Testimonio de Avelina González.

Yo, unas alegrias, una cosa, no sabia qué me pasaba. No pensaba nada mas que en la Virgen. Soy muy amante de la Virgen. ¡Ay, sí, sí!, yo a la Virgen es una cosa que no te lo puedo explicar. Sueño con Ella, hablo con Ella, es una cosa grande para mí.

Avelina se entera por medio de sus hijas y de su hijo José Antonio de lo que pasa en su pueblo. Al principio de las Apariciones se encontraba en Asturias, en casa de su hija:

Me quedé allí en Asturias y entonces pues que Margarita se vino a Garabandal y que no escribía. Y me dice mi yerno: ¿pero qué pasará a Margarita que no escribe?, ¿qué pasará en el pueblo?. Entonces dije yo a Jose Antonio: vete y llama a Blanca, que está en Santander, y dile que qué pasa en el pueblo, que como no escribe Maragarita que está en el pueblo.

Cogió la bici y enseguida volvió muy contento y digo yo:

-- Muy contento vienes, ¿qué te pasa que vienes tan contento?.

-- ¡Ay!, traigo una alegria muy grande para usted.

-- Pues entonces también será para tí.

-- Pues sí, pero para usted más.

Yo estaba allí cosiendo y estaba mucha gente y no quería decirme las cosas.Como estaban allí los vecinos de la casa pues no quiso decirme nada. Yo estaba deseando que se marcharan. Se marcharon, entré en casa y me dice.

-- ¿No sabe madre?.

-- ¿Qué pasó?.

-- Que se apareció un Angel a cuatro niñas del pueblo.

-- ¡Ay madre!, entonces luego vendrá la Virgen, porque los Angeles traen los mensajes.

-- Pues no sé. Se lo está contando una del pueblo ahora a Blanca.

-- ¡Virgen del Carmen!, ¡ay madre!, ¡ahora si que tengo yo mas ganas de marchar!, ¡ay Dios mío!.

Entonces escribe Margarita, y dice,

-- Bueno, no he escrito porque aquí estamos en la gloria, no pensamos ni en comer ni en dormir. Yo me estoy con la chiquitina mayor.

Allí estaban en la calleja sin acordarse de ir a cenar ni de dormir ni de ninguna cosa.

-- Y aquí lo pasamos en la gloria, no nos acordamos de nadie.

¡Ay Dios mío!, yo estaba que no dormía. Pensando en venir y que no dormía.

-- Cuando vaya os contaré muchas cosas que en la carta es imposible. De Asturias ha venido casi un pueblo entero. Ha venido muchísima gente pero de Asturias ha sido lo que más. De Santander también pero menos gente viene. No puedo deciros más por carta, esto es una preciosidad. No puede ser ponerlo por escrito. Y hablao tampoco podrá ser que será mejor verlo que decirlo. Porque esto no tiene explicación ninguna. Estas cosas que están pasando aquí no tienen explicación.

Yo estaba que no dormía pensando en venir.

Vine el dia del Carmen. El mismo dia del Carmen llego a Cosio. Llega un chiquillo allí y me coge las maletas, porque llegó la linea tarde, de noche. Y digo yo, pues quién es este chiquillo que me coge a mi las maletas.

-- ¿Oyes?, ¿A donde llevas mis maletas?.

-- A mi casa.

Era un sobrino que se llama Manuel Jesús.

-- ¡Ah, yo no me quedo!.

-- ¡Que no se queda!. ¡El dia del Carmen y no se va a quedar en nuestra casa!. Esta noche no sube a San Sebastián.

-- ¡Que subo es cierto!

Esaba alli una del pueblo que vivia en Cosio, que me dice,

-- Vete, que te ha de sobrar gente, desde aquí a San Sebastián todo de gente.

-- Yo no duermo esta noche, no me dejeis quedarme aquí que yo me marcho.

-- Que no tia, que se queda aquí en nuestra casa.

Y me quedé. No me dejaron marchar, me tuve que quedar. Al otro dia bien de mañana madrugué para subir. Ya habia venido la Virgen el dia dos de Julio. Yo llegué el 17 por la mañana.

Yo, unas alegrias, una cosa, no sabía qué me pasaba. No pensaba nada mas que en la Virgen. Soy muy amante de la Virgen. ¡Ay, sí, sí!, yo a la Virgen, es una cosa que no te lo puedo explicar. Sueño con Ella, hablo con Ella, es una cosa grande pare mí.

Y luego con las niñas. Amanecer con ellas, subir a los pinos, bajar, sin linterna ni nada, yo no sé quién me ayudaba. Con ellas subia, con ellas bajaba y con ellas me quedaba noches sin dormir sin acostarme siquiera. Y si alguna noche me acostaba por cansada y no salía aquella noche, pues las oía por ahí y tenia que sentarme a rezar un Rosario en la cama. ¡Que no podía dormir sin rezarle a la Virgen un Rosario aun cuando ya le había rezado en la Iglesisa!, que iba al Rosario todas las noches.

Era un satisfación ir con las niñas, el rezar el Rosario con las niñas, aquello era una cosa emocionante.

En una ocasión tuve un labio muy malo, tres meses y me decían:

-- ¡Ay Avelina te va a pasar algo!, ¿por qué no le curas?.

-- Sí, si que le curo pero no sana.

No podia casi ni rezar de lo mal que estaba el labio pero recé el Rosario y después de terminar la Salve, paso la Cruz del Rosario que Jacinta se la había dado a besar a la Virgen, con aquella emoción tan grande de que la Virgen me había besado el Rosario y dije a la Virgen:

-- ¡Ay, sáname que si tú no me sanas yo ya no sano!.

Pues así fue que me sanó y ya son catorce años sano. Para mi fue un milagro grandísimo.

Esto lo conté después a una Señora y una noche me dió por ir a buscar agua fresca a la fuente donde la casa de Aniceta, aunque habia agua en casa. Cojo una vela, que estaba muy oscuro, y al pasar yo, oigo una voz que dice: esta es. Me pongo a coger agua y llega un señor y una señora. El señor me toca y le dije:

-- Oiga señor ¿quién le ha dado a usted permiso para tocarme así la cara? y dice la señora:

-- ¿No era usted la que le pasó esto?.

-- Si señora.

-- Usted se lo contó a una señora y yo lo estaba observando.

-- Cierto, ciertísimo.

-- Pues cuénteselo a mi marido.

Ahora lo ves, le dijo la señora al señor, que no lo creía, y queria traerle aquí para que lo viera. ¿Cómo fue que a mi se me ocurrió ir a buscar agua si tenia agua en casa?. Pues fue la Virgen que me llevó. El señor no lo creia y ella queria traerle donde mi para que lo viera y creyera.

Tenia una Cruz grande y le digo un dia a María Dolores:

-- Maria Dolores, ¿me darías esta Cruz a besar a la Virgen?

-- Sí mujer.

Me lleva la Cruz y la veo toda la tarde dándola a besar a toda la gente y dándosela a la Virgen porque siempre se la daba a besar primero a la Virgen. Tengo aquí la Cruz como oro en paño. Había mucha gente y la daba a besar a todo el mundo.

Con esa Cruz estoy emocionadísima, pues creo que tiene muchísimo valor. Es Jesucristo y como está besado por su Madre tiene muchísimo valor para mí.

Estuvieron en la habitación y en la sala donde entonces tenía una cama. Vinieron Conchita y Loli en éxtasis. Loli estuvo otra noche tambien sola. Por cierto que aquella noche lloramos mucho, éramos mi hija y yo.

Ceferino, el padre, subió con ella, la otra gente se quedó fuera. Entonces llegó Loli y entró en la habitación, hizo unas cruces en las almohadas. Tenía yo a dormir aquí a Pedro, una bella persona, y le dije:

-- No sabe Pedro que vinieron Loli y Conchita en éxtasis y le pusieron en la almohada la Cruz.

-- ¡Ay! no me diga Avelina.

-- Sí, sí, vinieron y la pusieron.

Otra noche vino Loli con gente, pero la gente quedó abajo. Loli subió y su padre, Ceferino, subió también.

En la cama donde había muerto mi marido empezó a hablar ella con la Virgen. Y hablar y hablar. Empezamos Tina y yo a llorar.

-- Pero ¿por qué llorais?, dijo Ceferino.

-- ¡Ay Dios mío, que no sé qué está diciendo Loli!. ¿Qué dirá?¿Con quién habla?. Con la Virgen sí pero ¿qué le dice?. !Dios mío!.

Mi marido murió martir. Le cortaron una pierna y la otra casi. Sufrió horrores, ¡con una paciencia!. Yo tenía miedo que se me desesperara de dolores. Decía mi marido: pero por qué Dios mío me tienes aquí. Pero ¿yo he sido tan malo para que yo sufra tanto?, ¿por qué no me llevas?.

A el le daba pena por mí porque yo sufría mucho. Por el dia estaba trabajando, por la noche como él no dormia yo tampoco dormía. Rezábale a las Ánimas para que no se me desesperara. Pasaba muchas noches rezando para que no se me desesperara de dolores. Él para mí fue muy bueno.

Aquella noche María Dolores estuvo hablando un rato y venga a hablar y nosotras venga a llorar. Decía Ceferino: no lloreis, pero ¿por qué llorais?.

Ella no sabía donde habia muerto mi marido. Loli era una chiquillina, era pequeñina de todo, ¿cómo lo iba a saber?. Estuvo un rato hablando y daba emoción verla, parecía un angel. Se ponia guapísima Loli en éxtasis, parecia un Angel. Estuvo mucho rato.

No le podimos escuchar porque llorábamos. Ceferino algo le pudo escuchar porque estaba al lado de ella. Estuvo un rato y salió y nosotras detrás.

Una noche me dice Blanca: yo quisiera ir donde alguna niña, al lado. Iba Maria Cruz a dar a besar la Cruz a una enferma y la mi Blanca iba al lado de ella. Cuando venía por casa de Rosa, decía Maria Cruz a la Virgen:

-- Sánala, sánala...¿la vas a sanar?... que sí, que la vas a sanar...¡ay qué bien que la sanas!.

Yo estaba rezando el Rosario en el balcón, no salí aquella noche, tenía algun nieto en casa.

La muchacha enferma sanó, se lo dijeron antes, que tuviese confianza, que la Virgen habia dicho que la iba a sanar y ella también tenía mucha confianza en la Virgen.

Una noche me quedé en casa de Tina, y digo yo:

-- Voy a salir.

-- ¡No salga madre, nosotros estamos muy cansados!. Pepe y yo estamos muy cansados. Como trabaja tanto también Pepe está muy cansado. Pero usted no salga, madre, que hay neblina, está lloviendo algo y está muy oscuro.

-- ¿A donde va ir madre?, que no se vaya a caer en algun sitio.

-- ¡Yo esta noche salgo!. ¡Pero bueno, no sé por qué aquella noche tenia yo que salir!.

Salí y al llegar a la casa de Ceferino, donde unas piedras resbalosas, allí me caí. No me hice daño pero me caí. Yo no habia visto a nadie pero me enfocaron dos linternas.

-- Señora, ¿se ha hecho daño?.

-- No, no.

Yo bajaba en albarcas (madreñas), no me pasó nada.

-- Siéntese aquí con nosotras.

Eran forasteras de Comillas. Yo habia estado en Comillas de pequeña a los ocho años. Estuve en el bautizo de una niña, sobrina del marqués de Comillas, de Don Claudio. Por cierto que Don Claudio no sé si será santo, dije yo, porque decía mi madre que dió muchas limosnas y se quedó pobre.

En esto que viene la mamá. Ellas eran las hijas y la mamá era la Marquesa de Comillas y era la misma niña que fui de pequeña a su bautizo. Era la sobrina de Don Claudio y aquellas eran hijas de ella. Fue una cosa como que la Virgen quería que saliese aquella noche para encontrarme con ellas.

Otra noche venia mucha gente que fue cuando el 18 (de Octubre, el dia del primer Mensaje). Vino muchísima gente, la mi casa se llenó. Yo fuí al Rosario por la tarde. Estaba aquí una hija mía que está casada en Asturias.

Llegan una abuela, una madre y una invaliduca. Tenía quince años y por una parálisis infantil cabía en una cuna. Yo que vengo y me encuentro en mi portal una cama muy bien hecha y una chiquillina y dije yo:

-- Pero Tomasa, ¿cómo tienes aquí esta chiquillina en el portal?.

Dicen las señoras:

-- Dios se lo pague, una caridad como la suya. Estamos contentísimas aquí.

-- Es que ¡la mi hija tiene un corazón!.

-- ¡Esto no lo soporto que esté aquí abajo!, la voy a llevar a una habitación que tengo, aunque los mios se queden en el pajar.

Busqué una cuna grande que me dió una vecina, la metí en una habitación y allí la puse en la cuna. Le dijeron las hijas:

-- Usted se queda madre con la niña, que hay mucha gente.

Nos quedamos la abuela de la niñuca y yo. Y digo: vamos a rezar un Rosario. Cuando ya habíamos terminado de rezar el Rosario oí algo de ruido porque la gente estaba en los Pinos que era allí el Mensaje en los Pinos. Oimos tocar las palmas a la nenuca.

-- ¿Pues, cómo toca las palmas la criuca?, ¿qué verá, qué oirá?

Salgo al balcón y veo las cuatro niñas en éxtasis mirando para el balcón, solucas.

--¡Ay madre! digo yo a la abuela, las cuatro niñas en éxtasis, mirando así, con las manucas así.

En esto llega Ceferino el primero, cansadísimo de correr, ya que las niñas vinieron tan rápido que la gente no daba para correr y alcanzarlas.

Fue un milagro grandísimo, grandísimo, que vinieran así las niñas solas. La gente nos decia después: ¡qué suerte tuvísteis!, que nosotras no las vimos y usted si. Precisamente nosotras que nos habíamos quedado en casa con la niñuca. Pero a mi lo que mas me emocinó fue el tocar las palmas de la niñuca aquella, por la presencia de la Virgen. Los mios durmieron en el pajar y en la cocina y dimos mucha ropa para le gente, que venian pasados de agua, todos pringando.

Esto otro contolo un chaval forastero y estaba Don Valentín y digo yo a Maria: ¡Mira, mira una estrella que va por donde la casa de Ceferino bajísima.

Iba baja que yo creí que se iba a posar en las tejas de la casa de Ceferino, la casa donde vivió después, y seguía derecha hacia la torre de la Iglesia y por allí paso muy bajísimo. Aquello si que lo ví yo bien visto y también el chaval y mas gente. Decía Don Valentín, el párroco, al chaval: ¡calla, calla! ¿que sabes tú?.

Yo emocionadísima, dije a Don Valentín:

-- ¿Qué pasa?, ¡también lo ví yo!. ¡Eso también lo ví yo!. Don Valentín, no diga que eso no es cierto porque lo ví yo.

Entonces todos, como yo ya era mayor, como ya era vieja, me creían. Era un estrella grande y fue con motivo de un éxtasis de las niñas.

Un dia Maria Dolores se sube al coro de la Iglesia y Julia su madre le pedía al Santísimo que su hija no se tirase. Era como que la Virgen la queria atraer hacia sí, como volando. Obedeciendo lo que pedía su madre, bajó por la escalera y no le pasó nada.

Al principio daban a besar piedrucas a la Virgen, después solo objetos religiosos, y díjele yo un dia a Jacinta:

-- creo que habeis dado unas piedrucas a besar a la Virgen para darlas a las personas. También quisiera tener una de recuerdo.

-- pues deje, que si la Virgen nos vuelve a pedir ya le voy a dar una para usted.

Pasó un tiempo y subíamos a los pinos con las niñas en éxtasis. Tenian allí un montonín de piedras y se ponen a dar aquellas piedrucas a besar a la Virgen. Yo estaba al tanto y dijo Jacinta: esta para Avelina. ¡Virgen! dije yo, he de saber si es esa de verdad la mia. Entre tanrtas que daban a besar era un piedra curiosa de verdad y me fijé bien para ver si esa piedra era para mí.

Era allí junto al pino y despues del éxtasis dió varias a la gente y a mi me dió la misma que dijo: esta es para Avelina. Y entonces yo emocionadísima de que me dió la misma piedra y que estaba besada por la Virgen.

Un dia, a la salida del Rosario, nevaba y se puso en éxtasis Mari Cruz. Iba a la calleja, su madre iba con ella. Eramos pocas y dice la niña a la Virgen:

-- ¿por qué no me traes el Niño?... que ya hace mucho que no me le traes... ¿me le vas a traer?... anda, tráemele... ¿me le vas a traer mañana?.

Estábamos deseando que llegase el otro dia para ver si le traia el Niñin. Pues al otro dia le trajo el Niño y decía Mari Cruz a la Virgen: Dámele... anda, dámele un poquitín. Lo pasamos muy bien aquella noche. Siempre con aquella ilusión de ver nosotras y estar con la Virgen.

Cuando estaban varias niñas se pasaban el Niñin unas a otras y también se ponian la corona de la Virgen, todo muy bien, daba gusto verlas.

Y también cuando la Virgen estaba muy alta se cogian unas a otras para besarla. Loli, chiquitina, cogía a Conchita y la levantaba como si nada. Conchta a Loli también pero bueno como era mas alta ya no llamaba tanto la atención. Era maravilloso cuando se ponian con la carina así para que las besara la Virgen, a mí me encantaba. Despedian a la Virgen que se marchaba pero a veces estaba muy alta y se levantaban unas a otras; aquello estaba precioso. No puede ser el explicarlo todo lo que vimos. Tendríamos para un año el explicarlo todo.

Bajaba yo de la hierba de un prado que Tina tiene muy cerca de los pinos y me encontré con tres señores. Me dicen,

-- Buenos dias señora.

-- Buenos dias.

-- ¿Usted es de aquí?.

-- Si, de aquí soy.

--¿Qué, esto es cuento no?.

Dijo un señor ya muy mayor, el pelo blanco como el mio. Y dice:

-- Yo vengo por venir, que esto no debe ser cierto.

-- Bueno, ¿Usted no ha visto nigún éxtasis, verdad?.

-- Ah, no señora, que acabo de llegar.

-- Entonces ya me lo dirá después. Después que vea alguno ya me dirá si es cuento o realidad. Quisiera volver a verle a usted. Pues ¿cómo, siendo usted tan mayor, se le ocurrió venir a este pueblo si era cuento?.

-- Porque me dió gana de venir.

-- Pues algo lo llamó aquí, sino no venía.

A la tarde hubo Aparición y dejábamos todo abandonado, hierba y todo. Cuando había Apariciones no nos ocupabamos nada mas que de ir a ver las niñas.

Fueron las Apariciones en la Iglesia y llegamos a la Iglesia y yo me subí al coro para verlo mejor allí y mas tranquila. Estaban las niñas dando la Cruz a besar y yo me estaba fijando en el señor, en el viejo ese.

Entonces le dan la Cruz a besar y veo que el señor si no se sienta se cae, de la emoción que sintió. Estaba sentado asi, con las manos teniendo por la cabeza. Dije yo, algo le pasó a ese señor. Cuando todo terminó, bajo del coro y salgo detrás del señor y le doy en el hombro. Y le digo:

-- Y ahora ¿que me dice?.

No era de hablarme de la emoción.

-- Ay señora, ay señora.

Que no era posible de poderme hablar. Estuvo así un rato sin poder decirme lo que le había pasado.

--Ay señora, ¡es tanta verdad!, como usted me decía que tenía que verlo, esto sí que es verdad. Que sí, es cierto que está aqui la Virgen. A mi nunca me pasó una cosa como esta de sentirlo así.

Conchita y Loli, en éxtasis, dan primero a besar el Crucifijo a la Virgen.

Sucedía así muchas veces, los que venian con sinceridad de saber la verdad, recibían una gracia grandísima y creian. Luego supimos que era un Sacerdote, se lo dijo la Virgen a Conchita.

Un dia estaban a las avellanas y dijo Maria Cruz: ay Dios mio tengo ya dos llamadas. En esto viene la Virgen y la lleva veloz a los pinos. Es muy poco andadora Maria Cruz. Asi como la madre es muy andadora, la hija no, pero como era la Virgen que la llevaba. Aquel dia no fue andar, fue volar, dijeron las compañeras.

Ibamos mucho a rezar el Rosario con las niñas. Y un dia ibamos con Conchita muy de mañana, bajábamos muy poca gente con ella. Iba en éxtasis y se dió un golpe fuerte con la cabeza. Si no hubiera ido en éxtasis se hubiera roto la cabeza. Nos entraron unos apuros, aquel golpe en aquella criaturina y ella sonriente. Llegamos a la puerta de la Iglesia, ella se arrodilló y yo me arrodillé al par de ella. Rezó el "yo pecador" y recibió la Comunión de manos del Angel. Luego entra en la Iglesia y se le pasó el éxtasis. La Virgen las llavaba mucho donde el Santísimo.

Otra noche que no llegaron ni al cuadro que cayeron las cuatro juntas junto a casa Serafina.Habia un dominico. Ellas no sabian cómo se llamaba y ellas le llamaban "el blancu".

Llegamos allí y cayeron de rodillas las cuatro. Yo estaba de pié y había un chaval junto a mi que miró el reloj para saber que hora era para ver cuanto tiempo estaban en aquellas piedras de rodillas.

Y decian las niñas a la Virgen: "Ah, que es un dominicu, ... nosotras le llamábamos el blancu ... ahora se reirá de nosotras ". Hablamos con la "u"aqui, "dominicu" en vez de dominico, y cuando se despidió la Virgen de ellas decian: "no te marches,... ¿cómo te marchas tan pronto...?".

La Virgen les dijo a las niñas que ya llevaban alli dos horas y ellas decian "... un minutín" ya que en éxtasis es como que no existe el tiempo.

Dijo el muchacho que habia mirado el reloj: "exactas, dos horas", como la Virgen les dijo. "Dos horas ... ah, un minutín", la felicidad de estar con la Virgen les hacia sentir que no pasaba el tiempo.

Había mucha gente junto a casa de Aniceta y estaban esperando la Aparición de Conchita y llego yo. Sale Conchita veloz que no era que corría sino que parecía que volaba. Me llega un señor que me dice:

-- Señora, ¿es usted de aquí?

-- Sí Señor.

-- A esta niña, cuando se le pase el éxtasis estará agotada, cogerá una sudada.

-- Sudará el que va con ella, si, ese sudará bastante. Seguramente que la camisa se le podrá torcer, si son de seguirla, que yo no podré. Andaré todo lo que pueda pero segirla no puedo. Pero le aseguro que ella está mas fresca que yo ahora.

-- ¡Qué dice usted señora, no puede ser eso!.

-- Bueno, si no puede ser usted lo verá. Si su madre le deja mire a ver cuando vuelva a su casa.

La gente que la habia podido seguir, mas bien jóvenes, estaban cansadísimos, sudados.

Solia terminar el éxtasis donde había comenzado y, al volver a casa, el señor estaba emocionado al ver que seguía igual de fresca como si no hubiese salido de casa y me dice:

-- Ay señora , está mas fresca que usted y yo.

Decia la gente : ¡Ay que corrida nos diste Conchita!. Decía la niña: correr, si yo no me moví de aquí. En éxtasis solo veían a la Aparición y lo que Ella les mostraba. Estaba en la cocina y allí se habia puesto en éxtasis y allí terminó.

-- Que no te moviste de aquí, con la corrida que nos diste.

Y talmente parecía que así fuera porque estaba fresca como si no se hubiese movido. Mucho mas que usted y yo y todos los que estábamos alli.

Unas niñinas como eran, nunca jamás les dió mal alguno durante los éxtasis. En aquella edad, si las dejasen tanto tiempo sin dormir, no podrían resistir, y sin embargo ya nevara, lloviese, lo que fuese, como si fuesen las dos de la mañana, si las llamaba la Virgen entonces iban.

Una noche salíamos de la Iglesia, del Rosario, y cuando ya bajaba Conchita en éxtasis habia perdido un zapato que le encontré yo.

Me dije pues a ver esto del zapato como va a ser y lo guardé. Iba diciéndole la Virgen a Conchita que habia perdido un zapato y le decia Conchita: "¿donde le tengo? .. ah, le lleva una señora", esto me lo dijo luego esa señora que iba al lado y la escuchaba.

Digo, ay madre mia no soy de alcanzarla. Iba con ella su madre Aniceta y le dí el zapato a su madre para que la calzase cuando se le pasase el éxtasis. Pasaron muchísimas cosas, eso pasome a mi también.

Una noche estábamos con la Aparición y de pronto desaparecen las niñas en una calleja y que no sabiamos donde estaban. Yo dejara la puerta de mi casa arrimada y en esto que las encuentran dentro, detrás de la puerta de mi casa.

Era una puerta mayor que la que tengo ahora, era una puertona muy grande y estaban alli, parecían cuatro angelines, detrás de la mi puerta.

Nosotras las veíamos a cualquier hora y por eso a la gente que venía les dejaba paso para que vieran, porque eso era una caridad para el que venía y quería verlas.

El Padre Luis por lo menos tres Misas las celebró aquí. La última que celebró fue, no de una persona, sino de un santo. No fue una cosa que comentásemos después que murió sino ese mismo dia.

Cuando salimos de Misa nos ajuntamos muchas mujeres y todas comentando: ¡Pero qué Misa dijo el Padre Luis hoy!, parecía un santo. Esa misma noche murió de felicidad después de ver el Milagro en los Pinos.

Una vez Loli le dió a besar a la Virgen una alianza que era de una una señora que por medio de otra se la habia dado a Loli. En esto que viene Loli en éxtasis donde mi y dice "ah ... no es esta, pues dime quién es ... llévame donde está ella". Fue donde estaba la señora, le cogió la mano y se la metió en el mismo dedo de donde la señora habia sacado la alianza.

En los pinos hubo muchísimos éxtasis también y en el pino donde está una capillina de la Virgen pues allí fue donde mas éxtasis hubo. Ellas anduvieron en todos los pinos rezando el Calvario pero los mas éxtasis que yo ví fue en aquel pino. Hacian el Viacrucis y andaban por todos los pinos pero donde mas estaban era ahí.

Rezaban muy despacio, rezaban muy bien, subian a los pinos rezando, bajaban. Después cantaban el Ave María y me emocionaba muchísimo. Cuando pasaban alguna noche cantando me emocionaba y tenía que rezar un Rosario, que no dormia sin rezar otro Rosario. Que la Virgen quería que rezara otro y le tenia que rezar. Emocionaban aquellas niñucas rezando el Rosario muy despacio y muy bien.

Toda la vida fui amante de la Virgen. Tenia ocho años cuando escuché una Misión de la Virgen del Perpetuo Socorro y la tengo devoción, aunque la Virgen no hay mas que una. Desde entonces hago muchas novenas a la Virgen del Perpetuo Socorro y le rezo todos los dias. Y a todas les llamo Virgen del Carmen, siempre digo: ¡Virgen del Carmen!