¡Esto sí que es verdad!.

Dijo un sacerdote, que no creía, pero recibió una prueba. Ay señora, ¡es tanta verdad!, esto sí que es verdad, que está aquí la Virgen.

 

Conchita y Loli, en éxtasis, dan primero a besar
el Crucifijo a la Virgen y después a la gente.

 

 

¡Esto sí que es verdad!.

El sacerdote venía vestido de paisano pero la niñas luego supieron que era un sacerdote. Lo cuenta Avelina:

Bajaba yo de la hierba de un prado que Tina tiene muy cerca de los pinos y me encontré con tres señores. Me dicen,

-- Buenos días señora.

-- Buenos días.

-- ¿Usted es de aquí?.

-- Si, de aquí soy.

-- ¿Qué?, ¿esto es cuento, no?.

Dijo un señor, ya muy mayor, el pelo blanco como el mío. Y dice:

-- Yo vengo por venir, que esto no debe ser cierto.

-- Bueno, ¿Usted no ha visto ningún éxtasis, verdad?.

-- Ah, no señora, que acabo de llegar.

-- Entonces ya me lo dirá después. Después que vea alguno ya me dirá si es cuento o realidad. Quisiera volver a verle a usted. Pues ¿cómo, siendo usted tan mayor, se le ocurrió venir a este pueblo si era cuento?.

-- Porque me dio gana de venir.

-- Pues algo lo llamó aquí, sino no venía.

A la tarde hubo Aparición y dejábamos todo abandonado, hierba y todo. Cuando había Apariciones no nos ocupábamos nada mas que de ir a ver las niñas.

Fueron las Apariciones en la Iglesia y llegamos a la Iglesia y yo me subí al coro para verlo mejor allí y más tranquila. Estaban las niñas dando la Cruz a besar y yo me estaba fijando en el señor, en el viejo ese.

Entonces le dan la Cruz a besar y veo que el señor si no se sienta se cae, de la emoción que sintió (al besar la cruz, en ese momento, sintió algo muy personal). Estaba sentado así, con las manos teniendo por la cabeza. Dije yo, algo le pasó a ese señor. Cuando todo terminó, bajo del coro y salgo detrás del señor y le doy en el hombro. Y le digo:

-- Y ahora ¿qué me dice?.

No era de hablarme de la emoción.

-- ¡Ay señora!, ¡ay señora!.

Que no era posible de poderme hablar. Estuvo así un rato sin poder decirme lo que le había pasado.

-- Ay señora, ¡es tanta verdad!, como usted me decía que tenía que verlo, esto sí que es verdad. Que sí, es cierto que está aquí la Virgen. A mi nunca me pasó una cosa como esta.

Sucedía así muchas veces, los que venían con sinceridad de saber la verdad, recibían una gracia grandísima y creían. Luego supimos que era un Sacerdote, se lo dijo la Virgen a Conchita.

 

Un dominico recibe una prueba.

Otra noche cayeron las cuatro niñas juntas, en éxtasis, junto a casa Serafina. Había un dominico. Ellas no sabían cómo se llamaba y ellas le llamaban "el blancu".

Llegamos allí y cayeron de rodillas las cuatro. Yo estaba de pié y había un chaval junto a mi que miró el reloj para saber que hora era para ver cuanto tiempo estaban en aquellas piedras de rodillas.

El Dominico, oyendo a las niñas, se dio cuenta de que el éxtasis era verdad y que decían la verdad sobre él. Las niñas repetían contestando a la Santísima Virgen.

Y decían las niñas a la Virgen: "Ah, que es un dominicu, ... nosotras le llamábamos el blancu ... ahora se reirá de nosotras ". Hablamos con la "u"aquí, "dominicu" en vez de dominico, y cuando se despidió la Virgen de ellas decían: "no te marches,... ¿cómo te marchas tan pronto...?".

Para las niñas, el tiempo no pasaba. La Virgen les dijo a las niñas que ya llevaban allí dos horas y ellas decían "... un minutín" ya que en éxtasis es como que no existe el tiempo.

Dijo el muchacho que había mirado el reloj: "exactas, dos horas", como la Virgen les dijo. "Dos horas ... ah, un minutín", la felicidad de estar con la Virgen les hacia sentir que no pasaba el tiempo.

 

Reciben una prueba más.

Íbamos mucho a rezar el Rosario con las niñas. Y un día íbamos con Conchita muy de mañana, bajábamos muy poca gente con ella. Iba en éxtasis y se dio un golpe fuerte con la cabeza. Si no hubiera ido en éxtasis se hubiera roto la cabeza. Nos entraron unos apuros, aquel golpe en aquella criaturina y ella sonriente.

Llegamos a la puerta de la Iglesia, ella se arrodilló y yo me arrodillé al par de ella. Rezó el "Yo pecador" y recibió la Comunión de manos del Angel. Luego entra en la Iglesia y se le pasó el éxtasis. La Virgen las llevaba mucho donde el Santísimo.

En otra ocasión, había mucha gente junto a casa de Aniceta y estaban esperando la Aparición de Conchita y llego yo. Sale Conchita veloz que no era que corría sino que parecía que volaba. Me llega un señor que me dice:

-- Señora, ¿es usted de aquí?

-- Sí, señor.

-- A esta niña, cuando se le pase el éxtasis estará agotada, cogerá una sudada.

-- Sudará el que va con ella, sí, ese sudará bastante. Seguramente que la camisa se le podrá torcer, si son de seguirla, que yo no podré. Andaré todo lo que pueda pero seguirla no puedo. Pero le aseguro que ella está mas fresca que yo ahora.

-- ¡Qué dice usted señora, no puede ser eso!.

-- Bueno, si no puede ser usted lo verá. Si su madre le deja mire a ver cuando vuelva a su casa.

La gente que la había podido seguir, mas bien jóvenes, estaban cansadísimos, sudados. Solía terminar el éxtasis donde había comenzado y, al volver a casa, el señor estaba emocionado al ver que seguía igual de fresca como si no hubiese salido de casa y me dice:

-- Ay señora, está más fresca que usted y yo.

Decía la gente : ¡Ay que corrida nos diste Conchita!. Decía la niña:

-- ¿correr?, si yo no me moví de aquí.

En éxtasis solo veían a la Aparición y lo que Ella les mostraba. Cada cosa que hacía la Santísima Virgen tenía un motivo especial. A veces no se conocía el motivo hasta días después, cuando se conocían las peticiones de los asistentes y los diálogos de las niñas con la Virgen.

Dice Avelina:

Conchita, estaba en la cocina y allí se había puesto en éxtasis y allí terminó.

Dice este señor, muy emocionado:

-- ¡Que no te moviste de aquí, con la corrida que nos diste!

Y talmente parecía que así fuera porque estaba fresca como si no se hubiese movido. Mucho mas que usted y yo y todos los que estábamos allí.

Unas niñinas como eran, nunca jamás les dio mal alguno durante los éxtasis. En aquella edad, si las dejasen tanto tiempo sin dormir, no podrían resistir, y sin embargo ya nevara, lloviese o lo que fuese, como si fuesen las dos de la mañana, si las llamaba la Virgen entonces iban.