UN ENCUENTRO CON LA MADRE TERESA

Reimpreso de la revista Garabandal de su edición Enero-febrero de 1998

AHORA QUE LA MADRE TERESA NOS HA DEJADO, PARA IR JUNTO A  AQUEL A QUIEN ELLA SERVÍA EN LOS MAS POBRES DE LOS POBRES, ESTE RELATO ANECDÓTICO PUEDE SER CONTADO.

Por Barry Hanratty

UN DÍA A FINALES DE la década del 70 un inglés partidario de Garabandal se acercó a Bill Nicholson, director de programación religiosa de la BBC de Londres y le sugirió hacer un filme televisivo sobre Garabandal.  Después de ver una entrevista filmada con Conchita en los comienzos de 1970, Bill se impresionó lo bastante como para decidir favorablemente realizar la filmación, la cual también se centraría en una entrevista con Conchita.

Su primera tarea entonces fue tener el consentimiento de Conchita para la entrevista.  Ya que Joey Lomangino, fundador de Los trabajadores de Nuestra Señora del Monte Carmelo, era amigo íntimo de Conchita, Nicholson llamó a Joey, y solicitó su ayuda para convencerla de que accediera a la entrevista. Joey, viendo el potencial enorme que tendría  un filme hecho por la prestigiosa BBC para la difusión del mensaje, se mostró entusiasta y acordó ayudar en lo que pudiera.

Joey explicó a Conchita la importancia de realizar el filme y cuanto bien haría a que el mensaje sea conocido. Conchita estuvo abierta a la propuesta, pero no haría nada sin primero conseguir la anuencia del Obispo de Santander, Juan Antonio del Val Gallo.

El Obispo del Val, fue el quinto Obispo de Santander desde el tiempo de las apariciones. Cuando se hizo cargo de la diócesis en 1971, trajo consigo un espíritu de apertura hacia los eventos, lo cual no fue característico de sus dos predecesores inmediatos. Sin embargo, el clima creado por esos dos obispos anteriores dictaminó que éste se condujera con suma precaución y diplomacia respecto a cualquier tema que tuviera que ver con Garabandal. De este modo cuando Conchita le telefoneó pidiendo su permiso para aparecer en el film, él respondió con mucho tacto. “Sé humilde, sé obediente y no hables
demasiado sobre los obispos anteriores”.

Conchita entendió lo que el obispo estaba diciendo y se dio cuenta que le brindaba así su conformidad. Así se lo informó a Joey. El se lo notificó a Bill Nicholson quien comenzó a planear la producción.

En junio de 1980, Nicholson voló a Nueva York desde Londres para encontrarse con Conchita y Joey quien también habría de  aparecer en el filme, y para revisar con ellos el escenario del mismo. También quería explorar sitios potenciales para la secuencia de la filmación: el supermercado del barrio: la pizzería en aquel entonces perteneciente y atendida por el esposo de Conchita. Pat; la playa  donde Conchita llevaba a sus hijos; el negocio de Joey y el Centro de Garabandal en Nueva York. También estaba buscando un buen sitio para la entrevista con Conchita, la pieza central de la película. Su idea era elegir un lugar donde los rascacielos de Manhattan pudieran ser vistos de trasfondo para sugerir la dimensión mundial de los mensajes y las profecías de Garabandal. Si tal lugar no estuviera disponible cerca de donde vivía Conchita, entonces la entrevista sería conducida en su casa.

En agosto de 1980 Bill Nicholson regresó para la filmación. La BBC dispuso un personal para el rodaje del filme en Nueva York, y a cada cual se le asignó una tarea específica. Mi rol en todo esto fue ser chofer de Bill Nicholson. Mi auto particular en ese momento tenía 15 años de uso, y quizás no era totalmente confiable, por lo cual alquilamos un auto para que yo lo trasladara a los lugares a los cuales necesitaba ir.

El día anterior, la filmación de la entrevista con Conchita estaba programada, Nicholson dispuso un último encuentro preparatorio con ella.  Llegamos a su casa y después de repasar las actividades del día siguiente, Conchita mencionó que su amigo el Dr. Jerónimo Domínguez y su esposa, Gladys, vivían al lado de un curso de agua en la zona del Bronx de la Ciudad y que quizás los edificios de Manhattan podrían ser divisados desde su propiedad, proveyendo el sitio ideal para la entrevista que Nicholson originalmente había pretendido. El  sugirió que fuésemos a verlo, y así Conchita y sus cuatro hijos
subieron al auto con nosotros y emprendimos la marcha.

Gladys nos saludó al momento de llegar y Bill Nicholson rápidamente investigó el lugar. Pronto le resultó aparente que el sitio era inadecuado para la entrevista, el viento fuerte afectaría los micrófonos y además, la línea de rascacielos de Manhattan no podían visualizarse desde alli. Ni modo, la entrevista sería conducida en la casa de Conchita como fuera ya planeado.

Mientras nos preparábamos para partir y retornar a lo de Conchita, Gladys sugirió que paráramos en el Convento de las Misioneras de la Caridad, en el sur del Bronx, y pidiéramos a las hermanas rezar por las intenciones del filme. Nicholson no puso objeción alguna, y Gladys subió al auto, con Conchita, sus cuatro niños, Bill Nicholson y yo – y este era solo un Ford de tamaño mediano! Fue muy  ventajoso que los hijos de Conchita fueran pequeños en ese tiempo.

El sur del Bronx, tenía uno de los índices de criminalidad más alto en toda la Ciudad, y el convento de las Misioneras de la Caridad estaba situado en un área donde había muchos edificios abandonados y de mala muerte.

Llegamos al frente del convento y estacionamos en el lado opuesto de la calzada. Todos bajaron del coche excepto yo. Había alrededor unos cuantos personajes un tanto desagradables tomando cerveza en algunos bancos y vacilé un momento..., finalmente, salí también yo  y me uní a los otros dentro del convento.  Todavía puedo recordar después de haber estado adentro por un rato, como una Hermana viniendo hacia mí me dijo, “ su auto está bien todavía”.

Las hermanitas se pusieron muy contentas de ver a Conchita a quien ya conocían. Ella y su marido Pat, hubieron ambos trabajado en el comedor público regenteado por el convento. A medida que hablabamos con las hermanas, nos separamos en dos grupos. Bill Nicholson y tres de los hijos de Conchita permanecieron en el vestíbulo con algunas de las monjas, mientras Conchita, su hija Miriam, Gladys y yo estabamos en una pieza pequeña separada del vestíbulo con la Madre Superiora.

Estuvimos allí sólo un corto tiempo cuando la puerta del vestíbulo que conducía al convento se abrió y para nuestra total sorpresa, la Madre Teresa vino caminando hacia nosotros. No teníamos idea de que ella estuviera ahí.. Sea cuando fuere la Madre Teresa viniera a Nueva York para visitar los establecimientos de su Orden (hay tres), se quedaba en este convento que era uno contemplativo,  pero su estadía era siempre mantenida en privado para evitar cualquier publicidad no deseada. Sin duda, el comentario había circulado por el convento de que Conchita estaba allí, y esa fue la razón por la cual la Madre salió a nuestro encuentro.

La Madre nos  dio un caluroso saludo, especialmente a Conchita ya que eran amigas. Preguntó el motivo de nuestra visita y Conchita le manisfestó que iba a participar en una filmación sobre Garabandal. La Madre, con un profundo sentido de obediencia eclesiástica, como todos los santos, inmediatamente replicó, “¿Qué dijo el obispo (de Santander) al respecto? Conchita trató de explicárselo pero le resultó un poco complicado comunicar  la repuesta un tanto inespecífica del Obispo. La Madre Teresa asumió la postura de una persona muy directa, y de mucho sentido común que veía las cosas bien claras, blancas o negras.  Y ya que la respuesta del Obispo a Conchita fuera mas bien algo indirecta, aunque Conchita sabía que le había dado su permiso, la Madre no se convenció. “Has esperado tanto tiempo, a lo mejor deberías esperar un poquito más”. La Madre Superiora que estaba justo tras ella, apoyó la idea diciendo “¡Sí, cancela la filmación, cancélala!”

Parado allí, tuve la sensación terrible de que todo el hermoso proyecto estaba  a punto de esfumarse  en el aire, y dije mas bien a la defensiva “Sí, pero hermana  -en mi confusión llamé a la Madre Teresa ‘hermana’ – él realmente no es su Obispo”, lo cual técnicamente podría haber tenido alguna validez ya que Conchita vivía en la diócesis de Brooklyn, pero la Madre, quien tenía una aguda inteligencia, me devolvió el golpe diciendo “Ocurrió allí”, queriendo significar que las apariciones tomaron lugar en la
diócesis de Santander. Caso cerrado, no estaba dispuesto a discutir con una santa. Bill Nicholson que estaba afuera en el vestíbulo no tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando solo a unos metros de distancia en esa pequeña pieza.

Hubo un perceptible momento de silencio y luego la Madre Teresa le dijo a Conchita. “Debes preguntar de nuevo al Obispo” Conchita replicó, “¿Qué le debería decir? La Madre contestó “Le preguntarás si puedes hacer esto por el honor y la gloria de Dios y no por ninguna otra razón”. (Conchita ya había desistido de la remuneración usual por aparecer en el filme). Conchita entonces le pidió a la Madre Teresa que escribiera las palabras por ella. A la Madre se le alcanzó un bolígrafo y un sobre blanco y llano en el cual ella escribió las palabras que Conchita debía dirigir al Obispo.

Nuestra visita terminó y la Madre Teresa nos invitó a la capilla para pasar unos momentos  frente al Santísimo Sacramento antes de partir. La Madre, ella misma,  se arrodilló no lejos de la puerta en el suelo – Las Misioneras de la Caridad no tienen reclinatorios en las capillas de sus conventos- con sus ojos fijos en el tabernáculo. Ella estaba todavía en la misma posición cuando nos retiramos de la capilla, y probablemente esa era la misma posición en que se encontraba cuando su coloquio con Nuestro Señor fue interrumpido por nuestra visita.

Dijimos adiós a las otras hermanas en la puerta y cuando caminábamos hacia el automóvil, di un suspiro de alivio al ver que todavía estaba allí.

Gladys regresó con nosotros a la casa de Conchita. Aunque ya era un poco entrada la tarde, lo cual significaba que en España era francamente entrada la noche, por las seis horas de diferencia. Conchita estaba decidida a llamar al obispo de inmediato.

Alguien contestó en la oficina de la diócesis, el obispo no se encontraba por vacaciones. Le dieron a Conchita un número donde él podía ser localizado. Ella iba a llamarlo a las 9:00 en  punto la mañana siguiente.

Así, aquí estabamos. La filmación iba a comenzar el día siguiente pero si el obispo dijera no, sería inmediatamente cancelada. Conchita simplemente no lo haría a menos que el obispo diera su consentimiento. Aunque Bill Nicholson sabía que el filme dependía en lo que el obispo dijese a Conchita, estaba decidido de todos modos a proceder con el plan programado. Si el rodaje ese día debía ser suspendido,  bien,  que así sea entonces. Aun siendo relativamente joven, cerca de los 33 años, ya había realizado más de 30 filmaciones, y conocía los riesgos inherentes al negocio. Nos reuniríamos con los del equipo de filmación la mañana siguiente a las 10:00 en punto frente a la casa de Conchita.

Nicholson quería estar presente antes de las diez para esperar al  personal, pero aunque llegamos temprano, ya los encontramos estacionados en frente de la casa de Conchita en dos autos, el camarógrafo, su asistente y el sonista en uno y el encargado de iluminación en otro.  Conchita nos saludó en la puerta y todos entramos.

Inmediatamente nos enteramos por Conchita que ella llamó al obispo, pero no consiguió hablar con él y tenía que llamar de vuelta a las 4:00 en punto de la tarde.  El programa se realizaría igual. ¿sería todo el esfuerzo para nada? Debíamos esperar y ver.

Cuando llegó la hora del almuerzo, el personal de la BBC fue a comer a un establecimiento cercano. Bill Nicholson y yo nos quedamos en lo de Conchita. Después del almuerzo, nos contó que tuvo un sueño la noche anterior. En dicho sueño, ella estaba caminando por una calle donde había un restaurante. Sentados junto a una ventana en el restaurante habían cuatro hombres. Ellos la llamaron y le dijeron, “somos los que haremos el filme para la BBC” . Conchita continuó contando que cuando se despertó esta mañana, fue al frente de la casa y mirando por la ventana, vio estacionados en la calle en dos autos,
a los cuatro hombres que hubo visto en su sueño.

Cuando llegó el momento de la entrevista con Conchita, Bill Nicholson obligó a todos a salir de la planta baja de la casa donde se realizaría la entrevista. Solo él y el staff de filmación quedarían allí para asegurar que no hubiera distracciones. En este entonces, Pat Keena ya estaba en casa después del trabajo, y el Dr. Domínguez y Gladys Domínguez también estaban
presentes. Todos fueron escaleras arriba, o a cualquier otro lado hasta que el filme terminara.

Cerca de las 3:30 finalizó la entrevista, Nicholson estaba muy contento por la manera  en que discurrió. Conchita estaba un poquito nerviosa al comienzo pero una vez que hubo tomado confianza, el resultado fue el retrato de una cándida y notable mujer española cuya vida hubo sido completamente cambiada de rumbo por los eventos que la envolvieron a ella y a sus tres compañeras.

Ahora, estabamos todos reunidos en el primer piso de la casa, Conchita,  Par, Dr. Domínguez y Gladys, Bill Nicholson, el personal entero y Yo. Rápidamente llegó las 4:00 en punto, el momento de la verdad. ¿Habría un película o sería todo el esfuerzo de hoy desechado? Estabamos por averiguarlo.

Conchita levantó el teléfono y discó el número donde el obispo del Val podía ser localizado. Tenía en sus manos el mensaje que le dio la Madre Teresa para el Obispo. Gladys estaba parada cerca de ella y lista para adelantar las buenas o malas noticias. La comunicación se estableció  y Conchita ya estaba hablando con el obispo. “La Madre Teresa me pidió que le preguntara a Ud. si podía realizar este documental...” A medida que Conchita continuaba hablando con el obispo, Gladys pudo entrever en la conversación cual había sido la respuesta. Una gran sonrisa iluminó su rostro y supimos que todo valió la pena. Nos contuvimos hasta que Conchita colgara el teléfono, y un grito de júbilo estalló en el aire levantando las manos en señal de triunfo. Todo el mundo estaba feliz, especialmente Bill Nicholson.

El obispo del Val tenía el más alto respeto por la Madre Teresa, y después de que Conchita terminarse de leer el mensaje, el respondió, “Desde luego, puedes hacer el filme por esa razón” También pidió a Conchita que le enviara el mensaje escrito por la Madre, para que pudiera guardarlo como un sourvenir, Conchita así lo hizo.

Así que ahí lo tienen, la historia de unos momentos llenos de ansiedad y un desenlace feliz. Pueden ustedes pensar que si nunca hubiéramos pasado por el convento de las Misioneras de la Caridad, nos habríamos ahorrado toda esta angustia. Pero hay más, antes de que la Madre Teresa abandonara el área de Nueva York para retornar a la India o a su próximo destino, llamó a Conchita por teléfono y le comentó que ella  hubo estado orando por las intenciones del filme. Eso solo,  por sí mismo,  hizo que todo esto valiera la pena.

En diciembre de 1980, la BBC emitió al aire el film a través de sus series Everyman. Constituyó un éxito enorme que sobrepasó todas las expectativas, reuniendo una considerable audiencia de 3,5 millones de espectadores a lo largo del Reino Unido e Irlanda, lo cual pudo ser considerado bastante bueno para un espacio televisivo de las 10:30 p.m.  Inmediatamente después de la transmisión la BBC fue acosada por llamadas telefónicas requiriendo más información. Algunos ya familiarizados previamente con filmaciones de Nicholson pensaban que este era su mejor logro. El mismo especificó que sintió algo muy especial realizándolo.  Subsecuentemente, fue mostrado dos veces más en el Reino Unido, y una tercera vez en Irlanda, y ganó un premio a la mejor programación reliogiosa hecha por la BBC.

Este hecho marcó la primera vez que los eventos de Garabandal fueron expuestos a una audiencia  en masa a través de un importante medio de información, y sirvió como un hito importante en la difusión de los mensajes de Garabandal en el mundo de habla inglesa.

*    *    *

Siendo una hija obediente de la Iglesia, la Madre Teresa nunca proclamaría  públicamente su creencia en Garabandal antes de que la Iglesia diera su decisión final. En privado, sin embargo, ella estaba convencida. Además de ser amiga de Conchita, la Madre también conoció a Mari Loli en Nueva York, y mientras se estaba recuperando de una enfermedad en el sur de California , pidió que Jacinta, otra de las visionarias, viniera a visitarla.

La creencia de la Madre Teresa en Garabandal, por supuesto no cambia su status ante el juicio de la Iglesia, sin embargo, cuando los santos como la Madre y el Padre Pío creen, es bastante significativo. De hecho hay otras cuatro personas cuyas Causas de Beatificación han sido presentadas a Roma, y quienes también dieron testimonio a favor de Garabandal: Madre Esperanza de Jesús (1903- 1983), fundadora de los Apóstoles de la Divina Misericordia, cuya Causa fue presentada en 1988;
Marthe Robin (+ 1981), fundadora de los Foyeres de Charité y estigmatizada cuya Causa fue presentada en 1991; Padre Manuel García Nieto (+1974) cuya Causa fue presentada en 1990; Madre Marevillas de Jesús (+1974) cuya causa fue presentada en 1980 y quien ha sido ya declarada como “venerable”. Otro estigmatizado quien dio quizás el más extraordinario testimonio sobre Garabandal fue Sinforoso Chopin (1924-1983) cuya Causa está programada para ser presentada en la Diócesis de Versalles, Francia, en 1998.

Al final, sin embargo, Garabandal sobresaldrá por mérito propio, con el sello otorgado por el cumplimiento de los eventos predichos, que todos estamos esperando. Mientras tanto demos todos gracias a Dios por darnos la notable vida y presencia de la Madre Teresa en nuestros tiempos, y pueda su espíritu de amar y servir a Cristo en los más pobres de los pobres, continuar animando a todos los Misioneros de la Caridad y a sus Laicos Comprometidos por todo el mundo.

REIMPRESO DE LA REVISTA GARABANDAL DE SU EDICIÓN ENERO – FEBRERO DE 1998.
Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.


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