La increíble historia del P. Garrett Barton.

He visto por mí mismo que todo lo que se pide por medio del Beso de la Santísima Virgen en Garabandal, Jesús su Hijo lo hace.

 

Podría escribir un libro relatando las gracias recibidas por medio de la medalla besada. Nunca haré bastante dando a conocer las Apariciones.

 

El Padre Garrett Barton cuenta cómo curó milagrosamente.

Estaba dando una conferencia cuando sentí una especie de calambre, pero lo cierto es que al poco tiempo casi no podía respirar y me llevaron a urgencias al hospital. Durante veinte días de pruebas no sabía qué pensar, creí que había sido una indigestión.

Finalmente vino a verme el Dr. Miller y me dijo:

-- Se trata del corazón. Está tan mal que los doctores pensamos que toda su vida ha estado enfermo del corazón. Debo decírselo: le podemos dar algunos medicamentos pero en menos de veinte días morirá.

En efecto, todas las analíticas daban que no se podría operar y que no había solución posible, médicamente hablando. Me sentí muy deprimido. En esto que llega Joey Lomangino con su medalla besada por la Bendita Madre en Garabandal. Le dije:

-- ¿Cómo sabías que estaba enfermo?

me dijo:

-- hay muchos modos de saberlo.

Pero no me dijo cómo lo supo. Joey rezó por mí aplicando su medalla durante una hora o más. Sentía que mi corazón latía fuertemente y sudaba mucho. Después que Joey terminó de rezar por mí, me dijo.

-- Veamos. Dentro de seis días, el viernes, es la fiesta de San Francisco de Asís. Para entonces tendrá buenas noticias.

Pensé, bueno, al menos me quedan seis días de vida.

Joey volvió de regreso a Nueva York. Todo siguió normalmente en el hospital hasta que un día vino el doctor Miller y me dijo:

-- Padre, los cuatro doctores que le atienden son ateos. No tenemos religión, no creemos en Dios pero usted nos ha asustado. Fallaron algunos aparatos de análisis y ahora la analítica nos dice que Sí, que podemos operarle.

Se mandaron a reparar algunas de las máquinas. Ahora no sabemos qué hacer con Usted, su caso es diferente. No lo entendemos es como si las máquinas hubiesen cambiado de opinión, es increíble.

Entonces yo les pregunté:

-- ¿Qué día es hoy?

-- Es viernes.

En efecto, era el día de San Francisco de Asís, tal como Joey me lo había dicho: que tendría buenas noticias este día.

El doctor me dijo: si la  analítica es cierta, podremos operar, pero piense que morirá en la mesa de operaciones. La operación estaba programada para el lunes siguiente.

Asistieron a la operación catorce doctores y tres cirujanos expertos. Hicieron varios by-pass, reemplazaron el corazón y el pulmón por otros sustitutos. La operación duró doce horas seguidas. El Dr. Miller me dijo que yo estaba literalmente muerto porque ellos no pudieron seguir las normas de los libros, todo se había hecho de modo diferente y por esta razón mi caso salió en las revistas de medicina y nos hicimos famosos.

De lunes a miércoles hicieron cuanto pudieron pero seguía como un vegetal. En este día desperté y cuando pasó la enfermera le dije: "tengo hambre". No se lo creyó que estaba despierto y siguió camino. Otra enfermera vino y me miró y al oir: "tengo hambre", salió gritando.

Vino el Dr. Miller y me dijo que, cuando vino y me oyó hablar, pensó en Dios y me dijo:

-- Ha sido Él, no hay médico como Él.

Me lo dijo mirando a lo alto.

¡Pobre doctor, estaba confuso!, pero yo no, le dije:

-- Sabemos que Dios todo lo puede.

Estaba seguro que Dios había hecho este prodigio por la intercesión de la Bendita Madre de Garabandal y que Ella oyó a todos cuantos rezaron por mí.

Yo había conocido hace algún tiempo las Apariciones de Garabandal aunque al principio no les hice ningún caso. Después, tuve pruebas de que todo era cierto.

 

Cómo conocí Garabandal.

Estaba en St. Louis cuando me dieron el primer folleto sobre las Apariciones. Ni siquiera lo miré. Más tarde fui a una casa de ancianos con mi madre. Un Sacerdote Franciscano me llevó a su oficina, me puso unas diapositivas explicando las Apariciones y me dio un Rosario besado por nuestra Bendita Madre. ¡No, le dije, déselo a mi madre que a ella si que le gusta rezar el Rosario!. Nos dio a ambos un rosario para cada uno. El franciscano estaba esperando por mí y no me explico cómo es que me conocía.

Me dijo:

-- Toma este proyector y estas diapositivas y muéstrelas en Chicago a su gente. Hábleles de las Apariciones de Garabandal.

Esto era un sin sentido, no sabía ni siquiera el nombre de este sacerdote. ¿Por qué me daba este regalo?. Lo llevé conmigo pero no lo usé. Tal era mi rechazo al principio. De pronto leo en el periódico "Chicago Tribune" que Joey venía a dar una conferencia sobre Garabandal.

Fui a la conferencia y cuando Joey iba a dar a besar la medalla besada por la Santísima Virgen a todos los presentes, yo estaba a punto de irme, pero un amigo mío me dijo:

-- No haga eso. Usted es el único Sacerdote aquí, ¿qué va a decir la gente?.

Fui a venerar la medalla. Joey puso sus manos sobre mis hombros y me dijo:

-- Me alegro que haya venido, Padre Barton.

Le dije:

-- ¿Cómo es que me conoces si eres ciego y no puedes verme?

Me dijo:

-- Le reconocería en cualquier sitio que estuviera. Usted trabajará para la Bendita Madre y hará mucho bien trabajando para Ella.

Así fue en efecto, decidí dar a conocer las Apariciones de la Santísima Virgen en Garabandal y los frutos fueron maravillosos, podría escribir un libro sobre los favores recibidos al dar a venerar la medalla reliquia besada por la Bendita Madre.

Me sucedieron más cosas. Yo fui a Garabandal en el viaje anual que entonces Joey hacía. Estaba en una tienda pequeña dando caramelos a los niños, alguien desde la puerta me dijo:

-- ¿Hay uno para mí?.

 Se lo di y me contestó:

-- gracias Padre Barton.

Me quedé pensando, ¿cómo es que conoce mi nombre si ni yo, ni Joey lo hemos dicho a nadie.

Pero me contestó:

-- Le reconocería en cualquier sitio que vaya.

Resultó ser la misma respuesta que Joey me dio.

Volví a casa y fui por todos los sitios explicando las Apariciones de Garabandal. Un día recibí una llamada desde St. Louis diciéndome que mi madre había muerto. Cuando llegué al hospital el doctor me estaba esperando y me dijo.

-- ¿Es ésta su madre?, ella está muerta pero está viva.

No lo comprendía, pero una enfermera me llevó a un lado y me preguntó:

-- ¿Cual es la historia de ese Rosario que tiene su madre?

-- Es el Rosario besado por la Bendita Madre en Garabandal.

Resulta que cuando su madre murió y la estaban preparando, no soltaba el rosario y no había forma de quitárselo. Cuando logramos quitárselo, ella despertó, volvió en sí y dijo:

-- ¿Donde está mi Rosario?

Esta historia se repitió por tres veces y cuando quiso ingresar una cuarta vez en el hospital no la admitieron porque tenía ya a todos conmovidos y sabían que con su rosario no le pasaría nada.

Todas estas cosas: el franciscano en St. Louis que me conocía sin yo conocerle, lo que Joey me dijo de que me reconocería dondequiera que fuese. Las videntes que me llamaron por mi nombre, lo sucedido a mi madre y la historia de mi operación. Todo ello me conmovió mucho.

Ahora creo firmemente. He visto por mí mismo que todo lo que se pide, por medio del Beso de la Santísima Virgen en Garabandal, Jesús su Hijo lo hace, tal como Ella lo dijo. Podría escribir un libro relatando las gracias recibidas por medio de su medalla besada. Nunca haré bastante dando a conocer las Apariciones.