Cinco años de dolores terminan en Garabandal.

 La Sra. Langlois de Versailles cura al poner unas flores a la Virgen.

 

Pequeña imagen de la Virgen del Carmen de Garabandal que se venera en los pinos.

 

Cinco años de dolores terminan en Garabandal.

La Sra. Langlois de Versailles cura al poner unas flores a la Virgen.

Entre los muchos recuerdos de María José Álvarez, maestra nacional de Colunga, Asturias, está el de la familia Langlois que conoció en Garabandal unos diez años después de las Apariciones. María José estaba presente cuando esta señora curó.

La Sra. Langlois, natural de Versailles, en la región de París, tuvo un gravísimo accidente de automóvil, que la ocasionó lesiones muy severas en el cráneo, columna y costillas. Si bien de algunas lesiones curó parcialmente, sus dolencias iban a más, sin poder encontrar remedio para ello ya que la medicina no pudo curarle las lesiones del cerebro y la columna que con frecuencia le hacían vomitar la comida y los dolores se hacían insoportables.

En estas circunstancias subió a Garabandal y con mucha dificultad empezó a subir a los Pinos, poco a poco y con mucho esfuerzo. Cuando llegó a la séptima estación, ya cerca del altozano de los pinos, vio unas florecillas silvestres que ella recogió para ponérselas a la Santísima Virgen en los Pinos.

Al inclinarse a recoger estas flores, le desapareció el dolor, sin ella darse cuenta todavía de lo que le estaba pasando. Subió por fin a los Pinos y le puso las flores a la Virgen.

Notó que bajó sin esfuerzo pero no se dio cuenta que estaba curada hasta la hora de la cena. Había un alimento que le hacía especialmente daño, era la coliflor. Normalmente, poco después de tomarlo, lo vomitaba. Como para más prueba y, sin saberlo la dueña de la posada, esa noche puso coliflor en la cena para sus huéspedes. Fue en este momento que la señora Langlois se dio perfecta cuenta de que ya podía comer toda clase de alimentos sin que le diesen las acostumbradas náuseas y además todos los otros dolores habían desaparecido.

Agradecida de todo esto a la Santísima Virgen y delante de su hijo Daniel contó toda la historia a María José Álvarez que se hospedaba en la misma posada, y que fue testigo de su completo cambio en su estado de salud y por medio de ella fue dado a conocer a los grupos de peregrinos que con mucha fe subían regularmente a Garabandal desde la zona central de Asturias.

En este caso, la delicadeza de la Bendita Madre esperaba a la Sra. Langlois en los Pinos. Por su anhelo de recoger con mucho esfuerzo unas flores silvestres de la ladera de los Pinos para ofrecérselas a la Santísima Virgen, Dios obró este grandísimo Milagro. Cinco años de dolores y padecimientos terminaron en Garabandal, en el lugar de los Pinos, a los pies del Pino de la Virgen.