La oración es más fuerte que el acero

    El momento ha llegado en que debo escribir sobre mi propia curación milagrosa. Aunque ocurrió cuatro años atrás, en 1998, nunca la olvidaré. Incluso ahora lloro cuando recuerdo lo que pasó. Sin embargo quiero agradecer a Dios, que me dio la gracia de poder vivir aún un poquito más para ser de ayuda a mi marido y mis nietos. Tres meses atrás, Dios llamó a mi esposo, Michael, junto a El. Ahora me corresponde a mí dar testimonio. ¡Quiero que todos conozcan lo bueno que es Dios!

    Mi nombre es Pearl Bodnar. Vivo en Scarborough (Toronto), Canadá. Mi familia y yo pertenecemos a la parroquia católica ucraniana de San Pedro y San Pablo en Scarborough. Tengo 82 años de edad.

    En 1997, se me diagnosticó cáncer de colon. En Noviembre de ese año, el cáncer fue extirpado en el Hospital Centenario de Scarborough. Resultó una operación difícil. Los médicos no tenían la seguridad de que el cáncer hubiera o no invadido el sistema linfático. De todos modos, después de una larga estadía en el hospital se me dio de alta. Pude estar en casa para Navidad y Año Nuevo. En enero de 1998 comencé una larga sesión de seis semanas de quimioterapia. Eso me puso completamente exhausta y me hizo sentir horriblemente enferma. Aunque no perdí mi cabello, vomitaba constantemente. También perdí un montón de kilos y siempre me sentía increíblemente cansada. Para mí estos tratamientos no valían tantas penas ni sacrificios. Cuando se suspendieron los tratamientos luego gradualmente empecé a sentirme mejor.

    Tres semanas más tarde, en Abril de 1998 - una semana antes de Pascua, sufrí una crisis de vómitos, diarrea, mareos, también hemorragias, y en sumatoria me puse muy enferma. No podía levantarme siquiera de la cama. Mi familia trataba de ayudarme del mejor modo posible. Me traían todo tipo de medicamentos, vitaminas, tés, pero nada ayudaba. Mi cuerpo rechazaba todo y llegué a deshidratarme completamente. Fue una gran decepción para mí no poder asistir a misa el Domingo de Pascua. En vez de ello, mi familia tuvo que llevarme de vuelta al hospital.

    Esta vez, camino al hospital, pensé que nunca regresaría a mi hogar de nuevo. Mi estómago se hinchó como un enorme globo. El dolor en esa zona era atroz. Sentía como si mis intestinos hubiesen explotado. Así era el dolor, insoportable. Cuando los médicos me examinaron, sentí que algo dentro mío se había reventado. Me realizaron todo tipo de estudios pero no encontraron nada anormal y no podían ayudarme. Los doctores simplemente no tenían idea de por qué estaba ocurriendo todo esto. Pensaron que no podía ser resultado de la operación, pero tampoco sabían qué estaba sucediendo conmigo. Incluso revisaron mi hígado, pero estaba todo en buen estado. Mientras tanto mi dolor se acrecentaba aún más. La situación se puso crítica, nada se podía hacer.

    Entonces mi hija Olga, telefoneó al Dr. Michael y a Helen Rozeluk quienes vinieron a verme al hospital. Junto a Olga, mi nieta Andrea, también estaba a mi lado. Todos rezamos unidos el Rosario. Luego el Dr. Michael y Helen posaron sus medallas de Garabandal (con los besos de María) sobre mi estómago y siguieron rezando. Las oraciones ayudaron inmediatamente. La medalla repentinamente se puso caliente, tanto así que comencé a perspirar. Los Rozeluks notaron que mi estómago inflado comenzaba a reducirse en tamaño. Mis síntomas se aliviaron, mi dolor desapareció y me sentí... en paz.

    Unos pocos días más tarde regresé a casa. Nadie creyó que me pondría tan bien. Incluso los doctores y enfermeras pensaron que no dejaría el hospital con vida. Pero Mamá María ayudó con Sus oraciones y Dios me sanó.

    Desde ese día, hace cuatro años atrás, me siento muy bien. No necesito remedios. Agradezco a Dios cada día por todo, y nunca dejo de ir a la iglesia. Me he puesto a mí misma en las manos de Jesús y de Su Santa Madre para toda la Eternidad.

    Quiero que todos conozcan lo bueno que es Dios, para que se entreguen a El con el corazón entero, para que vayan a misa con más frecuencia y crean, y oren, porque sé, por experiencia propia lo bueno que es nuestro Dios. La oración puede mover montañas, la oración es más fuerte que el acero.

Gracias Dios!

Pearl Bodnar
Scarborough, Ontario, Canadá.
Enero de 2002
Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.(04/2002)


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