Testimonio de Luis, Miguel y Juan, hermanos de San Juan de Dios,
testigos de la Comunión de Conchita de manos del Angel.
 
 


Los Pinos, donde tuvo lugar la Comunión de Conchita descrita en este relato.

Testimonio de Luis, Miguel y Juan, hermanos de San Juan de Dios.

    La ruta que emprendieron los tres hermanos de San Juan de Dios es la de la antigua carretera del Cantábrico, realizada en tren, que vá por Celorio-LLanes-Unquera-Pesués. Aquí había un autobús que subia a la montaña alta pasando por Puentenansa y Cosio. Años mas tarde este autobús sale hacia Cosio desde Cabezón de la Sal.

Aunque estábamos en vísperas de Ejercicios en Celorio(Asturias), nos pusimos de acuerdo tres compañeros y un servidor y por la mañana muy pronto, casi sin saber donde íbamos, nos levantamos a primera hora de la mañana, a las cinco aproximadamente. Pero uno de los compañeros, cuando fuimos a llamarlo nos contestó: me he rajado. Este compañero no fué.

Salimos por la mañana, alrededor de las siete y diez, en el tren que nos llevaba hasta Unquera. En el trayecto preguntamos al interventor que ¿cómo se iba a Garabandal? ya que, como indicaba al principio, nos metimos en el tren, yo llamo el tren de la Divina Providencia, sin saber donde íbamos.

Este buen señor nos indicó todas las combinaciones posibles pero en principio nos dijo que era poco menos que imposible el subir a ese pueblo que el decía de las Apariciones. Llegamos a Llanes y el señor a quien preguntamos, muy amable, nos dijo que debíamos llegar a Pesués y allí salía un autobús en dirección a Cosío.

Pensando se hacia muy largo la hora de esperar nos pusimos en dirección al pueblo siguiente. A los doscientos metros aproximadamente cuando íbamos andando, casi un poco sonámbulos, nos encontramos con unos picapedreros a quienes preguntamos cómo se podría subir a Garabandal y nos indicaron que seguramente pasaría por allí un camión, alguna cosa que nos llevara.

Entre dudas y no dudas nosotros seguíamos camino adelante cuando apareció un taxi. Este taxi iba vacío, solamente iba el chofer, y solamente cabíamos tres compañeros. Quiere decir que si hubiera venido el compañero que se rajó no hubiéramos subido ninguno.

Los picapedreros indicaron al taxista que queríamos subir a Garabandal. El taxista muy amable accedió gustoso. En el trayecto empezamos a preguntarle qué era aquello de las Apariciones, cómo era el pueblo y qué opinaba de todo lo que se hablaba de la Virgen y de las niñas.

Llegamos a Cosío y ya allí, para subir a San Sebastián de Garabandal, había que recorrer unos seis kilómetros. Combinaciones para subir fatales, malísimas. Nos dijeron que había dos procedimientos o subir a pié o llegarnos en un taxi exclusivamente para esos menesteres cuyo taxista recuerdo se llamaba Fidelín.

Entonces nos encontramos con un montón de gente que estaba alli en el pueblo esperando a subir a Garabandal y otros que habían bajado. Recuerdo que nos encontramos con un médico catalán y le preguntamos, qué opinaba él, como psiquiatra, de aquello que decían era extraordinario. Él nos contestó:

-- Para mí yo creo que todo es sobrenatural, pero ustedes suban, vean y juzguen. Para mi las videntes creo que son niñas totalmente normales.

Nos pusimos de acuerdo con Fidelín, que en aquel momento llegaba. Nos subió en el taxi, se entusiasmó con nuestra idea, nos dió todas las facilidades posibles, nos contó lo que él había visto, nos dijo que para él era sobrenatural. Total que nosotros, cada vez mas intrigados, nos íbamos emocionando con aquello de la Virgen. No obstante seguíamos un poco a la espectativa y seguíamos un poco en plan de meros curiosos, nada mas, con buena fé pero sin muchas creencias sobre aquello que tanto se discutía.

Llegó el taxi al pueblo alrededor de la diez y cuarto y paró cerca de la casa de Mari Cruz. Esta niña se encontraba en una solana con su hermana mayor, cosiendo. La indicamos que queríamos hablar con ella y al momento su hermana hizo un gesto como diciendo accede y vete a hablar con estos curas a ver qué es lo que quieren.

Muy tímida, nos saludó. Inmediatamente comenzamos a abordarla a preguntas. Algunas eran respondidas pero otras mas íntimas relacionadas con sus Apariciones solo contestaba con una simple sonrisa.

Después de estar unos diez minutos aproximadamente con ella, vimos que subia por una calle Jacinta, otra de las videntes nos dijo Fidel. Nos saludó también con un sonrisa muy angelical. Comenzamos de nuevo a abordarla a preguntas pero las respuestas y manifestaciones eran similares a las de Mari Cruz.

Entonces aprovechamos para hacernos algunas fotos con ella y en esto se presentaron ante nosotros unos señores andaluzes, el pueblo estaba plagado de gente. Todo eran comentarios de lo que habian visto, de lo que esperaban, etc. La gente, nos pudimos cerciorar de que las tenia verdadera simpatía. Quizás sería por lo que estas niñas habian dado de extraordinario a estos hombres, con sus Apariciones y sus diálogos con la Virgen. Muchos llevaban alli varios dias, estaban sin comer, otros muertos de sueño.

A nosotros nos parecía aquello un poco extraño pero a la vez de picarnos la curiosidad nos daba cada vez mas pena porque teníamos que marcharnos.

Los Ejercicios a que aluden frecuentemente se refiere a los «Ejercicios Espirituales, unos dias de Oración y Meditación profunda, siguiendo el modo de San Ignacio de Loyola».

Nos dijeron, ustedes quédense que esta noche va haber una Aparición y verán ustedes cómo esto es de Dios, decian algunos. Otros muy dudosos sonreían con cierto sarcasmo. El taxista, al ver nuestra perplejidad, puesto que aquella misma noche teníamos que estar en Celorio(Asturias) para comenzar los Ejercicios, se prestó a bajarnos por la noche con una linterna, desde Garabandal hasta el pueblo inmediato, puesto que el taxi no respondía de noche por aquellos andurriales.

Nosotros accedimos, entre dudas y muchos interrogantes, puesto que pensábamos que la noche de Ejercicios se nos llegaba encima y nosotros nos quedábamos en Garabandal. Nos liamos la manta a la cabeza y dijimos ¡sea lo que Dios quiera! y vamos a ver lo que pasa.

En esto nos fuimos a tomar un bocadillo. Llevábamos cuatro bocadillos que uno era del compañero que no nos acompañó. Subimos donde Fidelín nos dijo que eran las Apariciones, nos sentamos en aquellos pinos y estábamos comentando que donde estaba Conchita, que qué pena no ver a Conchita porque según noticias estaba segando hierba.

Cual no sería nuestra sorpresa que empezando a tomar el bocadillo vimos una niña como de unos doce años acompañada de otras niñas de dos, tres años aproximadamente. Esta niña llevaba en sus manos un velo. Nosotros, sin conocerla, preguntamos que si había visto a Conchita. La contestación no se hizo esperar: Soy yo.

Nosotros entonces, al vernos en aquellos pinos acompañados de aquella niña, dijimos: vamos a abordarla y esta niña nos va a responder.

Efectivamente, estuvimos charlando con ella mucho tiempo. La invitamos a tomar un bocadillo puesto que teníamos un bocadillo que nos sobraba. La dijimos: mira este bocadillo es para tí. Nos contestó: No, porque tengo que Comulgar.

Eran las diez y media en punto. Nosotros, por aquello que tenía que Comulgar, miramos el reloj para calcular si efectivamente esta niña podía Comulgar si comiera aquel bocadillo o no. Nos dijo:

-- No puedo comer porque dentro de dos horas voy a Comulgar aquí.

Nosotros, intrigados de aquellas cosas que nos decía la niña con tanta naturalidad, seguimos preguntándola. Nos habló de Padre Pío, nos habló de cartas que escribía a gente sin saber direcciones, nos habló con una naturalidad tremendamente pasmosa sobre el cariño de la Virgen hacia todos y cómo la Virgen la decía cuando una palabra se escribía con "b" o se escribía con "v".

Nosotros comenzamos a notar un algo en esta conversación de la niña y a palpar muy de cerca el cariño de la Virgen, que es una cosa que se me quedó grabada y comenzé desde aquel entonces a ver a la Virgen muy junto a todos y, como la niña nos comentaba, ver como la Virgen se preocupa no solamente de nuestro bien espiritual sino hasta de nuestro bien material, de nuestro dolor de cabeza, de todas estas cosas que una madre se preocupa de sus niños y de sus hijos, así la Virgen, pero mucho mas, se preocupa de nosotros y desde entonces he comenzado a verlo y creo que cada dia es mas real.

Llegó el momento mas emocionante para nosotros cuando Conchita fue a Comulgar allí mismo junto a nosotros. Las niñas pequeñas estaban retiradas. Conchita dió unos pasos, nos miró y en esto se cae de rodillas. Un fuerte golpe como si fuera de una rigidez de muerto, digamos así. Comenzó a extasiarse, girando la cabeza hacia atras de una manera extraordinaria. Nosotros, asustados los tres, caimos de rodillas. Nos entró un santo temor y un santo gozo que no se puede explicar.

Entonces esta niña empezó a santiguarse, oí que decía unas palabras, la ví santiguarse y la ví que abría la boca. En aquel momento yo abriendo los ojos hasta el máximo, mirando por todos los sitios, especialmente hacia arriba a ver si observaba al Angel que ella nos había dicho que le iba a dar la Comunión. Ví nada mas que a la niña extasiada pero yo creo que con los ojos del alma se veía algo que yo tampoco sé explicar.

La niña abrió la boca, sacó su lengua y cuando sacó su lengua tuve intención de poner la mano delante de la lengua, no sé por qué, pero me dió un temor tremendo, con una alegría inmensa, mirando a ver si notaba alguna cosa.

Como digo, con los ojos de la cara no veía nada pero con los ojos del espíritu sí se notaba allí algo. Total que la niña sacó la lengua, cerró la boca y yo la oí perfectamente tragar algo que yo no ví. Entonces la niña, después de todo esto, se nos acercó. Primero se acercó a mí después de hablar unas palabras con aquel Angel que ella veía y comenzó a tocarme.

Yo me asusté, de rodillas, sin poderme levantar, me retiré arrastrándome de rodillas para que la niña no me tocara. Yo notaba alguna cosa misteriosa, pero la niña insistía hasta que tomó el Escapulario del hábito. Entonces yo, con las manos cruzadas encima del escapulario, hice fuerza para que la niña no levantara el escapulario porque yo notaba que lo alzaba hacia el cielo.

Yo, sin saber qué era aquello ni qué no era, comencé a hacer fuerza pero fue inutil porque la niña levantó mi escapulario como si fuera un caliz, con una devoción extraordinaria lo elevó a cierta altura, unos segundos en el aire, lo dejó caer suavemente, musitó unas palabras y se acercó a otro compañero. La niña siempre sin mirar a la persona sino a una cosa, a una imagen invisible, se acercó de rodillas lo mismo al otro compañero, hizo el mismo ademán, habló unas palabras, dejó el escapulario y volvió al otro compañero.

Pero el tercer compañero, mas frio, hizo un lío con los tres Escapularios del hábito para ver si la niña presentaba el mismo escapulario dos veces. Sin mirar mas que a la imagen que ella veía en el cielo, dejó el Escapulario besado, uno y otro y se quedó con el Escapulario que no había presentado. Hizo el mismo ademán, después de unos instantes la niña siguió extasiada, se hizo la señal de la cruz como yo nunca lo he visto, estuvo unos instantes mas y en esto el éxtasis había pasado.

La niña se levantó como si no hubiera ocurrido nada. Nosotros asustados, yo creo que teníamos de todos los colores, comenzamos a abordarla, casi sin poder hablar:

-- ¿Ya has comulgado?.

-- Sí, ya he comulgado.

En esto hemos de aclarar que nosotros llevámos una máquina fotográfica, ninguno de los tres la entendíamos, y no nos acordamos ninguno de haber usado la máquina para hacernos sendas fotografías. Es curioso porque las fotografías las tenemos y en las fotos hemos salido los tres, nos hemos pasado la máqina de uno a otro y no nos enteramos ninguno de los tres de cuando hicimos estas fotos.

Volvimos a las preguntas a Conchita y le dijimos:

-- ¿Por qué cogiste los Escapularios y por qué los elevabas al Cielo?

-- Me los pidió el Angel para besarlos.

-- ¿Has hablado con el Angel?.

-- Sí.

-- Y ¿qué te ha dicho?. ¿Te dijo algo de nosotros?.

-- El Angel ya sabía que estaban ustedes aquí y me ha dicho que he venido yo aquí porque estaban ustedes y también me dijo que el Señor y la Virgen están contentos con ustedes.

-- ¿Te ha dicho algo para cada uno?.

-- Sí, me ha dado un mensaje para cada uno.

-- Pues dínoslo.

-- No, que tengo que decírselo primero a la Virgen, porque el Angel me dice que lo diga antes a la Virgen.

-- Entonces nos los dirás.

-- Sí, sí, ya se lo diré.

-- ¿Y tú sabes de quién era el primero de los Escapularios que presentaste?.

-- El primero era del hermano Luis.

-- ¿Y el segundo?.

-- Del hermano Miguel.

-- ¿Y el tercero?.

-- Del hermano Juan.

Esto lo dijo pensando antes un poco como queriendo recordar. Hemos de advertir que antes del éxtasis le dijimos de una manera rápida nuestros nombres al preguntarla qué Angel solía darla la Comunión y al contestar que San Miguel aprovechamos para indicar el nombre del hermano Miguel. A renglón seguido los dos restantes la dimos nuestros nombres para que pidiera por nosotros.

--¿Cómo viste el Angel?.

-- Con vestido azul, alas rosa y el pelo un poco largo con las puntas rizadas hacia arriba.

Al decir esto, ella misma hizo el ademán sobre su cabello para hacer la descripción más gráfica. Durante la conversación, tanto antes como después del éxtasis, continuamente nos llama "padres". Una de la veces, después del éxtasis al llamarnos de nuevo "padres" la indicamos que éramos "hermanos". Al oir esto ella exclamó:

-- ¡Ah!, por eso el Angel me dijo "los hermanos". Entonces yo le dije que no eran hermanos mios y el Angel se sonrió.

Con esto quedó todo aclarado el por qué el Angel nos llamó hermanos.

Comenzamos de nuevo el regreso hacia el pueblo y volvimos de nuevo al tema del mensaje cuando íbamos con ella.

-- Oye Conchita, ¿el mensaje es grave?.

-- Y ¿qué es grave?.

-- Pues que si es bueno o malo.

-- No, no, es bueno.

-- Pero nos lo vas a decir de verdad.

-- Sí, sí, de verdad.

Hemos de advertir que no la dimos nuestra dirección. Esto es para aclarar que uno de los hermanos, un mes o dos después de este acontecimiento, recibió su mensaje.

Terminadas nuestras preguntas, nos bajamos hacia el pueblo con la niña y al pasar por la pediente situada entre los pinos y el pueblo nos dice la niña: por aquí, por entre estas piedras, dicen que bajo de espaldas. Esto lo decía con una ingenuidad extraordinaria.

Llegamos al pueblo, tomamos una pequeña refección y regresamos a nuestra residencia, también con una gran suerte, y dando gracias al Señor por aquello que inundó nuestra alma de alegría.

La gente nos preguntaba una y otra vez, nos rodeaba como personas que hubieramos tenido algo así como un arrebato al tercer cielo. Nos pareció extraño, toda aquella expectación ante nosotros, y para evitar mayores complicaciones nos bajamos camino abajo para encontrar las combinaciones correspondientes y llegarnos a Celorio a la noche, antes de empezar los Ejercicios a las siete y nedia.

No sabemos cómo fue, llegamos al pueblo inmediato, tuvimos un coche a nuestra disposición, hicimos auto-stop y antes de las siete y media de la tarde estábamos en Celorio, en nuestra residencia, para comenzar los Santos Ejercicios.

Los Ejercicios, por supuesto, fueron estas cosas que nos ocurrieron en Garabandal en aquella fecha memorable.

Aparte de este relato, quiero contar como nos contaba esta niña la muerte del Padre Andreu, y cómo nos decía con ingenuidad el haber hablado con él en alemán, en inglés, en francés y en griego. Nos habló de cómo la Virgen las besaba, cómo las acariciaba. Ella nos dió una lección de trato de la Virgen hacia sus hijos y cómo los hijos tienen que hablar con la Virgen.

Para nosotros, estos fueron los Ejercicios mejores que hemos hecho en la vida.

Muchas cosas mas quisera contarles como es las cartas que el Padre Pio escribió a esta niña y cómo coincidía lo del Padre Pio con lo que en la actualidad se está realizando. Esta niña nos decía que la Copa estaba rebosando, que la Virgen quería mucho al mundo y que la Virgen quería evitar un gran Castigo. Que rezáramos mucho y que pidiéramos sobre todo por los religiosos y sacerdotes.

En aquel entonces nosotros no entendíamos nada de esto que la niña nos decía y sin embargo, después de algunos años, nos hemos dado cuenta cómo aquellos Mensajes de la Virgen desgraciadamente algunos se están cumpliendo porque el mundo, como Ella dice, no hacía caso a lo que la Madre quería evitar. Hablaba con nostros temas de una elevación espiritual extraordinaria, una niña que entonces tendría doce años, trece años, una niña que apenas sabía leer ni apenas sabía escribir.

Yo quisiera trascribir el diálogo de hora y media con esta niña, pero solamente quisiera corroborar que esto que nos ha ocurrido a nosotros no es precisamente por méritos sino todo lo contrario.

La Madre nos dió aquello que nosotros necesitábamos. Seguramente fue un aldabonazo muy fuerte porque anteriormente no hacíamos caso a sus caricias.