Lesiones de la piel desaparecen

Escrito por Anastazja Kaliszczak
Diciembre de 2001

    Mi nombre es Anastazja Kaliszczak. Vivo en Warren, Michigan, EE.UU. El año pasado viajé con un grupo de turistas a Ukrania. El viaje resultó bastante bueno pero, cuando regresé a casa me enfermé. Una erupción muy fuerte apareció en mi rostro, pecho y axilas. Me producía una comezón insoportable y, al mismo tiempo, muy dolorosa. Luego, muy rápido, las erupciones en mi pecho evolucionaron a llagas abiertas que segregaban una especie de fluido. Consulté con varios médicos (diez al menos). Se mostraban confundidos. Primeramente habían pensado que se trataba de un tipo de cáncer que había desarrollado a causa de la radiación en el área de Kiev que había visitado (el legado permanente de Chernobyl). Se practicó una biopsia en mi tejido mamario y los resultados no mostraron nada. Trataron toda suerte de inyecciones, varias cremas y ungüentos pero nada ayudaba. En adición a todo esto, sufría de constantes y severos dolores de cabeza, cuello y columna. Estaba tan mal que era incompletamente capaz de girar mi cabeza a la izquierda. Esta situación permaneció invariable por un año entero.

    Un día, algunos amigos míos decidieron visitar el monasterio Ucraniano de Woodstock, Ontario y me uní a ellos. Esto ocurrió el último sábado de Agosto de 2001, a la sazón el monasterio se encontraba celebrando su fiesta parroquial de la Asunción de la Virgen a los Cielos. Después de las fiestas en Woodstock, mis amigos me condujeron a Toronto, a la iglesia católica Eslovaca de la Natividad de Santa María. Hay una ceremonia de Curación en ese lugar el último Sábado de cada mes. Luego de la Santa Misa, celebrada por el Padre Miroslav Cajka, se le invita a la gente a acercarse para ser bendecidos con oraciones y venerar las medallas tan especiales que llevan el Beso de Nuestra Señora de Garabandal. Fui bendecida con una de esas medallas por Helen Rozeluk, y más tarde nuevamente por el Dr. Michael Rozeluk.

    Terminado el servicio religioso retornamos a nuestro hogar en Michigan. Tres días más tarde, observé... ¡no había erupciones! ¡habían desaparecido completamente! Era como si nunca hubiesen estado ahí. Sólo quedaban algunas manchas pequeñas donde antes había heridas abiertas. Mis dolores de cabeza, de espalda y cuello también desaparecieron. Se fueron hasta el día de hoy y no tengo ningún problema para girar mi cabeza, en cualquier dirección. Estoy completamente sana.

    ¡Qué maravillosa gracia de curación Dios me ha dado a través del Beso de Su Madre en las medallas de Garabandal! Fue Mamá María y Jesucristo Mismo quienes me sanaron. En lo que respecta al Dr. Michael y Helen Rozeluk, que Dios los bendiga a ellos y a su familia. Gracias.

Anastazja Kaliszczak
Warren, Michigan. EE.UU.
Diciembre, 2001

Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.(03/2002)


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