Anna Yevchyn cura de un cáncer de pecho.

 

Por el Beso que he dado, mi Hijo hará prodigios.

Scarborough, Canadá, 2005.

Curación de un cáncer de pecho.

Mi nombre es Anna Yevchyn. Tengo 57 años. Hasta ahora, gracias a Dios, no tuve problemas de salud.

Recientemente vine desde Ucrania a Canadá por invitación de mi tía. Ahora vivo en Toronto, donde ayudo a mi familia en las tareas del hogar. Un día de primavera, el 21 de Junio de 2004, salí a cortar el césped. Era bastante difícil porque, en algunos lugares, había que ir cuesta arriba. Sin embargo, con algo de esfuerzo, corté el césped. Después fui a casa a cambiarme de ropa y a lavar.

 De repente me di cuenta que había gotas de sangre en la ropa. Apretando mi seno salió sangre oscura. Estaba asustada. Recuerdo mis primeras palabras:

-- ¡Dios mío!, ¡no me lleves ahora!, mis hijos ¡me necesitan tanto!

Tuve pesadillas horribles. Durante tres días no dije nada a nadie. No dormía ni comía. Lo pasaba mal. Entonces decidí llamar a un médico que conocía en Ucrania. Él no sabía qué decir. Yo continuaba sufriendo, recé desde la mañana a la noche.

Me acordé de Luba, una amiga mía de Ucrania. Un mes antes, ella me habló de su primo, Dr. Michael Rozeluk, que había estado en Ucrania y cómo había ayudado a mucha gente en diferentes Iglesias por medio de sus Oraciones y la Medalla milagrosa, Besada por la Virgen en Garabandal. Le busqué en la guía telefónica, en el directorio de empresas Canadiense-Ucranianas de Toronto y encontré su número de teléfono, de esta familia tan generosa y bondadosa. Hablé con la esposa de Michael, Helen. Apenas podía hablar, sollozaba con angustia. Pero esta alma bondadosa me consoló, invitándome a la Oración de Sanación que tendría lugar al día siguiente en la Iglesia Católica Ucraniana de los Santos Pedro y Pablo en Scarborough (Este de Toronto).

Una chispa de esperanza nació en mi corazón. Fui "volando" a la Iglesia. No puedo expresar mis emociones con palabras. Pensaba continuamente que Dios me curaría.

Después de la Santa Misa, me acerqué donde Dr. Michael y su esposa. Pusieron sus medallas sobre mí, y sentí que un calor venía de la medalla hacia mí y me atravesaba. Mientras Dr. Michael rezaba, mi alma se inundaba de paz. Una paz bienaventurada que venía sobre mi. Sentía que todo iría bien.

Más tarde, cuando los médicos me examinaron, me dijeron que los resultados de los exámenes mostraban que ya no había nada de la temida enfermedad. Las hemorragias ya no volvieron. Soy muy feliz.

Desde este día inolvidable, mi vida ha cambiado completamente. Cuando uno se siente a un paso de la tumba, se experimenta un gran cambio. Así me sucedió a mí. Cada día es como un nuevo gozo, una acción de gracias a Nuestro Señor Jesucristo que me concede un nuevo día con salud. Siempre volvemos a Dios en los tiempos difíciles pero ¿damos gracias a Dios Todopoderoso por la gran bendición que el Señor nos da en forma de buena salud? Demos gracias a Dios por cada minuto de nuestras vidas y pidámosle que nos de su Gracia y la abundancia de sus Bendiciones.

 

 

Estoy muy agradecida a los Rozeluks. El poder de la medalla de Garabandal viene de Dios. ¿Qué cosa hay más grande que este poder de Dios? Pienso en la gran Obra de Misericordia que están haciendo los Rozeluks. Que Dios les recompense con toda clase de bendiciones y que así puedan ayudar a mucha más gente.

¡Gloria a Jesucristo!

Respetuosamente,

Anna Yevchyn.
Toronto, Canadá.
Octubre, 2005.