H. David García.

Curado por  la Santísima Virgen de una leucemia,
difundió las Apariciones en Argentina y países vecinos.


<>H. David: creo firmemente que la Virgen se apareció
en Garabandal para bien de la humanidad.

El Hermano Corazonista David García es natural de Burgos; marchó a América del Sur, a Argentina, y enseñó en el Colegio Benito Nazar de Buenos Aires. Su Apostolado de difusión de los mensajes empezó después de su curación milagrosa de una leucemia.

En Marzo de 1970, a su paso por España, habló de su enfermedad, de cómo fue su curación y de su trabajo por la difusión de los Mensajes.

Dijo el H. David en una conferencia:

A mí lo único que me pasaba es que me sentía débil, que no me aprovechaba lo que comía, que tenía mucho dolor de cabeza y nunca había pensado en hacerme ningún examen; pero uno de mis hermanos me decía que convenía me hiciese un examen de sangre.

Lo cierto es que fui a llevar a uno de mis alumnos al médico y me acordé de lo que me había dicho mi hermano y para que no me lo dijera más, me hice el examen; cual no seria mi sorpresa, que cuando salí del médico, que había avisado a mi Superior, me dijo que tenía que hacerme otro reconocimiento.

Sencillamente me sometí a lo que mi superior me pedía y me acompañó a Buenos Aires, pues estábamos a bastante distancia. Allí me realizaron los exámenes de sangre. Nuevas consultas. Me dieron toda clase de remedios y nada, la enfermedad seguía su curso y a mí nadie me decía nada; pero un buen día uno de mis hermanos religiosos me dijo:

-- La verdad, le tengo que decir una cosa, no quiero que el día de mañana Ud. me pueda echar en cara que yo le he tenido ocultas estas cosas. Yo sé que lo va a llevar Ud. a bien y que la impresión no será de lo peor. Sepa que los médicos han dicho que tiene Ud. leucemia y que, para mucho, tiene 2 o 3 meses de vida.

No le dije nada. Mi impresión me la guardé; pensé qué es lo que podría hacer en un plazo tan breve y entonces fue cuando se me ocurrió dirigirme a la Virgen de Garabandal; no a otra, ni a la de Lourdes, ni a la de Fátima.

Sabemos que es la Virgen, que es la misma, que esta vez se ha aparecido en Garabandal y a ésta me dirigí, porque yo había leído hacía poco el libro de Sánchez Ventura "Las Apariciones no son un mito", donde está el último mensaje de esa Virgen, que dice "que no se ha cumplido su primer mensaje, que no se ha atendido y que por lo tanto Ella está muy triste".

Entonces sin más ni más le dije a la Santísima Virgen:

-- La vida que Dios Nuestro Señor me ha dado, los médicos dicen que se me acaba. Ellos tendrán razón. Si es así, yo me ofrezco para dar a conocer esos tus mensajes, primero practicarlos yo y luego darlos a conocer; pero claro, con tal que Tú me alargues la vida; lo que se prolongue mi vida, será tuyo y trataré de extenderlos donde quiera que vaya.

A los pocos días yo tenía que volver al médico para un nuevo análisis y entonces fue cuando se notó el cambio radical que se había obrado en mi cuerpo. Yo se lo pregunté al médico a ver qué pensaba, cómo iban las cosas y el médico me dijo:

-- Ud. no se preocupe de los números, eso es cosa nuestra, Ud. siga el régimen, siga con las pastillas, que todo va muy bien.

La verdad, yo no quedé satisfecho con esa respuesta, pero no podía hacer otra cosa. Se lo dije a mi superior y éste fue al día siguiente a hacer la misma pregunta al médico; con él fue más explícito; a él le dijo:

-- La verdad es que las cosas ya están normales pero no hay que darle importancia. Mejor que a él no le digan nada, esto son cosas de la enfermedad.

Corno ellos naturalmente no se explicaban a que podía haberse debido ese cambio, entonces se contentaron con decir que eran cosas de la enfermedad, que había que esperar, porque esas enfermedades son así, unas veces suben, otras veces bajan y en el momento menos pensado viene la noticia final.

Bueno, pues nos pusimos a esperar y esto era en agosto de 1967 y si tengo que decir la verdad, todavía hoy, 20 de marzo de 1970, estamos esperando; son dos años y medio y la verdad es que me siento perfectamente. Desde entonces acá, he seguido haciéndome los análisis y el médico siempre me ha encontrado normal.

Todavía, para colmo, el año pasado que tuve la oportunidad de estar en Roma a causa del Capítulo General de la Congregación, un buen día aproveché un momento libre para hacerme un nuevo análisis, sin decir a nadie nada.

Al volver me encontré con mi Superior, el Hermano provincial, y entonces le dije:

-- He hecho esto, ¿qué le parece?.

 Y al día siguiente supe que, antes que a mí me diesen el resultado, él se había adelantado por si acaso y me dio la noticia.

Los médicos de Roma dicen que no hay nada, que todo está normal y no solamente eso, sino que se atrevió a decirles que en Buenos Aires los médicos habían dicho que tenía leucemia. Entonces los de Roma se contentaron con decir:

-- No sabemos lo que habrá pasado en Buenos Aires, pero lo que sí sabemos es que en estos momentos no le queda ningún rastro.

Para mí fue, como quien dice, la comprobación oficial, el certificado oficial definitivo de la medicina de que la Virgen me había escuchado y entonces fue donde comenzó mi compromiso que trato de cumplir humilde y sencillamente siempre que puedo.

He estado en España el año pasado y ahora otra vez. He tratado de hablar de este caso y siempre he encontrado contradicción. En Buenos Aires también; pero ante los documentos oficiales y las declaraciones que han hecho miembros del Santo Oficio, nuestra conciencia queda bien tranquila.

Personalmente, he estado hablando con el cardenal Ottaviani, que fue Prefecto del Santo Oficio y a él fue a quien le expuse mis cuitas; él fue quien me dijo:

-- Es cierto que el Santo Oficio está estudiando el caso de Garabandal.

Entonces me atreví a preguntarle cuál era su opinión personal y se me sonríe un poquito y me dijo:

-- Perdóneme, pero los miembros del Santo Oficio, cuando hay un asunto que se está estudiando, tenemos la obligación grave de no decir nada ni en favor ni en contra.

Y entonces fue cuando yo me vi cortado y le dije:

-- Bueno, eso quiere decir que no puedo cumplir mi promesa con la Santísima Virgen. Tendré que esperar hasta que el Santo Oficio dé su palabra final.

Enseguida él saltó y me dijo:

-- De ninguna manera, Ud. puede hablar de esas cosas, naturalmente, que siempre a juicio personal, con su responsabilidad personal. Ud. no puede poner de por medio a la Iglesia; pero hablar, exponer el favor que la Santísima Virgen le ha hecho, exponer los hechos maravillosos que Ud. conoce y que se han realizado allí o con referencia a cosas que han tenido contacto con Garabandal, nadie se lo puede negar, nadie se lo puede prohibir.

En ese momento yo respiré y desde entonces estoy tranquilo y parece que cada día que pasa, me siento como obligado a hablar con alguien; a veces es con el portero, con el barrendero, con un sacerdote, con un Obispo, con cualquiera que encuentro y después me quedo tranquilo.

He estado tres veces en Garabandal y ni que decir tiene, que una, dos y las tres veces fui sencillamente para dar las gracias a la Santísima Virgen por esta nueva oportunidad que me brinda de continuar mis esfuerzos en esta vida para preparar aquella otra que sabemos que no tardará.

Dentro de pocos días iré de nuevo a Garabandal, ya que tengo que volver a Buenos Aires, para tomar algunos recuerdos, para ver otra vez el pueblo donde yo creo firme y humildemente la Virgen se apareció para bien de la humanidad.

Creo que lo más importante que se puede contar, es el hecho de que la Virgen nos ha pedido que hagamos sacrificios, que visitemos al Santísimo Sacramento, rezar el Santo Rosario.

Como buena Madre, nos ha pedido estas tres cosas, para que entre todos la ayudemos, colaboremos con ella para postergar el gran castigo que dice que está amenazando a la humanidad. ¿Podremos dárselo?.

Personalmente se lo estoy dando. Estoy animando a todos aquellos que me quieren escuchar a hacer otro tanto y habrá que decir como Nuestro Señor en el Evangelio: "El que tenga oídos para oír, que oiga, el que quiera creer que crea". La Virgen lo único que pide es buena voluntad. Ella no necesita documentos, Ella lo único que pide, es la buena voluntad de los hombres. Dios quiera que se la demos.

Todos los días 18 de cada mes, hacemos actos especiales. El principal es una Hora Santa Penitencial. Los hacemos en Buenos Aires. El día 18 estuve presente en Barcelona y pude ver encantado con qué devoción lo hacían en el Tibidabo, donde seguramente había más de 300 personas. Lo he hecho últimamente en Roma y lo estoy pidiendo por todas partes.

Ahora voy a varios países de América, entre ellos Perú, donde sé que hay muy buenas gentes y se han molestado en prepararme toda una serie de conferencias de acuerdo con varios Señores Obispos, con varios Sacerdotes. En fin, no he estado nunca, pero me han dado la impresión de que aquello está muy bien organizado, que tienen muy buena voluntad y que seguramente seguirá adelante.

El Papa ha hablado cuatro veces favorablemente de Garabandal, en distintas oportunidades que sería largo de extendernos; pero algunas de las cosas que ha dicho, todos las deben saber.

En una oportunidad el Papa dijo:

"Conchita, yo te bendigo y conmigo te bendice toda la Iglesia".

En otra ocasión el Papa dijo:

"Esto es lo más maravilloso que ha habido en la humanidad después del nacimiento de Nuestro Señor. Es como la segunda vida de la Santísima Virgen en la tierra".

Porque la Virgen estuvo prácticamente viviendo en Garabandal desde 1961 a 1965. Se aparecía varias veces por día y a veces durante horas.

Ahora me dirán, el Papa no lleva estas cosas, quien las lleva es el Santo Oficio, que es el Tribunal Jurídico Eclesiástico que juzga de estas cosas.

Y ¿qué ha pasado con el Santo Oficio?. Les he hablado del Cardenal Ottaviani y me dijo que el Santo Oficio había intervenido en este caso y que podía difundir y dar a conocer las Apariciones. Y todos los demás lo único que tienen que hacer es obedecer y esperar. El es el que manda cuando se trata de Apariciones que tienen dos características importantes:

La primera, su trascendencia universal, en las apariciones se habla para la humanidad. Y la segunda, se habla de acontecimientos futuros, por esto el Santo Oficio tuvo interés en intervenir.