frase que yo oí decir a la niña, tomó nota don Valentín, el párroco, que se me acercó y me preguntó: ¿qué dicen? y le dije: pues mire, Loli acaba de decir exactamente esto y él tomó nota, en un cuadernito, de la frase de la niña. Me acuerdo perfectamente de la frase y además con la misma expresión de ella: como Tú quisiera lleva(r)las yo, sobre tó(do) pa(ra) venir a ve(r)te a Tí.

Siempre que he ido a Garabandal he tenido mucho contacto con la gente, me ha interesado siempre la fuente directa y he estado muy en contacto con las paisanas y los paisanos del pueblo. Yo hice mi propaganda en favor de Garabandal aquí en Gijón y empezó a extenderse la noticia de lo que ocurría allí arriba.

En una ocasión fuimos un grupo bastante numeroso de gente de Gijón y entre estas personas venía un chico que está un poquitín mal de los nervios. Se presentó en Garabandal con una gran ilusión de conocer a las niñas. Anduvimos por la mañana por todo el pueblo y a la tarde este chico fué uno de los primeros que presenció un éxtasis de Jacinta.

A la noche, todas las niñas tuvieron éxtasis y la gente les daba rosarios y medallas para que se los dieran a besar a la Virgen. Después que terminó todo, nos fuimos a casa de Conchita, que era la que se le había entregado mayor cantidad de rosarios. Estaba Conchita de pié al lado de la cocina y estaba su madre también. De repente entró este chico y preguntó: ¿quién es Conchita?. Le contesta Aniceta: esta es Conchita, mi hija. Entonces quitó unas medallas y dice: Conchita, bendíceme estas medallas. La madre de Conchita intervino de nuevo: oiga señor, mi niña no bendice medallas. Ella lo único que hace es dárselas a besar a la Virgen.

Entonces este chico le dice que dé las medallas a besar a la Virgen. Vuelve a intervenir Aniceta y le dice: perdone señor, la niña, cuando da a besar las medallas es cuando está en éxtasis pero así por las buenas no puede dárselas. Entonces Conchita, en la misma postura que estaba de pié allí junto a la cocina, cayó en éxtasis, y se puso como a rezar y hablaba con la Virgen y entonces extendió la mano y le cogió a este chico la medalla. Se la ofreció a la Virgen y luego se la devolvió. Fue un éxtasis precioso, además, de una naturalidad tremenda. La niña estaba normalmente cuando llegó este chico y de repente cayó en éxtasis y todo sucedió muy suavemente. Es decir le cogió la medalla, se la dió a besar a la Virgen y se la devolvió.

Esta escena impresionó a todos los que estábamos alrededor y sobre todo a mi hermana y otra chica que habían estado muy descreidas todo el día y aprovechando el éxtasis de Conchita se dedicaron a ponerle medallas en las manos de Conchita pero estas medallas resbalaron y cayeron todas. Se termina el éxtasis y preguntan a la niña.

-- Conchita, ¿con quién hablabas?.

-- hablaba con la Virgen.

-- y ¿qué te decía la Virgen?.

-- me hablaba de este señor.

-- y ¿qué te decía?.

-- no puedo decirlo.

-- ¿ha besado la Virgen esa medalla?.

-- sí, la ha besado.

-- ¿por qué la Virgen ha besado esa medalla y no ha besado las nuestras?.

Entonces Conchita dijo, muy tranquila, muy serena:

-- La Virgen conoce a la gente que viene con verdadera fé.

En una ocasión nos quedamos en la tasca de la casa de Ceferino, esperando por un éxtasis que tenía anunciado la niña de madrugada. Nos juntamos un grupo de gente en la cocina de Ceferino. Estaba Mercedes Salisachs, dos o tres asturianos, unas chicas de San Sebastián y una chica y unos señores andaluces.

Loli estaba con nosotros. Fue una tertulia muy agradable al pié de la lumbre, sobre las tres de la madrugada. Aguantábamos porque la niña decía que la Virgen se le iba a aparecer. Estuvimos allí todos muy alegres cantando canciones porque la niña tenía entre manos un magnetófono y quería grabar lo que cada uno cantaba. Cantamos por grupos.

Estando así, en esta tertulia tan animada y tan simpática, la niña que estaba sentada en un taburete, entró de repente en éxtasis y cayó de rodillas. Entonces todos salimos a la tasca e hicimos corro alrededor. La niña, en el centro, nos dió a todos a besar el Crucifijo. Fué pasando por orden y nos fue dando a todos.

Entre los que estaban de pié, había un chico catalán del que yo tenía referencias porque aquel mismo día, a la mañana, estando en tertulia conun grupo de personas, pregunté a una señora catalana sobre quién era ese señor.

Este señor estaba discutiendo con un grupo de personas en plan muy intelectual y notaba que estaba bastante negado a admitir lo que estaba pasando en Garabandal.

Me dijo la señora catalana: es que no cree en nada, lo hemos traido aquí porque no ha creido nunca en nada y menos ahora en esto de Garabandal.

Este señor era uno de los que estaba con nosotros cuando la niña, en éxtasis, daba a besar el Crucifijo. Loli se fue de rodillas donde este señor, que estaba de pié, y le alargó el Crucifijo para que le besara y este hombre no quiso besarlo. Entonces la niña decía a la Virgen: no quiere besarlo, ¡haz que crea!. Entonces se le acercó otra vez a cierta distancia y este chico se acercó al centro y lo besó. Entonces el chico se retiró, con la impresión de la gracia recibida.

Era muy corriente que las niñas en éxtasis salieran a la entrada del pueblo, donde estaban situados la mayor parte de los coches que subían a Garabandal, y en pleno éxtasis y antes de tirar camino del cementerio, por el camino que estaba a la entrada del pueblo, hacían la señal de la cruz con el Crucifijo en la carrocería de los coches. Yo presencié este hecho allí a la entrada del pueblo y entonces pensé en mi coche, pero mi coche no estaba entre aquellos. Lo tenía en un prado, frente a la casa de Conchita, junto a la fuente. Había pedido permiso para meter el cohe allí. Entonces las niñas fueron por todo el pueblo haciendo la señal de la Cruz a todos los coches. Entonces me dije: no queda mas que el mío, a ver lo que pasa.

De repente veo que las niñas van camino de la fuente que está delante de la casa de Conchita. Dije: ¡arrea, aquí van a por mi coche!. El coche estaba metido en el prado cercado donde había una portilla de travesaños. Llegan frente a la portilla y me dije: a ver como se arreglan ahora para saltar. Dieron por dos veces contra los barrotes, luego hablaron algo con la Virgen, y empiezan a subir por los travesaños, pasan al prado, donde el coche mío, y le hacen la señal de la cruz.

La Virgen nos ayuda a tener mas fé, para acercarnos mas a Dios:

Mi mujer, que ha venido alguna vez a Garabandal, no le ha preocupado mucho esto de Garabandal. No es que diga si o no. Esa postura respondía en el fondo a una situación de duda. El hecho es que en una ocasión fuí a Garabandal y a la salida de Misa me encontré con Conchita y me vino a saludar. Iba yo solo y Conchita me dice:

-- ¿que tal su señora?.

-- pues muy bien, allá ha quedado con todos los niños.

-- qué, ¿sigue dudando?.

-- Oye, ¿cómo sabes tú que mi mujer duda?.

-- Me lo dijo la Virgen.

Estuve cuando el primer Mensaje, el 18 de Octubre. Había un gentío enorme. Había mucha gente que venía buscando algo espectacular, que las niñas no habían anunciado, ya que solamente era el día de dar a conocer el primer Mensaje.

Primer Mensaje

18 de Octubre de 1961.