La vocación de Conchita:  Un comentario

Por el Padre Stanley Smolenski
 
Un artículo muy importante apareció en la edición de 1989 de GARABANDAL sobre el
tema de la vocación de Conchita. En este artículo titulado, “Una hora decisiva para Conchita”, un
experto Francés sobre Garabandal, el Padre Alfredo Combe, describe su transición desde una
vocación para la vida religiosa al matrimonio. Esto estaba fundamentado en las conocidas locuciones de
Nuestro Señor a Conchita, por las cuales Jesús le informaba que era Su voluntad que ella permaneciera
en el mundo de afuera, y no se hiciera religiosa, porque ella “debía hablar al mundo sobre María.”

   El tema de la vocación religiosa de Conchita y luego el cambio por el matrimonio es muy importante porque revela muchas cosas. Se ha dicho que cuando Conchita hizo esa transición, muchos devotos iniciales de Garabandal llegaron a decepcionarse y perdieron interés. Eso, de por sí, denota muchos aspectos del concepto de vida espiritual de aquellas personas.

      Si la vocación de Conchita es hablar al mundo sobre María, ¿a través de qué medios pretendía la Divina Providencia que esto se hiciera? El primer pensamiento y quizás el más natural sería la vida conventual. Recordemos lo que ocurrió en las vidas de otros dos visionarios que tomaron los votos religiosos, Bernadette de Lourdes y Lucía de Fátima.

       Cuando Bernadette entró al convento de las Hermanas de Nevers, la comunidad religiosa se reunió y le permitió a Bernadette relatar los eventos de las apariciones solo una vez.  De ahí en más ella debía permanecer en silencio sobre el asunto, a no ser en interrogatorios oficiales de la iglesia. Ella fue destinada a vivir en silencio absoluto y en el oscurantismo social.

      Lucía de Fátima, cuando adolescente, fue de incógnito a una escuela privada como interna. Ella, también, eventualmente se unió a una orden religiosa. Según un informe publicado en una revista sobre Fátima, ya que el mensaje no era lo suficientemente divulgado, Lucía consideró abandonar el convento para establecer un apostolado en la difusión del mensaje de Fátima.   Cuando ella se enteró que tal organización ya se había establecido, se transfirió a una orden más contemplativa, aquella de los
Carmelitas. Sus contactos externos se dice, son solo sus familiares y ciertos oficiales eclesiásticos.

   Así podemos observar de la vida de Bernadette y Lucía, que la vocación religiosa no es necesariamente el vehículo apropiado para ciertas y especializadas misiones.  La misión de Conchita, parece, necesitaba cierta libertad, la cual quizás el voto de obediencia podría impedir, especialmente la apreciación de los superiores en jerarquía  podría no ser positiva con respecto a la gracia maravillosa de haber visto a la Virgen.

      Nuestro Señor indicó, así lo relata Conchita, que su vocación estaba en el mundo –pero no perteneciendo a el, con seguridad. Algunas personas con un concepto romántico de la vida espiritual encontrarían algo así difícil de aceptar, debido a la falta de consideración  de la Cruz.  Muchas de tales personas se vuelcan a la religión para alejarse de la cruz, antes que para aprender a cargarla al hombro en imitación de Cristo, quién salvó al mundo aceptando el sufrimiento en Su vida. Vino a los Suyos, y los Suyos no lo recibieron (Jn 1:11), porque El era demasiado humano, demasiado ordinario.  Tales personas, parecen conocer solo al Dios de los milagros espectaculares, pero no lo conocen como Señor de Su propia creación.

    Conchita, al parecer, no fue llamada a la Arena de la vida religiosa, sino al campo de batalla de la vida secular, donde la mayoría de la gente está obligada a  vivir y expresar su fe Cristiana.  Ella está para hablar de María en muchos aspectos, incluyendo aquel de la vida familiar.  En imitación de María, Conchita debe vivir las virtudes de esposa y madre.  Muchos devotos Marianos parecen retratar a Nuestra Señora, como si ella tuviera sus pies siempre sobre una nube y nunca tocara el suelo. María, también, trabajó por la salvación en el mundo del hogar, la labor y la política.  No era una monja enclaustrada, como Esenia en el desierto, sino un miembro integral de la Sagrada Familia, viviendo y contribuyendo con todo lo que aquello significaba, durante 30 años de horas y días. La Escritura nos da solamente un episodio de algo fuera de lo común durante todo ese tiempo: el niño Jesús perdido y hallado en el templo a la edad de 12 años.  Aún así, María estaba cumpliendo la voluntad de Dios cada día ordinariamente, con José, su esposo virginal, y Jesús Su divino Hijo, como más tarde lo hubieron
testificado sus vecinos de Nazareth. (Mt 13:55 ff)

   Así Conchita – de hecho todos los otros videntes de Garabandal – están para hablar de María en virtud de sus vocaciones como esposas y madres en la escena doméstica. ¿No es el hogar acaso llamado “la iglesia doméstica”? ¿ No es la fe acaso y  consecuentemente la santidad forjada, alcanzada y cuidada allí, en el hogar?  Ese es el significado del sacramento del matrimonio – olvidado, quizás, por aquellos con un concepto de la santidad puramente romántico e irrealista.

    Conchita en 1974 con su marido, Patrick, y su primogénita, la pequeña Conhita. Para ella y las otras visionarias, la vocación de casadas proveería amplias oportunidades para la santificación. Y como ejemplos, no tienen solamente a la Santísima Virgen, sino también grandes santos como Monica, madre de San Agustín, y Bridget de Suecia quien tuvo ocho hijos.

    ¿No debería su vocación ser un aliento para todas las parejas casadas – Muchas de las cuales, erróneamente se han sentido como ciudadanos de segunda clase dentro de la Iglesia por no haber sido llamados a un estado virginal o a aquel de los concilios evangélicos dentro de los claustros?

    Conchita lleva a María a los Casados – para afirmarlos llevando juntos la Fe en la Cruz en un mundo sin Fe – para redimirlos y santificarlos en unión con Cristo.  El sacramento del matrimonio debe hacer de los esposos y esposas luces de este mundo, para salvarlo y no para juzgarlo. (Jn 12:46).

     ¡Cuán grande es Dios en todas Sus obras maravillosas! Sea El alabado por siempre! Y, Bravo, Conchita, Bravo!


Traducido por el Dr. Walter dos Santos - Paraguay