La historia de Ken

Ken no se podía creer que curaría completamente de su cáncer.

Dice Michael:

Después que Helen y yo volvimos de Garabandal, tras mi curación inesperada allí en 1994, dí a besar a otros la medalla de Garabandal. Desde entonces han sucedido cosas maravillosas a mucha gente.

Joey Lomangino, después de rezar por mí con su medalla, me dijo:

-- Recuerda, todo lo que yo puedo hacer es rezar por usted, lo demás está en manos de Dios. Fué así que Dios me curó por mediación de Joey cuando puso la medalla besada por la Bendita Madre en mi columna. Todo lo que yo hago es dar a besar la medalla y Orar. Siempre digo a todos:

-- Dad gracias a Dios, no a mí.

Porque es Él quien hace todo.

Helen y yo fuimos invitados a una casa particular a dar una charla sobre Garabandal. Aceptamos gustosos la invitación. Rezamos el Rosario y después mostramos el video documental sobre Garabandal.

Hablamos acerca de mi curación milagrosa y entonces di a besar mi medalla, que es grande como la de Joey.

Un hombre muy enfermo se acercó y me pidió que rezase por él. Tuve miedo de esto porque yo no había hecho esto antes. Recordé las palabras de Joey:

-- Recuerda, usted acaba de ser tocado con la medalla. Dios hace lo demás.

¿Cómo podría negarme a dar a besar la medalla?.

El nombre de este señor es Ken. El me dijo que pusiese la medalla en un lado de su cabeza. Tenía un tumor maligno en la cabeza, estaba muy enfermo y era tratado en un hospital de Toronto. Iba a recibir un tratamiento de radioterapia que debía empezar pronto. Fue por esto que sus amigos organizaron esta reunión y nos invitaron.

Loli da a besar a la Virgen rosarios y medallas.  La Santísima Virgen dijo: "Por medio de los Besos que he dado, mi Hijo hará prodigios".

 

Coloqué la medalla de Garabandal en el lado derecho de su cabeza y mi mano derecha en el lado izquierdo. La medalla se volvió caliente y este calor atravesaba la cabeza de Ken de lado a lado.  Rezé el Padre Nuestro y el Avemaría. Rezé con fe y total confianza. Cuando terminé de rezar, Ken se sentía bien y dijo:

-- ¡Gracias!.

En nuestra casa, Helen y yo rezamos por Ken, dando gracias Dios y a Madre María. Estábamos seguros que Ken había recibido una gracia muy especial.

Pasaron unos meses cuando llamó Ken por teléfono. El me dijo que después de aquel día era capaz de comer mejor y que el cancer secundario que tenía en la garganta había desaparecido.

Cuando Ken volvió al hospital para su tratamiento de radioterapia, los médicos le hiceron unas radiografías. Quedaron impresionados porque allí ya no había tumor cerebral, no era necesario el tratamiento de radioterapia. ¡El cancer había desaparecido totalmente y sólo quedó un pequeño hueco donde estaba el cancer!.

Pero Ken todavía no creía que estaba totalmente curado y creyó que lo despedían porque ya no había remedio para él. Creyó incluso que todos le mentían para que no tuviese miedo de morir.

Así pasó varias semanas, muy deprimido, hasta que fue a un psiquiatra que le convenció de que los médicos le habían dicho la verdad y que él estaba realmente sano.

Ken volvió a trabajar y empezó una nueva vida otra vez. Fue por esto que tardó un tiempo en llamarnos para decirnos lo que le pasó. Fue una gracia maravillosa de Dios por medio del Beso de nuestra Bendita Madre María.